domingo, junio 14, 2026
InicioActualidadEl gusto por la horchata que trajo al Ficcab al director de...

El gusto por la horchata que trajo al Ficcab al director de ‘El laberinto del fauno’

Veinte años de Ficcab dan para mucho. Es evidente que el festival de cine se ha logrado hacer con un nombre en el sector, por la calidad de las obras participantes, el prestigio de sus galardones, y la dedicación y cariño con el que preparan cada año sus organizadores una nueva edición del evento, que atrae a Benalmádena a los grandes del séptimo arte, quienes por unos días pasean por la ciudad como Pedro por su casa, y se camuflan entre los vecinos, para disfrutar de las excelencias de la ciudad más rebelde de la Costa del Sol, al menos en cuanto a lo que la proyección cinematográfica se refiere. Y es que, no se puede olvidar que la desaparecida Sicab benalmadense -Semana Internacional de Cine de Autor de Benalmádena, (1969-1989)- logró burlar al fraquismo y su censura, y reunía una vez al año, en la, por aquél entonces pequeña localidad, a miles de jóvenes melenudos en busca de la cultura audiovisual que les era negada en el resto del país.

Ole Benalmádena se cuela en la trastienda del Ficcab y rescata las anécdotas surgidas entre bambalinas y que se pueden contar sin verse después las caras con nadie ante un juez, pues no es plan. Cómo por algo hay que empezar, lo haremos por la bendita horchata que trajo a Benalmádena a Guillermo del Toro, creador de El laberinto del faunoEl espinazo del diablo o Titanes del Pacífico. Todo se gestó en una conocida heladería madrileña. En el afamado local de la capital estaban el actor malagueño Lucio Romero -gran amigo del Ficcab– disfrutando de un rato de chachara con Santiago Segura, mientras degustaban la típica bebida valenciana. La historia es que Romero llamó a los organizadores del Ficcab para cotillearles que había conocido a un director mexicano que “era muy famoso” y que había dirigido una película llamada algo así como “Hello boy”. Ni a José Ramón Martínez Verastegui ni a Jaime Noguera les sonaba de nada el título de la película… ¿Hello boy?… pero de pronto les llegó un flash y preguntaron a Lucio: “¿No será Hellboy?” …Y el actor malagueño les respondió: “Esa, esa”.

Éste fue el inicio de la orquestada estrategia por la que Del Toro fue invitado al Ficcab. Los organizadores enredaron a Lucio Romero para que preparara una nueva merienda y le entregara al director en la heladería y horchata en mano, la invitación al Ficcab. Como se puede comprobar años después, Guillermo del Toro aceptó la propuesta.

Tiempo después, cuando vino al festival de cine benalmadense, los organizadores del evento confiesan a Ole Benalmádena que el director cuando les conoció en persona no dudó en decirles que parecían el “doctor maligno y mini yo”.

Otro grande que vino a Benalmádena gracias al Ficcab es Theo Angelopoulos. Cuando pisó la ciudad comentó a los organizadores del festival que “quería comer sardinas”. Pero claro, no era época de sardinas y para no empezar con mal pie decidieron contratar a un traductor para, al menos dar conversación al director y a su mujer que lo acompañaba, y compensar el antojo de sardinas de éste. Según nos cuentan entre risas los protagonistas, llegó el traductor francés contratado desde producción y el tipo empezó a comer como un descosido y a beber como si no hubiera un mañana, pero de traducir nada de nada… Acongojado por el asombro, Noguera le preguntó: “pero ¿qué pasa? Te está hablando Angelopoulos y no nos traduces nada de nada”. El supuesto traductor les confesó en español, -por supuesto-, que “el francés que él hablaba era de los años que había estado en África traficando con madera”. Y por si esa revelación fuera poco, cuando se zampó el postre, se levantó y se fue, alegando, -en español, por supuesto-, que “llegaba tarde a otro trabajo”.  Los organizadores del Ficcab tuvieron que hacer encaje de bolillos para entenderse con los invitados, y para traducir al canal de televisión autonómico una entrevista al director heleno que realizaron en el propio restaurante.

