El joven benalmadense Álvaro Majada forma parte de la expedición Vuelta al Mundo 2022, que conmemora la circunnavegación de Magallanes- Elcano. Recorrerán durante 22 días España y Portugal y en los próximos años continuarán las expediciones con otros jóvenes hasta completar la vuelta al mundo. Majada, de 18 años de edad, ha tenido a bien compartir con Benalmádena su diario y hacernos partícipes de esta emocionante aventura.
Decimocuarto día de la aventura: 3 de agosto de 2022
Cada vez que Jesús Luna nos despierta me da ansiedad: “Ha llegado el día que todos estábamos esperando…”, nos repite cinco veces. Nada más despertarme, como hice todo rápido, me puse a jugar al fútbol. Después nos montamos en el autobús para ir a Cáceres. Tenía las expectativas muy bajas, pero fue muy bonito. Destacó el casco antiguo: unas calles… unas casas…
Rodeamos el casco antiguo y nos paramos en distintas esculturas para verlas detenidamente y hablar de ellas. Yo estaba alucinado de cómo esa parte de la ciudad sigue estando igual que hace quince siglos. Nos hicimos muchas fotos. Cáceres ha sido una preciosidad.
A las 11.30 horas nos fuimos hacia la siguiente ciudad: Sevilla. Llegamos a la residencia en la que nos íbamos a quedar, era la de los deportistas en la Cartuja. Dejamos las cosas en las habitaciones y nos fuimos a comer. La comida estaba espectacular. Macarrones con tomate, bacalao y puré de patatas, que estaban de escándalo, y pollo. Creo que ha sido la vez que más comí.
A las cuatro de la tarde llegaría el mejor momento del día, al menos para mí. Hicimos un tour por el Ramón Sánchez Pizjuán. Escribiría tres páginas enteras explicando lo que vimos, lo que hicimos y lo que sentí, pero no es plan.
Al entrar ya tenía la sonrisa marcada y se me quedó así durante toda la visita. Por lo primero que pasamos fue por el museo donde nos contaron cómo se creó el Sevilla Fútbol Club y cómo se vivían los partidos en aquel entonces. Luego pasamos a la zona de trofeos, en la que vimos las seis Europa League que ha ganado el equipo en toda su historia, además de otros trofeos, aunque no tan importantes.
Tenías aparte de nuestro cámara a uno del Sevilla FC, que nos estuvo grabando. Cómo no teníamos los móviles, las fotos las hicieron nuestros monitores. Ellos ya eran conscientes de que yo era el más aficionado al fútbol por lo que fui a quien más fotos hicieron.
Junto a las seis copas de Europa pasamos todas nuestras banderas. Y en un segundo llegó un momento escalofriante… el director del tour nos preguntó: “A ver, ¿conocéis el himno del Sevilla?”. Resulta que durante nuestra expedición lo hemos cantado varias veces. Yo ya me lo sabía de antes, pero la mayoría de mis compañeros se lo ha aprendido de tanto escucharlo. Imaginaros cómo se quedó el señor cuando nos oyó a todos juntos cantarlo a la perfección. Yo lo día absolutamente todo. Al terminar el himno, dijo el director: “Mirad la piel como la tengo”, señalando a su brazo.
Luego nos fuimos al palco, que está a diez pasos de dónde se ubican las copas Europa League. Salimos a los asientos del palco los primeros, Clara y yo de la mano pues yo soy un fanático del fútbol y ella del Sevilla. Después nos dieron una charla en una sala de prensa sobre la fundación Sevilla FC y me hice unas fotos en la silla en la que se sienta Julen Lopetegui.
También visitamos el vestuario y me hice unas fotos en la taquilla de la leyenda, Jesusito Navas. Salimos al terrenos de juego y pisamos el césped… fue alucinante. (Al final sí que he escrito dos páginas…).
