Ole Benalmádena

El PP y la democracia

CARTA A LA DIRECTORA

El Partido Popular demuestra tener un auténtico interés en el sistema democrático de nuestro país, al que aspira a gobernar. Lo quiere limpio, sin separatistas y sin inmigrantes, lleno de españoles, muy españoles, custodiados por una guardia civil eficaz, protegidos por un sistema judicial guardián de las esencias patrias, y bendecido por la Santa Iglesia Católica que garantice su bienestar espiritual y su salvación eterna.

La forma de llevar estas ilusiones a buen término parece ser la de fundirse con tal entusiasmo con el sistema político hasta que no sea posible diferenciar las acciones políticas de las personales, ni los negocios personales de los políticos, y como tantas veces ha ocurrido en nuestro país el desbordamiento de la egolatría personal, si no es capaz de acabar en una dictadura, termina en los Tribunales de Justicia por muy conservadores que sean.

Casi al completo están encausados los consejeros de la Comunidad de Madrid bajo el mandato de Esperanza Aguirre, y la práctica totalidad de los ministros de Aznar y de Rajoy están inmersos en causas judiciales y en primer lugar los todopoderosos Ministros de Hacienda que gozaron en su momento, antes de ir a la cárcel, de ser los mejores del mundo. Y todas estas causas lo han sido por dinero con una práctica tan extendida que si no hubiese sido por el trabajo esforzado de los jueces amigos, cabe la posibilidad de que el partido hubiese quebrado por falta de afiliados.

El entusiasmo privatizador del partido ha vendido lo más importante de la industria del país. Y por otra parte, han regalado una gran parte de las obras de arte a la Iglesia que como institución terrena entendemos que es un país independiente. Pero en la venta del Estado, nadie ha llegado tan lejos como el superministro Sr. Montoro, máximo representante intelectual del PP que ha puesto la capacidad legislativa de las cortes a la disposición del mejor postor. No se puede superar esta marca, ha conseguido llevar al PP a niveles insuperables de corrupción, niveles que alcanzan el terreno de la ilegalización política como legítima defensa del sistema.

Lo peor de estas constataciones es que los ciudadanos, tratando de emular a sus mandatarios, han convertido a la política en el camino soñado para alcanzar el enriquecimiento económico personal y el bienestar social, un camino en el que no hay que estudiar ni trabajar pero sí mucho que pisotear a propios y extraños, transgrediendo habitualmente la ley.

En muchos ayuntamientos existen corporaciones que manejan a su antojo los bienes municipales, que son propiedad de todos los vecinos, envolviéndolos adecuadamente en simulacros institucionales, que los privan de beneficios que deberían mejorar la calidad de vida de todos los vecinos, ocultando los frutos que les reportan a ellos mismos miembros del partido más corrupto que haya existido jamás entre nosotros.

No quiere esto decir que los demás partidos no puedan albergar corrupción, pero con la grandeza, eficacia y altura que lo hace el PP, desde luego que no, porque ha conseguido, y consigue, las cuotas de corrupción que solo la omnipresencia de los militares de la dictadura consiguieron llevar a cabo.




Jesús Lobillo Ríos (Benalmádena)



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