Ole Benalmádena

Siete meses después de la DANA, el CEIP La Paloma sigue sin recuperar dos aulas inutilizadas

Han pasado siete meses desde que la DANA arrasó con parte de las instalaciones del CEIP La Paloma. Siete meses en los que el salón de actos y la sala de informática del colegio han funcionado como aulas de emergencia, mientras las dos clases dañadas por las lluvias permanecen clausuradas a la espera de una reparación que no llega. La situación, que en un primer momento pudo parecer transitoria, ha terminado por enquistarse en la rutina del centro.

La AMPA La Paz, que aglutina a las familias del colegio, ha decidido romper el silencio. La asociación denuncia que la Administración educativa competente no ha dado una respuesta a la altura de las circunstancias. “Seguimos sin una solución definitiva y queremos que se recuperen cuanto antes los espacios que el alumnado necesita”, señalan desde la entidad, que subraya el coste pedagógico que implica renunciar durante meses a infraestructuras tan relevantes como una sala de usos múltiples o un aula de tecnología.

Las familias reconocen el trabajo del equipo docente y directivo, que ha conseguido que la actividad académica siga adelante con relativa normalidad pese a las limitaciones. Sin embargo, insisten en que ese esfuerzo colectivo no puede convertirse en una excusa para que la Administración demore indefinidamente la rehabilitación de las instalaciones. La adaptación tiene un límite, y las familias del CEIP La Paloma consideran que ese límite ya se ha superado con creces.

Para visibilizar la situación sin caer en el dramatismo, la AMPA ha optado por un recurso inesperado: el humor. La asociación ha grabado un vídeo que está difundiendo en redes sociales en el que, con ironía y desparpajo, retrata la realidad que viven a diario los alumnos del centro. La pieza ha generado repercusión entre la comunidad educativa y ha servido para amplificar el reclamo de las familias.

Desde el AMPA subrayan que detrás de cada escena y cada sonrisa del vídeo existe una reivindicación clara: la necesidad de que el alumnado recupere cuanto antes los espacios educativos que le corresponden.

Mientras tanto, la Administración no ha ofrecido ni plazos ni explicaciones. Solo silencio. Un silencio que, en términos educativos, tiene un coste concreto: meses sin salón de actos, meses sin aula de informática, meses en los que la educación de niños y niñas ha funcionado en modo supervivencia. La DANA fue una catástrofe inevitable. El abandono posterior, no. La pregunta que nadie en los despachos políticos parece querer responder es sencilla: ¿hasta cuándo?

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