El concejal de Educación del Ayuntamiento de Benalmádena, Pablo Centella, ha presentado hoy la XXVII edición del Concurso de Máscaras y Antifaces de Carnaval. “La democracia no sólo trajo un nuevo sistema político a nuestro país: también recuperó tradiciones de la cultura popular como el Carnaval, que estuvo prohibido durante muchos años por la dictadura de Franco”, ha recordado.
La Delegación municipal de Educación quiere que el Carnaval se viva en los centros escolares, y por ello organiza todos los años este concurso, en el que podrá participar todo el alumnado que presente sus trabajos antes del 10 de febrero.
Posteriormente, la Casa de la Cultura acogerá una exposición de estas máscaras y antifaces. Además, cada centro también acogerá una pequeña actuación de una agrupación de Carnaval, contribuyendo así a que el Carnaval se viva también en las aulas.
Origen del Carnaval
Aunque hay personas que sienten una verdadera aberración y miedo descontrolado a disfrazase o ver a otros con un disfraz (no hemos logrado encontrar el nombre concreto a esta fobia, aunque probablemente lo hay), el Carnaval es una de esas fiestas de las que por lo general, disfrutamos todos indiferentemente de la edad que tengamos.
Son días de diversión en los que los disfraces toman el protagonismo en las calles llenas de alegría, color y fantasía. Existen distintas teorías sobre su procedencia pero la única realidad es que la costumbre o afición al disfraz viene de muy antiguo y en lo que todos coinciden es en que es época de permisibilidad y excesos de distinta índole, donde precisamente ese elemento característico de la máscara o disfraz se une indisolublemente a la fiesta, precisamente por esa necesidad de guardar el anonimato para participar libremente, sin ser señalado, de unos días de grandes excesos.
Los historiadores apuntan que los carnavales pudieran tener su origen en las bacanales, fiestas en honor del dios Baco; las saturnales en honor del dios Saturno y las lupercales, que se celebraban en honor del dios Pan, celebraciones en la antigua Grecia y en la Roma clásica, o en las que se realizaban en honor del toro Apis en Egipto. De hecho, según algunos historiadores, los orígenes de esta festividad se remontarían a la Sumeria y el Egipto antiguo, hace más de 5000 años, con celebraciones muy parecidas en la época del Imperio romano, desde donde se habría expandido la costumbre por Europa, siendo llevada a América por los navegantes españoles y portugueses a partir de fines del siglo XV.
En nuestro país es una antigua celebración festiva documentada desde la Edad Media y con una rica personalidad propia a partir del Renacimiento, que ha quedado recogida en la literatura española y otras artes localizadas en los diferentes municipios a lo largo y ancho de España.
Sobre la proveniencia de su denominación, a comienzos de la Edad Media la Iglesia católica propuso una etimología de carnaval: del latín vulgar carnem-levare, que significa ‘abandonar la carne’ (lo cual justamente era en la época la prescripción obligatoria para todo el pueblo durante todos los viernes de la Cuaresma).
Posteriormente surgió otra etimología que es la que actualmente se maneja en el ámbito popular: la palabra latina carne-vale, que significa ‘adiós a la carne’.
Sin embargo, fue el historiador y erudito del siglo XIX Jacob Burckhardt quien propuso la idea de que el vocablo «carnaval» deriva de la expresión carrus navalis, usada para designar una procesión de máscaras que culminaba con la botadura de una nave de madera decorada con ofrendas florales en honor a la diosa Isis. Se realizaba, todos los años a primeros de marzo como símbolo y apertura de la temporada de navegación. Esta celebración romana, quizás procedente de Egipto, formaba parte de las festividades de la Navigium Isidis (Nave de Isis) y habría quedado como resto de la Antigüedad en el carnaval moderno a pesar de las persecuciones cristianas sobre los paganos del siglo IV.
Hoy en día se trata de un colorido espectáculo en el que la gente se echa a la calle para mostrar sus mejores disfraces. Y es que, el disfraz invierte el orden de las reglas establecidas, satiriza a la sociedad, a la autoridad y cómo no, da rienda suelta a la fantasía y a la libertad.
En principio, el disfraz representaba el alma de los malos espíritus. Las máscaras del Carnaval en este sentido, originalmente, tienen un carácter religioso-espiritual. No obstante, por ejemplo, en Alemania aparecieron las máscaras en Carnaval más que para ocultarse, para representar piezas burlescas y pretenciosas, mofándose a través de la máscara del orden establecido, tanto civil como religioso.
En España, fue durante el reinado de Carlos III cuando los bailes de máscaras tomaron relevancia. Fernando VII no los permitió por las calles, y la reina María Cristina los volvió a autorizar durante su regencia.
Por el anonimato y el misterioso aire que rodea al enmascarado, miles de personas buscan todos los años esta transformación como válvula de escape. Es una forma de dar la vuelta a la realidad de quienes las llevan, creando un espejismo social temporal y a la par dando rienda suelta a la imaginación, creatividad y fantasía de cada uno.