Al salir del estadio nos fuimos al museo Nao Victoria y allí nos subimos a una réplica del barco anclado en el Guadalquivir frente a la Torre del Oro. Nos contaron dónde guardaban las especias, comida, etc. y cómo se colaban las ratas y las condiciones en las que vivían durante el trayecto. Lucía y yo nos compramos una camiseta de la Nao Victoria muy bonita.
Finalmente, cuando anochecía nos montamos en otro barco y recorrimos parte del Guadalquivir. Había unos sofás comodísimos y espacio en el cantamos y bailamos todos juntos. Fue increíble el ambiente que hubo. Gente de distintos países y culturas motivadas con las mismas canciones. Clara y yo terminamos con la voz reventada, sobre todo ella.
A las nueve, tras una hora en barco, llegamos a la residencia. Cenamos y nos dieron los móviles después de tres días sin utilizarlos así que aproveché para hablar con mi familia y amigos. Me duché y me fui a la habitación de Juanfran y Urko, donde nos echaron la bronca por poner la tele a todo volumen (estábamos escuchando música).
Finalmente fui a la habitación de Lucía y me contó que nuestros padres habían hablado entre ellos, cosa que no entendí ni cómo ni porqué ya que además, mis padres no me habían dicho nada.
Decimoquinto día de la aventura: 4 de agosto de 2022
Hoy es el cumple de mi padre. No le he felicitado todavía, pero lo haré desde el móvil de algún monitor. Me levanté con mucho sueño pese a que dormí bien. No todos los días se puede dormir en esa cama… Desayunamos y nos fuimos a un vertedero al lado de Dos Hermanas. Una señora nos explicó cómo se depositaba el plástico y donde iba. Luego vimos a una mujer haciéndolo manualmente, con un aparato que cogía la basura y la trasladaba de una zona a otra. Por cierto, no veas cómo olía allí…
Cuando nos fuimos en el autobús llamamos a mi padre con el móvil de una monitora y mis amigos y yo, le felicitamos. Luego pude hablar unos minutos tanto con él como con mi madre. Tras unos veinte minutos llegamos a Torresol, en las afueras de Sevilla, donde un hombre nos explicó las características de la torre, la altura, la capacidad que tenía… Hacía un calor…no fue unas de las actividades más divertidas hasta ahora, pero sí útil.
Nos montamos en el autobús por tercera vez en el día, esta vez rumbo a Posadas, un pueblo de Córdoba. Cuando llegamos al pabellón nos recibieron muy bien. Nos regalaron una camiseta marrón claro con el nombre de Posadas, era muy bonita, con un bastón de madera de senderismo.
El pabellón tenía una mesa de ping pong y unas canastas de baloncesto por lo que antes de ir a cenar a un bar, Pedro y yo jugamos un rato. Después de comer, nos fuimos a un sitio al que todos estábamos deseando ir: la piscina. Nos quedamos allí hasta las ocho y media. La verdad es que se estaba de lujo.
Después nos fuimos de visita guiada al pueblo con una expedicionaria de la ruta en el año 2016. La chica estaba nerviosa porque era su primera vez como guía. Posadas, en mi opinión es bonito, pero tampoco es nada del otro mundo. Sobre las nueve y media nos fuimos a una plaza donde había gente del pueblo. Se me olvidó contar antes que en la visita guiada antes de salir de una iglesia, mi compañera chilena, Margarita, sufrió un golpe de calor y se desmayó. Estuvimos todos preocupados, pero al final con la ayuda del médico se puso bien.
Cenamos comida típica andaluza, un salmorejo (que cómo había muchos latinos que no les gustaba me los tomé yo casi todos), ensalada malagueña y tortilla de patatas.
