El Club de Lectura Bel-Al-Arte comparte en Ole Benalmádena el comentario de La mujer del porvenir y La mujer de su casa de Concepción Arenal. Si te apetece participar en la siguiente lectura tienes una cita el próximo 14 de noviembre en la sede de la asociación en la calle Gardenia s/n en Benalmádena Pueblo en torno a Catedrales de Claudia Piñeiro
En la última reunión del Club de Lectura Ben-al-Arte se comentaron dos ensayos de la autora Concepción Arenal: La mujer del porvenir y La mujer de su casa, como contribución al homenaje que le tributará la Biblioteca Pública de Arroyo en el mes de noviembre.
Las obras son dos de los ensayos que tuvieron más repercusión en la sociedad de la época, segunda mitad del siglo XIX.
Como nos apunta el editor de las obras, recogen los temas que más interesaron a la autora a lo largo de su vida: la mejora de las condiciones de vida de las mujeres, la reivindicación de la igualdad jurídica y la equiparación en el derecho a la misma educación de la que gozaban los hombres.
Concepción Arenal no tuvo dudas a la hora de enfrentarse a la sociedad del momento, con sus prejuicios de género dominantes, como por ejemplo el que cree que el único oficio de la mujer era el de ser buena madre y esposa.
La autora hace una valoración del papel de la mujer del momento, que ante la ley tiene menos derechos pero los mismos deberes y penas que los hombres, y apuntando los objetivos que ella cree se tienen que buscar e intentar conseguir.
Cuando inician la educación, no existen diferencias entre niños y niñas, estas surgirán después cuando la mujer es alejada de la formación.
La mujer no puede mostrar su valía al tener vedado los caminos de la educación superior y carecer de oportunidades para ejercitar su inteligencia, aun demostrando que no es inferior al hombre.
Defiende que la mujer ha de tener todos los derechos civiles, también el derecho a ejercer todas las profesiones y oficios que no repugnen a su natural dulzura. La ley prohíbe a la mujer el acceso al mundo del trabajo, sólo ejercen unas pocas profesiones: enseñar las primeras letras, estanquera,… Cuando no encuentran solución para sobrevivir, acaban en el mundo miserable de la prostitución. Por tanto, el destino de la mujer sólo puede ser el matrimonio, al que llegará por necesidad más que por amor. Si tuviera medios para subsistir podría elegir.
La naturaleza ha hecho a hombre y mujer diferentes, pero la sociedad los convierte a veces en opuestos.
Ante este panorama, la autora anima a pedir educación para la mujer a la vez que derecho al trabajo. Hay que acabar con “¿Qué entendéis las mujeres de esto?” y dejar que opinen, no se puede equiparar el silencio a bienestar.
A la mujer se le niega el saber, los libros y, sin embargo, se le deja leer novelas y lecturas frívolas que al final le hacen más daño.
Sobre la mujer también recae la conservación y transmisión del fervor religioso en el hogar, que puede peligrar si está instruida.
También es verdad que a medida que el hombre se ilustra, deja de ser el salvaje antiguo y a la vez mejora la condición de la mujer.
En España ha habido progreso desde el pasado o en comparación con otros lugares del mundo, pero en este momento sólo deben existir las diferencias con el hombre marcadas por la propia naturaleza y no por las leyes.
Si al hombre y a la mujer les va mal la sociedad también irá mal. Además de la formación profesional, el hombre ha de poseer moralidad, honradez, sentimientos, noble orgullo,…, y eso viene inculcado por la mujer (madre, esposa, hija,…), por lo que debe estar instruida.
El hombre suele acudir al matrimonio cuando es capaz de sostener una familia, en cambio la mujer lo hace de forma precoz, es su única salida, a veces incluso forzada por la familia.
Cree que no tiene por qué modificarse el carácter de la mujer porque esté instruida, ni le afectará para que pueda desarrollar sus trabajos en el hogar el que realice otras tareas.
Hace una defensa de la mujer soltera, pues no se puede ver a la mujer sólo como un ser reproductor. Esta ejerce su espíritu maternal a través de múltiples actividades sociales: cuidando a los hijos de otras mujeres, en los centros de acogida, en instituciones religiosas y laicas,…, dispuesta siempre a sacrificarse por el bien de los demás.
La mujer de su casa se desvive por la familia dentro de ella pero no se preocupa por lo que ocurre fuera. En las cuestiones sociales participa como mera espectadora pero sí deja aflorar su influencia moral que condiciona el devenir de la sociedad. El ideal de la mujer que sólo se preocupa por su casa y los suyos tiene poco que ver con la sociedad moderna.
La autora no ve bien que la mujer participe en política por la pasión que le pone al desconocer las normas que la rigen, convirtiéndola en fanática, al igual que su fanatismo religioso, influyendo negativamente en el hombre, fanatizándolo a su vez.
La virtud de la mujer se fortalece cuando participa en actividades de cooperación, así conocerá qué acaece en la sociedad y formará parte de la opinión pública y sus objetivos.
Los que se oponen a que la mujer realice ese trabajo social dan tres razones: 1) Falta de tiempo para la casa. 2) Imposibilidad de ocuparse de las cosas grandes, las de los hombres, y de las pequeñas, las exclusivas de las mujeres (manuales). 3) Las virtudes sociales de la mujer perjudicarían a las domésticas.
La autora razona contra esa creencia y justifica la participación de la mujer.
Muchos hombres pretenden que la mujer se instruya para que sea capaz de llevar mejor la casa y ser buena madre, perpetuando ese papel en sus hijas.
Empequeñecer a la mujer y pretender que sea grande como madre tiene sus contradicciones. Se ha de procurar formar de forma total al hombre y a la mujer.
La mujer es constreñida a su casa, lo que provoca en ella el tedio, se le limita su vida física, moral e intelectual, lo que la debilita. No puede salir entonces una mujer fuerte.
La mujer resiste mejor el esfuerzo continuado, mientras que el hombre resiste peor el dolor físico, es mal enfermo.
Texto de Amelia Valcárcel, en su obra “Feminismo en un mundo global”, en el que explica las condiciones en que la autora acudía a sus clases en la universidad.
“El rito era el siguiente: acompañada por un familiar, doña Concepción se presentaba en la puerta del claustro, donde era recogida por un bedel que la trasladaba a un cuarto en el que se mantenía sola hasta que el profesor de la materia que iba a impartirse la recogía para las clases. Sentada en un lugar diferente del de sus aparentes compañeros, seguía las explicaciones hasta que la clase concluía y de nuevo era recogida por el profesor, que la depositaba en dicho cuarto hasta la clase siguiente”.
Los lectores coinciden en la gran calidad a la hora de escribir que muestra la autora.
Se destaca la valentía de la autora al hacer públicas sus ideas sin importarle el rechazo que provocaba en amplias capas de la sociedad, considerándola una mujer luchadora y adelantada a su tiempo.
Visto en perspectiva desde la atalaya actual, podemos apreciar los grandes avances que se han producido en los objetivos que planteaba la autora en sus postulados, sin que ello quiera decir que están conseguidos en su totalidad.
Todos coinciden en que la idea más persistente de ambas obras es la insistencia en la educación y formación de la mujer, que además debe estar protegida por las leyes.
También vemos que del primer ensayo al segundo ha evolucionado en la valoración de la participación de la mujer en el mundo de la política, pasando de su rechazo total a una aceptación que sería positiva al aportar su punto de vista, que sería enriquecedor.
Próxima lectura el 14 de noviembre de 2023
Catedrales de Claudia Piñeiro


