LAS AGUAS TURBIAS DE BENALMÁDENA
Entretenidos como estábamos en la evolución del convenio del Tívoli, casi se nos pasa desapercibida la terminación, por fin, del fraudulento acuerdo sobre la explotación de la distribución del agua, explotación naturalmente a cargo del bolsillo de los vecinos. Parece demostrado que la gestión del agua nos cuesta por encima de lo que sería justo o razonable, ya que la Institución Municipal no lo ha negado, tan solo se ha remitido a decir que la culpa de este saqueo no es suya, sino de los consistorios anteriores, posiblemente desde el alcalde Bolín que fue quien lo instauró hace 25 años, hasta ahora, momento infeliz en que ha caducado. Infeliz porque no se ha renovado y no ha terminado con la injusticia, con lo que nos vemos obligados a seguir pagando, sine die, su sobreprecio sin más beneficio que el enriquecimiento de la empresa privada que comparte la gestión con el Ayuntamiento, y que solo tiene la obligación de cobrar sin compromiso añadido alguno.
Por otra parte algo similar ocurre con el convenio del Tívoli en donde la inmobiliaria beneficiada, lo es en todos los aspectos, pues no hemos podido aclarar, y sí discrepar, las condiciones que de alguna forma condicionarían su actuación en favor de los vecinos favoreciendo de alguna manera su actualización o modernización con vistas a futuro, donde solo se aprecia un oscurecimiento que perjudicará incluso al propio turismo, en beneficio de las localidades cercanas. Ni tan siquiera la borrachera de argumentaciones consultables en la exposición televisada del pleno municipal, ha podido disipar las muchas dudas que el convenio ofrece.
Pero más intrigante todavía, es el insospechado punto de conexión entre Emabesa, empresa municipal de aguas y Tremón, inmobiliaria dueña de Tívoli, ya que el pliego de compromiso firmado entre el ayuntamiento y la inmobiliaria, en el que se desarrolla el futuro urbanístico de Benalmádena, está gestado por el secretario del Consejo de Administración de las aguas, un personaje que aparece de improviso, sin conexión municipal conocida, que, obviando la actuación de los equipos cualificados, redacta un convenio urbanístico de “calado histórico”.
No cabe duda de que de algo más tendremos aún que enterarnos los vecinos que vamos a sufrir las consecuencias de unas decisiones que no están claramente fundadas ni explicadas por nuestras autoridades municipales que harían bien, por ejemplo, en aclarar si son ciertas las elucubraciones que hablan sobre el hecho de que Emabesa compensa económicamente a los ediles municipales con sobresueldos para que mantengan sus decisiones. ¿Y Tremón?
Jesús Lobillo Ríos (Benalmádena)
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