Entonces llegó para mí el mejor momento del día, que fue de diez a doce de la noche, cuando en la plaza en un pequeño escenario, unas sevillanas de todas las edades (había desde los once años hasta los 50 más o menos) se pusieron a bailar. Al principio, todos los de la expedición estábamos sentados. Yo estaba junto a Clara viéndolo todo emocionadísima, igual que yo. Teníamos muchas ganas de subir a bailar. Entonces dijeron que nos pusiéramos de pie para bailar… A mí siempre me han dicho, sobre todo mi padre, que soy nefasto bailando flamenco al igual que sevillanas. Lo que no tengo es vergüenza ninguna. Y lo demostré pues fui el primero en ponerme de pie y dar palmas. Las sevillanas aceptaron a enseñarme a bailar. Es algo que siempre había querido aprender. Entonces eso hice: seguir los pasos que me iban diciendo. Bailé junto con las niñas flamencas del pueblo, con gente mayor y con chicas de mi grupo. Como dije antes, no se bailar pero creo que le cogí el truco y aprendí algunos pasos.
De hecho, le enseñé los pasos que había aprendido a Eva. En mi vida imaginé que iba a enseñar a una chica a bailar sevillanas…Me estoy acordando de mi padre porque seguramente cuando lo lea no se lo crea, pero ya se lo demostraré cuando llegue a Málaga.
Como cada vez que hay que bailar, lo di todo y le puse muchas ganas. Estuve dos horas bailando todas las canciones que tocaban dos guitarristas y dos cantantes. Me lo pasé en grande pero acabé chorreando de sudor. Por cierto, durante todo el tiempo llevé la bandera de Andalucía como falda, toqué las palmas, di zapatazos… y aprendí varios movimientos de brazos que antes no sabía. Sin duda, una de las mejores noches que he pasado en la expedición, por no decir la mejor.
Como siempre, están todos dormidos menos yo. Son casi las dos y estoy fuera del pabellón al aire libre porque no veas que calor hace dentro. Así que esta noche dormiré fuera y espero que bien. Mañana visitaremos Córdoba, o al menos eso creo. Justo ahora estaba pensando que mi padre cumple 48 años y me da pena porque me doy cuenta de lo rápido que pasa el tiempo… ya que estoy medio emotivo, aprovecho desde aquí para decir que te quiero mucho.
Decimosexto día de la aventura: 5 de agosto de 2022
Me dormí enseguida. Nada más levantarme intenté hacer todo lo más rápido posible ya que quería aprovechar el gimnasio que hay en el pabellón. Hacía un mes por lo menos que no iba al gym por lo que terminé reventado pero me sentí muy bien. Justo antes de desayunar nos llevaron a una fábrica de aceitunas y desayunamos pan con aceite, como no podía ser de otra manera, una colacao y magdalenas. Hoy me tocaba ser el reportero para la cuenta de Instragram por lo que tuve que hacer preguntas a mis compañeros. Después, de ocho a doce nos fuimos de caminata. Paseamos por el sur de Sierra Morena. En un punto del camino se podía observar el valle del Guadalquivir. Hicimos esa caminata para prepararnos para el Mulhacén. Fueron unos quince kilómetros y no me costó nada. Hubo algunos que no pudieron seguir. Lo bueno es que en muchas partes de la ruta había acceso a senderos de emergencia por si alguien se desmaya y para repartir agua, lo cual fue esencial.
Llegamos al pabellón y me fui corriendo a jugar al baloncesto mientras los otros se duchaban. Después me duché yo y nos marchamos a comer salmorejo y una paella espectacular y nos fuimos para Córdoba.
Allí lo único que vimos fue la Mezquita, la primera mezquita musulmana creada en Europa. Ya había estado allí una vez, pero fue hace mucho tiempo, cuando tenía diez años más o menos. Nos quedamos allí unas dos horas viendo y disfrutando de las columnas, del diseño y detalles de la Mezquita.
