Benalmádena pueblo vive cada verano el mismo drama. Con el calor llegan los primeros nervios del nuevo curso y, también, las primeras injusticias. Este año, quince familias del CEIP Jacaranda se han encontrado de frente con la misma pared: sus hijos no tienen plaza en el IES Benalmádena, su instituto de referencia, el que tienen a un paso de casa, el que comparte proyecto educativo con su colegio. En su lugar, la Administración les ha asignado uno de los centros de Arroyo de la Miel, a unos ocho kilómetros de distancia, sin línea bilingüe y sin transporte escolar.
En el pleno de hoy, el PSOE ha presentado un ruego y Vox ha formulado una pregunta sobre la situación. Una señal de que el malestar de estas familias ya no puede ignorarse en los despachos.
No es la primera vez que ocurre. El año pasado la historia fue exactamente la misma, aunque tuvo un final algo más feliz puesto que la Junta de Andalucía abrió una segunda línea en el IES Benalmádena y todos los alumnos sin plaza pudieron finalmente entrar por la puerta que les correspondía. Ahora, las familias afectadas quieren que esa solución vuelva a repetirse.
Lejos, sin bilingüismo y sin bus
El problema no es solo de kilómetros, aunque ocho kilómetros ya son muchos cuando hablamos de niños de 11 años que acaban de salir de primaria. Lo que más duele a estas familias es la suma de todo: dejar atrás el proyecto bilingüe en el que sus hijos llevan años trabajando, separarse de los compañeros de toda la infancia en uno de los momentos más delicados de la adolescencia, y enfrentarse a una logística diaria que complica enormemente la conciliación familiar. Sin transporte escolar, el traslado corre por cuenta de los padres y madres.
“No estamos hablando de un simple desajuste administrativo o de un frío porcentaje de escolarización”, denuncian las familias en sus comunicados en redes sociales. “Estamos hablando de dinamitar, de un plumazo, la continuidad pedagógica, el arraigo y el bienestar emocional de quince adolescentes de nuestro pueblo”.
“Soluciones ya”
Las familias no quieren esperar. Tampoco quieren que sus hijos comiencen septiembre sin saber dónde van a estudiar ni con quién. Su mensaje es claro y exigen a la Delegación de Educación una rectificación inmediata y los recursos necesarios para que estos quince alumnos puedan continuar su educación donde les corresponde.
Desde Educación, la respuesta ha sido prudente. La Administración ha explicado que la unidad extraordinaria del año pasado se abrió por el elevado número de repetidores del centro, y que cualquier decisión similar depende de criterios técnicos y de la capacidad del instituto. Eso sí, han dejado una puerta entreabierta: una vez concluya el período de matriculación, se realizará un nuevo análisis y se estudiará la posibilidad de abrir esa unidad extraordinaria.
“El paso del colegio al instituto ya es un reto de por sí para cualquier adolescente”, recuerdan las familias, “como para encima sumarles el desarraigo y la incertidumbre de no saber dónde van a estudiar o con quién”.
Para quince niños y niñas de Benalmádena, el verano no es solo tiempo de descanso. Es la cuenta atrás hacia un septiembre que todavía no saben cómo va a ser: si con sus amigos de siempre, en su instituto, continuando el proyecto bilingüe que tanto esfuerzo les ha costado construir, o en un centro desconocido, a kilómetros de casa, empezando de cero.
Ahora toca esperar. La Junta ha prometido un nuevo análisis técnico una vez cierre el período de matriculación. Si los números cuadran y la voluntad política acompaña, podría abrirse una unidad extraordinaria como la del año pasado. Si no, estos quince niños tendrán que aceptar que el instituto empieza lejos de casa, sin sus amigos y sin el bilingüismo que trabajaron durante años. El verano pasa rápido.
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