Imagina un libro escrito en el siglo XIII que describe, con precisión casi científica, cientos de plantas, minerales, resinas y preparados animales usados como medicina. Un libro que los médicos del Mediterráneo consultaban como otros consultan hoy un vademécum. Un libro traducido al alemán en el siglo XIX y que, hasta ahora, ningún hispanohablante podía leer en su propia lengua. Ese libro existe. Y acaba de llegar al castellano gracias a un vecino de Benalmádena.
Guillermo N. Bergmann, traductor de alemán y benalmadense de pro ha culminado tras año y medio de trabajo la primera versión en español del Kitāb al-Jāmiʿ li-Mufradāt al-Adwiya wa-l-Aghdhiya: el Gran compendio de los medicamentos simples y los alimentos, escrito por el botánico Ibn al-Baytar en el siglo XIII. La obra, considerada uno de los mayores catálogos farmacológicos del mundo medieval, llevaba ocho siglos esperando esta traducción.
Ibn al-Baytar no era un médico de biblioteca. Viajó durante décadas por al-Ándalus, el norte de África, Egipto, Siria y Anatolia, recogiendo plantas, observando remedios locales y contrastando lo que veía con lo que habían escrito antes Dioscórides, Galeno o Avicena. El resultado fue una enciclopedia viva, que mezclaba la tradición científica grecorromana con la medicina islámica y la experiencia directa de campo. Durante siglos, fue obra de referencia obligada en hospitales, farmacias y escuelas del Mediterráneo medieval.
Para acceder a ella, Bergmann partió de la traducción alemana que Julius von Sontheimer publicó en el siglo XIX, apoyándose en manuscritos árabes facilitados por el orientalista Johann Gottfried Wetzstein y en el círculo académico que lideraba el arabista Heinrich Leberecht Fleischer. Ese trabajo decimonónico fue, durante generaciones, la única puerta de entrada a la obra para quienes no leían árabe clásico. Ahora, por primera vez, esa puerta se abre también en español.
¿Málaga o Benalmádena?
Pero la investigación de Bergmann no solo ha producido un libro. También ha removido una pregunta que lleva décadas sin respuesta clara: ¿nació realmente Ibn al-Baytar en Benalmádena?
La institución del botánico como hijo ilustre del municipio fue impulsada hace años por el catedrático en Historia de la Medicina Juan Luis Carrillo y el arabista Doctor Ali Kettani, junto al entonces alcalde Enrique Bolín. Sin embargo, el propio Sontheimer, al traducir la obra en el siglo XIX, recogía que Ibn al-Baytar se refería a «Málaga, mi ciudad natal», sin mencionar explícitamente Benalmádena. La web municipal, sin embargo, cita a un discípulo directo del botánico que afirma que nació y adquirió su saber en Benalmádena, pero esa fuente no ha sido documentada públicamente hasta la fecha.
Lo que está en juego no es solo una cuestión de orgullo local. Si existieran fuentes primarias medievales que situaran a Ibn al-Baytar en Benalmádena, la primera mención escrita del municipio —hoy fijada en el siglo XV— podría adelantarse en torno a dos siglos. Benalmádena aparecería, de golpe, en el mapa del siglo XIII.
La obra ya puede adquirirse en formato papel a través de Amazon y en versión digital en El Museo de la Cábala. La Biblioteca de Benalmádena Pueblo y Arroyo de la Miel también contarán próximamente con un ejemplar disponible en préstamo. Además, el autor ha anunciado a este medio, que los centros de estudio, clubes de lectura y escuelas que lo soliciten recibirán gratuitamente una copia digital con fines académicos.
Ocho siglos después de que Ibn al-Baytar recorriera el Mediterráneo anotando plantas y remedios, su obra más ambiciosa encuentra por fin el camino de vuelta a la lengua que se hablaba en la tierra donde, según la tradición local, nació. No lo ha traído ningún proyecto institucional ni ninguna beca de investigación. Lo ha traído Guillermo N. Bergmann, un vecino de Benalmádena que decidió que esa deuda con la historia ya había esperado suficiente.
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