Después nos fuimos a un pueblo de Córdoba llamado Santaella. Nos vamos a quedar a dormir en el pabellón Felipe Reyes. Después de dejar allí las mochilas, fuimos directamente al ayuntamiento, donde nos explicaron todo sobre el pueblo. También visitamos una iglesia, como en cada pueblo en el que estamos. Últimamente al andar, al dar paseos, me voy fijando en todas las cosas, ya sean calles, campo, bosques… no me gusta hablar mucho y prefiero ir observando el paisaje. Cuando nos fuimos de allí, yo estaba muerto de hambre. Cenamos un serranito de pollo con patatas, pero me quedé con hambre.
Sobre las once y media nos dirigimos al pabellón donde íbamos a dormir. Jugué al fútbol un rato, me cambié, me quité las tiritas del pie para que le diese un poco de aire a las heridas y hablé un rato con Lucía sobre lo que está pasando con nuestro grupo de amigos (es una larga historia). Coloqué mi esterilla debajo de un ventilador porque si no me iba a axfisiar y me dormí.
Decimoséptimo día de la aventura: 6 de agosto de 2022
La verdad es que dormí muy bien. A las seis y media nos despertó Jesús Luna con sus canciones de siempre y explicando un poco lo que íbamos a hacer durante el día. Lo primer que hicimos después de preparar las mochilas fue ir a desayunar al mismo sitio que ayer al mediodía. Nos pusieron pan con aceite, que estaba increíble, y unos batidos de chocolate bien fresquitos. Mientras la mayoría se comió uno o dos bollos, yo me comí cinco y medio. Fue una locura. Vino Jesús Luna y vio que todos habían terminado menos yo y me preguntó que cuántos me había comido… Le dije que cinco y medio y él lo repitió en alto para que los demás lo oyeran y todos me aplaudieron.
Tras desayunar nos fuimos a un viñedo, donde el dueño de la finca nos explicó su funcionamiento. Cortamos unos cuantos racimos de uva y nos los comimos después. En mi casi me comí 30 o así, por muy lleno que estaba ya de antes. Luego nos fuimos a plantar árboles pequeños sobre las doce y media, con todo el calor y a pleno sol. Nos fuimos a comer salmorejo y paella a un bar. Otra vez más acabé lleno. A pesar de que hoy dormí de lujo tengo muchísimo sueño, creo que es por tantos días acumulados sin dormir. Me quedé dormido en ese mismo instante, justo después de comer. Después de cinco minutos sobando, pillé a una chica haciéndome fotos y a otros riéndose, lo que me hizo mucha gracia.
Nos montamos en el autobús sobre las cuatro o así en un viaje de media hora y cómo no, me dormí. Llegamos al nuevo pueblo, del cual me sonaba el nombre, Aguilar de la Frontera. Esta noche dormimos en el pabellón polideportivo, el cual tiene campo de fútbol con una pista de atletismo alrededor.
Descargamos todo y nos fuimos a la piscina que estaba literalmente a dos pasos del pabellón. De hecho, forma parte del polideportivo. Tras divertirnos durante unos veinte minutos en la piscina, decidí irme a correr a la pista de atletismo. Me apetecía correr. Eran las seis de la tarde y hacía mucho calor, pero no pasó nada porque estaba fresquito de la piscina. Necesitaba ese momento porque llevo dos semanas sin hacer nada de ejercicio, sin contar todas las caminatas y la media hora de gym del otro día. No tenía zapatillas y tuve que correr descalzo. No fue muy buena idea porque ahora tengo la planta del pie izquierdo despellejada y me duele.
Tampoco tenía muchas opciones… justo cuando se me curan los dedos del pie derecho, me duele planta del izquierdo. Genial. Hice siete carreras de cuatrocientos metros, descansando entre una y otra, manejando el ritmo y haciéndolo lo mejor posible para hacer el mínimo tiempo posible.
Tengo intriga por saber mi tiempo corriendo con zapatilla de correr. Estuve una media hora corriendo, quizás algo menos. A falta de diez minutos para que se acabara el tiempo de piscina me volví a meter y no veas que bien me sentó. Justo antes de visitar el pueblo, me dijo Manu (profesor de educación física y ahora monitor) que estoy hecho un “bicho”, lo mismo me dijo Jesús Luna.