Tras uno de los primeros festivales, en los albores del festival, el Casino de Torrequebrada hizo una llamada a los organizadores para ver dónde mandaban una factura de 50.000 pesetas que habían dejado a nombre del evento en el casino. Los propulsores del Ficcab nos aseguran que avisaban a todos los invitados de que sus gastos extras eran a cuenta de ellos, pero parece ser que algún homenajeado, actor español de renombre cuyo nombre no podemos hacer público, cargó la cuenta de las fichas gastadas en el casino a la organización del Ficcab.

Curiosa fue también la entrada del actor gaditano Juan Luis Galiardo en Benalmádena. Cuando estaban en el coche que les llevaba al hotel, le pidió a Noguera parar con urgencia en una farmacia. No les dio ni tiempo de llegar a Benalmádena por la urgencia del actor y pararon en Torremolinos.  Al entrar en la farmacia, nos cuentan que Galiardo cogió una caja de condones que alzó cual antorcha y al final de una larga cola, con su inconfundible voz, preguntó a la farmacéutica: “Señorita, ¿cuánto cuesta esta caja de condones?”.  Una vez pagados y de vuelta en el coche, al ver a Noguera literalmente blanco, le explicó en voz baja al oído: “Señor Noguera, espero que no le haya perturbado lo sucedido, pero, como usted sabrá, tengo fama de ser un a follador histórico de este país, y debo fomentar la leyenda”.

Cierto es que las tarjetas de visita son a veces de lo más llamativas, pero ojipláticos se quedaron los organizadores del Ficcab cuando Carolo Ruiz, hijo de Terele Pávez, les entregó antes de volver a Madrid su tarjeta en la que aparecía bien grande: “Carolo Ruíz, cinturón negro de Karaoke”.

Cuando Noguera fue a recoger de su vuelo desde Estambul al actor Udo Kier, parece que no se acordó de sacar del coche de producción los enseres usados para la gala de inauguración del Ficcab, incluido el látigo empleado por una imitadora de Marlene Dietrich. Cuando Noguera abrió el maletero para que Kier dejase sus maletas, éste se le quedó mirando fijamente con sus ojos luciferinos y le dijo en inglés: “¿A qué mazmorra me lleva, señor Noguera?”. Cuando se fue, contento por los días pasados en Benalmádena y su participación en el Ficcab, no dudó en regalar a Noguera una foto suya dedicada en la que dibujó un látigo…

Suele haber críticas en el mundo cinematográfico sobre que algunos presumen de su grado de compromiso social mientras después se gastan millonadas en que les traigan miles de chorradas pijas a su set de rodaje. Pues éste no es el caso del director de cine y televisión británico Kent Loach, quien solo puso dos exigencias para venir al Ficcab. La primera era que quería viajar en clase turista y que la diferencia con clase business –que era lo que le ofrecían desde el Ficcab- fuera ingresada en la cuenta de una ONG. Y la segunda, que cuando terminara el homenaje previsto, le llevasen a comer pescaito frito a un bar típico de Benalmádena. Ambas, dichas y hechas.  Por cierto, cuando tuvo oportunidad de estar frente a los medios de comunicación no dudo en darle candela a Tony Blair, quien en esa época se había embarcado con Bush y Aznar en la invasión de Irak.

Pues hasta aquí llegamos con algunas de las anécdotas del Ficcab, que seguramente tendremos que seguir contando en otra entrega pues, como decíamos al principio, veinte años dan para mucho. Mientras, no se pueden perder la programación para la presente edición, que arranca este jueves con la gala de inauguración de entrega del premio internacional Ciudad de Benalmádena a Jorge Perugorría y la proyección de la película Fresa y Chocolate.

ARTICULOS RELACIONADOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, introduce tu comentario
Introduce tu nombre

publicidad

ULTIMAS NOTICIAS