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“Bebedores y brutos”: Así se describió a los rusos en las obras del Siglo de Oro español

Jaime Noguera

Sorprendentemente, pese a la enorme distancia entre ambos países, en la literatura del Siglo de Oro español, las referencias al Ducado de Moscovia son frecuentes, aunque no demasiado halagadoras. Según Jesús M. Usunáriz y su Moscovia en la España del Siglo de Oro: crónicas y relaciones de sucesos, la más destacada y relevante referencia se encuentra en El gran duque de Moscovia y emperador perseguido (1617) de Lope de Vega.

Retrato anónimo de Lope de Vega.

Este libro era una comedia con matices históricos sobre las vicisitudes del zar impostor Dimitri o Pseudo-Demetrio I (1605-1606), obra en la que, además del exotismo de su ambientación y de lo intrincado de su trama, el autor reflexionaba sobre la legitimidad del poder.

El asesinato del falso Dmitri, obra de Konstantín Makovski.

Un entorno imaginario moscovita fue creado en la novela bizantina de Enrique Suárez de Mendoza y Figueroa, Eustorigio y Clorilene, historia moscóvica (1629). Uno de los personajes de La vida es sueño (1635), de Calderón, era el duque de Moscovia, pretendiente al trono de Polonia; Quevedo dedicó un capítulo con el título El Gran Duque de Moscovia y los tributos en su libro La Hora de todos y la Fortuna con seso (1635), que utilizó para defender una visión patriarcal de la monarquía; y en 1645 Agustín Moreto, Luis de Belmonte y Antonio Martínez escribieron la obra El príncipe perseguido, el infeliz Juan Basilio, con un argumento similar al de Lope.

Mapa de las regiones de Rusia en 1645.

En casi todas ellas, ya sean descripciones, crónicas, relaciones o dramaturgia, la imagen que se presenta es la misma: un territorio vasto, desmedido, impresionante en sus dimensiones, habitado por hombres toscos, “los consideran como bestias”, “bebedores, caprichosos, exóticos”.

Un banquete de bodas de boyardos (Konstantín) Makovski, 1883.

Aunque Moscovia era una amenaza para monarquías como Suecia o Polonia, en España, a pesar de la llegada de grupos temporales de legados, o del incremento de las relaciones comerciales, la visión del Gran Ducado era más literaria que real. Se describía a sus habitantes, los “bárbaros moscovitas”, como “gente bruta”, “falsos y traidores”, “apóstatas y renegados”, “cautos, compuestos, atentos, corteses, pero (con) notable vanidad exterior, amigos de relumbrar en todo” o eran un pueblo dominado por un tirano cruel como el Basilio de Lope de Vega, que representaba a Iván IV, y era definido como “un nuevo Nerón romano”.

Iván el Terrible y su hijo, por Iliá Repin.

¿Mito o realidad?

La rusofobia campa a sus anchas, como la hispanofobia, desde hace siglos. Y es lo que tiene ser países extensos, que en su momento fueron imperios que controlaron a distintas etnias o grupos de población y que hoy son países independientes.

¿Bebían más los rusos que los nacionales de otros países? Es difícil saberlo, pues no disponemos de datos estadísticos. Según la web especializada Alcohol, problems and solutions, allá por 1599, cada hombre de la armada inglesa tenía una ración diaria de un galón de cerveza, lo que equivale a 4,5461 litros. En España, el consumo de bebidas alcohólicas durante el siglo XVI alcanzó los 100 litros por persona y año en Valladolid. Bastante menos que lo que un marino inglés.

En Coventry, la cantidad media de cerveza consumida era de unas 17 pintas por persona y semana. En todo el país, el consumo era de aproximadamente una pinta diaria per cápita. Es decir, medio litro. El consumo de cerveza en Suecia podía ser 40 veces mayor que en la Suecia actual, que según Statista, es de 56 litros per cápita.

Precisamente el “nuevo Nerón romano”, el zar Iván IV, también conocido como Iván el Terrible, fue el monarca que decidió controlar el consumo del alcohol ilegal prohibiendo su producción, y ordenó la creación de tabernas locales o Kabaks. Según el volumen 34 de Alcohol and Alcoholism, el consumo generalizado y excesivo de alcohol se toleraba, o incluso se fomentaba, por las posibilidades que ofrecía al estado para obtener ingresos.

¿Que bebían? Seguro. Había, sin embargo, varios obstáculos a la hora de pillarse una cogorza en Rusia en el siglo XVI que quizás los escritores anteriormente mencionados (que no viajaron a Rusia jamás, por cierto) muy probablemente desconocían.

  • La naturaleza era dura, lo que no favorecía la producción de alcohol y encarecía su consumo por los empobrecidos siervos rusos.
  • Las exigencias de una moral laboral ascética, en parte también marcadas por la climatología adversa.
  • El control estatal ya mencionado sobre el consumo y la circulación del alcohol.
  • La condena activa de la embriaguez por parte de la muy influyente Iglesia, que en las condiciones de total piedad, cuando la mayoría se autodenominaba principalmente no rusa, sino cristiana era muy importante.
  • Condena general de la comunidad campesina, que deseaba una vida pacífica. En Rusia no había granjas individuales, lo que significa que el intento de cualquier campesino de abusar del alcohol era normalmente reprimido por la comunidad.

En cuanto a otros de los adjetivos, como “bárbaros” o “brutos” (bien, no es que la Europa del siglo XVI fuese en general demasiado refinada, solo hay que ver los cuadros de Velázquez), “apóstatas” (la ortodoxia rusa o cualquier otra diferencia respecto a la católica ya les debía parecer los peor a Góngora y sus amiguetes) pues ídem de lo mismo.

 

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