Lo primer que nos enseñaron del pueblo fue una calle llamada Miguel de la Cuadra-Salcedo (creador de la ruta Quelzal en 1979 y muchas profesiones más, es todo una leyenda). Mi padre hizo la ruta con él en el año 92, lo que me hizo mucha ilusión. Me hice una foto junto al postal de De la Cuadra para enseñárselo a mi padre. Anduvimos un rato más por la plaza, el ayuntamiento y un museo, y nos fotografiamos en los distintos lugares.
Finalmente vimos lo que más destaca del pueblo, una torre campanario. Sobre las diez, yo muerto de hambre, nos fuimos a cenar a la parte superior del castillo. Era un sitio espectacular, donde comimos tortilla de patata, empanada de beicon con dátiles y embutidos.
Ya sobre las doce y media, tiramos para el polideportivo andando. Al llegar no escribí ni me puse a jugar con los demás pues estaba reventado.
Decimoctavo día de la aventura: 7 de agosto de 2022
Me desperté esta mañana a las seis y media como siempre por las voces de Jesús Luna. Me fui a la ducha directamente, bueno justo antes, me quedé embobado en un banco con Javi durante unos minutos. De desayunar nos dieron unos bocadillos con jamón york y nos montamos en el autobús para ir hacia Granada. Tardamos una hora y media. Nada más llegar al sitio donde nos vamos a quedar a dormir me quedé flipando. Sabía que estábamos cerca de la Alhambra, pero no tan cerca.
Entramos en un edificio situado en la parte derecha del Al-Bayzin, pasamos por un pasillo cubierto y salimos a un patio donde se podía ver toda la Alhambra en frente, cerquísima y a la perfección. Nos quedamos todos boquiabiertos por lo que estábamos viendo. Nada más dejar las cosas, hicimos una visita guiada con Ana del Carmen, una guía que ponía mucha pasión en todo lo que decía. Da gusto tener una guía así. Además tenía mucho sentido del humor. Recorrimos lo más destacado; las calles del Al-Bayzin, el mirador de San Nicolás y muchas más. Sobre las dos nos fuimos a comer una paella, que de todo lo que he comido hasta ahora era la mejor, sin duda.
A las tres visitamos la Alhambra con Ana del Carmen. Ella hizo que pusiera más interés por todo lo que nos iba contando. Yo ya había visitado la Alhambra, pero fue hace mucho tiempo por lo cual no me acordaba a la perfección de todo. La visita duró unas tres horas. Nos paramos en sitios emblemáticos para hacernos fotos como la fuente de los leones o en la torre principal donde se sitúan las banderas de Europa, España, Andalucía y Granada. Sinceramente me quedé alucinado cuando vi todos los detalles del diseño que constituye la Alhambra. Antes de ir de vuelta a la residencia, Lucía y yo fuimos a comprarnos un helado. El tiempo pasó y llegó la hora de la cena. Había un plato de carne con salsa y patatas y guisantes con beicon. Todo estaba tan bueno que repetí dos veces. Al terminar salimos fuera al patio para sacarnos una foto con las banderas y la Alhambra iluminada detrás.
A las diez menos cuarto salimos hacia un concierto de flamenco a veinte minutos de la residencia andando. Fue un espectáculo. No creí que me iba a gustar tanto. Me encantó el baile y sobre todo, como taconeaba el hombre. Estuve embobado, sonriendo a los taconeos durante minutos, sin exagerar. De hecho, al estar en primera fila, justo en frente de la tarima, a dos metros prácticamente de la pareja flamenca y con la bandera andaluza alrededor de mí, el chico me señaló con el dedo tres veces durante el espectáculo. Yo estaba muy emocionado. Fue una noche espectacular. Al salir, todos empezamos a tocar las palmas sincronizadamente de lo que nos había gustado. De vuelta a la residencia fui hablando con varios de los compañeros con los que he hecho buenas migas. Como tengo los gemelos muy cargados, le pedí a Félix, un monitor que da muy buenos masajes, que me hiciera uno allí. Ahora mismo no he notado ningún cambio pero no he andado nada para comprobarlo. Espero que me sirva porque mañana empezamos la subida al Mulhacén por la mañana. Haremos 20 kilómetros de subida y quiero estar en perfectas condiciones. Ya hay algunos compañeros que han dicho que no pueden hacerlo y que se quedan aquí. Son ya pasadas las doce, así que me voy a acostar que mañana me espera un día muy largo…
Decimonoveno día de la aventura: 8 de agosto de 2022
Nos montamos en el autobús y tardamos unas dos horas en llegar al punto de partida, un pueblo llamado Capilería. A las diez de la mañana empezamos la caminata hacia el refugio en el que íbamos a dormir. En la primera parte, paramos demasiado. El paisaje era de mucha vegetación con caminos rocosos, al principio con subidas y bajadas, pero luego solo subidas, Empezamos a una altura de 1200 metros y nuestro objetivo que es el Mulhacén está a 3483 metros.
La verdad es que la ruta me gustó mucho y además, tras el masaje en los gemelos de ayer ya no los tenía cargados por lo que ahora mismo no estoy nada cansado, o al menos no tanto como la mayoría. En la parte final de la caminata, después de pasar por una central hidroeléctrica empecé a cantar junto con otros en plena subida empinada. Pudimos coger un poco de agua en tres riachuelos distintos, donde también aprovechamos para lavarnos y refrescarnos un poco. En esos momentos hacía calor pero hubo también tramos en los que hacía un fresquito que daba gusto. A unas tres o cuatro personas les contó muchísimo llegar, hasta el punto en el que en la segunda mitad de la caminata tuvieron que ir de la mano con gente que tenía más ritmo. Lo bueno es que nadie se desmayó ni sufrió nada grave. Llegamos al refugio, que se llamaba Poqueira, a 2500 metros de altura; todos estábamos muy contentos y emocionados. Nos sacamos varias fotos ya que el sitio era una pasada. Se veía parte de la cordillera Bética. Algunos lloraron de la emoción, por el trabajo realizado y lo que habían conseguido. Así que coreamos sus nombres para que se motivara más y se sintieran orgullosos.
Cuando nos metimos dentro del refugio, colocamos nuestras cosas en las camas. Esta noche dormimos 24 en una misma habitación así que pinta bien. Tras eso me puse a escribir un rato, jugué con ocho compañeros a las cartas y nos fuimos a cenar.
Cenamos en el comedor del refugio y la verdad es que muy bien. Había lentejas calientes, ensalada de pasta con maíz, atún y más cosas, carrillada y de postre natillas. Se me olvidó contaros que hoy me salió una ampolla en la planta del pie. El médico me la explotó y mañana me pondré una tirita. Ya he organizado la mochila para mañana. Ahora son las ocho. Sí, cenamos a las seis y media y en nada nos vamos a acostar porque mañana nos levantamos a las cinco y media y tenemos que descansar mucho. Aun así, me iré ahora afuera a ver el paisaje tan bonito y el atardecer.
Ya estoy en la cama a punto de dormirme. Mañana nos espera un día muy largo. Subimos al pico más alto de la Península Ibérica. Dice Jesús Luna que es la quinta vez que lo sube, que desde el refugio hasta arriba cuesta unas tres veces más… Eso ya se verá. De todas formas lo subiré ya que no me he cansado prácticamente nada. Estaré y llegaré al punto más alto en el que haya estado en toda mi vida, a 3483 metros.
Vigésimo día de la aventura: 9 de agosto de 2022
Esta mañana nos levantamos por primera vez en voz baja ya que había gente desconocida en la habitación de al lado. A las seis menos cuarto bajamos a desayunar. Cuando entré al comedor no me podía creer lo que estaba viendo: ¡Había churros! Además no eran congelados. Madre mía, cómo estaban…
Empezamos la marcha y era de noche todavía. Al no haber nada de contaminación lumínica se veían todas las estrellas. Tuvimos que ir con luz frontal cuenta arriba durante los primeros cuarenta minutos. Andar en esas condiciones es algo que creo que en raras ocasiones volveré a repetir. A la hora y media salió el sol por la derecha, detrás de las montañas, así que aprovechamos para hacernos una foto a 2850 metros. Durante la mayoría de la subida iba callado para ahorrar energía.
Jesús dijo que esta subida iba a ser tres veces más difícil que la de ayer. Hubo cinco chicas que decidieron no subir de lo cansadas que estaban… cuánto más cerca estábamos del pico más frío y viento hacía. Tras tres horas y algo subiendo, llegamos a la cima, todos gritando y algunos llorando de la emoción.
Lo primero que hicimos fue abrazarnos todos juntos y luego una foto de los 24 que subimos, cada uno con su bandera. No se veía mucho con las nubes, solo montañas en la lejanía y poco más. A los cinco minutos empezó a llover, así que tuvimos que empezar la bajada pitando. En ese momento hacía un temporal… me traje un chubasquero, pero al empezar la última subida se lo dejé al colombiano y al empezar a bajar de las prisas ni se lo pedí. Así que bajé en pantalón corto y camiseta de manga corta. Casi cojo una hipotermia. Las piedras estaban mojadas así que había que tener cuidado pero aun así fui medio rápido porque quería llegar cuanto antes al punto de altura donde no llovía. Al llegar al refugio salieron corriendo a por nosotros los que se habían quedado y nos abrazamos todos.
A las dos repartieron la comida y justo después llegó el helicóptero de la Guardia Civil y nos lo dejaron ver. Fue increíble. Luego entramos dentro del refugio y el teniente, el piloto y sus compañeros nos dieron una charla sobre cómo rescataban y salvaban vidas. Fue bastante interesante. Cuando empezamos la bajada, despegó el helicóptero y pasó a toda velocidad a unos trece metros por encima de nosotros mientras el piloto sacaba la mano para despedirse. Estábamos todos flipando mientras saludábamos. Al principio hubo bastante subida y luego, fue todo bajada. A muchos les costó más la bajada por el dolor de las rodillas ya que todo el peso se aguanta ahí. La mayoría de la pendiente era muy empinada. Yo iba comiendo unos bocatas. Eso sí, hubo mucha falta de agua. Tuvimos que bajar unos dos mil metros para llegar a donde nos esperaba el autobús. Nada más llegar al pueblo había una fuente y rellené la botella, me mojé la cara y bebí. Al llegar al autobús me encontré a un niño de unos once años en la puerta de su casa, en una calle estrecha. Estaba comiendo jamón.
En el autobús fuimos bastante pesados y no dejamos dormir a nadie por las risas y los gritos. Tras unas dos horas y media llegamos a la residencia, que como os conté está justo en frente de la Alhambra. Abrazamos a todos los que se quedaron allí y que no pudieron subir el Mulhacén por las lesiones. Algunos hasta lloraron. Fue un momento muy emotivo. Después nos fuimos a cenar.
Había champiñones, judías, empanadillas y filetes de ternera. Acabé que no podía más. Me dolía la barriga… no estaba en buenas condiciones. Me vine al cuarto de Claudia a escribir y a hablar con las chicas. Ahora mismo estoy en el patio disfrutando de unas de las mejores vistas que uno pueda tener. En frente tengo la Alhambra, toda iluminada. Me quedé un rato mirándola y creo que voy a dormir aquí mismo en mi esterilla. Mañana nos vamos a Ceuta.
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