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El Paso de Benalmádena, 75 años de legado vivo de cultura y tradición

Benalmádena se transforma a partir de las 11.00 horas de este Jueves y Viernes Santo en la Jerusalén que vivió la Pasión de Jesucristo y por unas horas, el parque rústico El Retamar es testigo en vivo y en directo de los últimos episodios de su vida, muerte y resurrección.

Vuelve El Paso, la celebración popular y religiosa más singular y antigua de Benalmádena pueblo. Declarada Fiesta de Interés Turístico Provincial y Premio Nazareno del Año, la representación benalmadense goza cada año de más afluencia de público, siendo uno de los principales alicientes culturales de la Semana Santa malagueña.

Este año, con motivo de la conmemoración de su 75 aniversario fundacional, el Ayuntamiento se ha volcado para que El Paso de Benalmádena tenga la proyección internacional que merece a través de vídeos promocionales, contenido audiovisual de alta calidad y una campaña vibrante, que está creando gran expectación en torno a esta edición tan especial, en la que nos aguardan muchas sorpresas sobre ese escenario natural que es el parque rústico El Retamar.

El Paso de Benalmádena se divide en 35 escenas -aunque en esta edición como novedad se han incluido algunas más-, desde el sacrificio de Isaac por Abraham hasta la resurrección de Jesús.

El texto es el mismo que se utiliza en otras representaciones de la Pasión que se interpretan en la provincia, pero el benalmadense, bajo el respeto al relato bíblico, se ha ido adaptando con el devenir de los años, con la peculiaridad de que fusiona verso y prosa.

A ello se suma la singularidad de que, entre cada escena se interpretan saetas y bailes, que introducen al espectador en lo que a continuación se narra, y sobre todo, lo hace inédito, el cariño que profesan los benalmadenses a la Pasión de Jesús en la construcción de un relato que desborda autenticidad.

Los orígenes

Nadie conoce en Benalmádena la fecha exacta en la que se escenificó El Paso por primera vez, y los vecinos más mayores, que aun hoy interpretan a alguno de los personajes bíblicos, lo que recuerdan es que ya participaban sus padres y abuelos.

Los orígenes bien pudieran remontarse a los tiempos de los Reyes Católicos, cuando era costumbre representar algunas escenas sueltas en la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, la cual, por cierto, se edificó por mandato real sobre los restos de la mezquita árabe de Benalmádena pueblo, arrasada en 1456 por los ejércitos cristianos, al mando del rey Enrique IV de Castilla.

Entre la escasa documentación existente, encontramos una pista sobre cuán antiguo es en el acta de un Pleno ordinario celebrado el 11 de febrero de 1950, que recoge la solicitud de autorización realizada por Francisco Beltrán Márquez, Miguel Arce Ramírez y Juan García Álvarez para poder retomar la escenificación de El Paso de Benalmádena, que “hacía más de 30 años que no se celebraba”. También pedían la creación de una comisión efectiva para su organización y que, para sufragar gastos, se abriera la suscripción de donativos.

Tras obtener la venia del gobernador civil de Málaga, el obispo de Málaga y el párroco de Benalmádena, José Real Marín, en el punto tercero del Pleno extraordinario del 25 de marzo de ese mismo año queda constancia de la aprobación del “alquiler de 2.000 sillas” para acomodar al público asistente a la obra. Lo que nos sitúa en que ya en la década de los años 20 se escenificaba El Paso de Benalmádena, aunque no de forma continúa, como también ocurría en años venideros con motivo de distintas circunstancias.

Escenarios y fechas

Los escenarios de El Paso de Benalmádena han ido cambiando a lo largo de los años. En su origen se celebraba en la propia iglesia para pasar a la plaza España, a la que tomó el relevo la plaza de Andalucía y más tarde, los terrenos que ocupan la Casa cuartel de la Guardia Civil, en el monte Araceli y la finca Las Mimosas, hasta llegar hasta su actual ubicación en el parque rústico El Retamar, donde se han construido los distintos escenarios que dan vida a los templos, palacios y casas de Jerusalén.

Los días en los que se celebraba tampoco siempre han sido los mismos, ya que en la España de mediados del siglo XX, los últimos días de Semana Mayor estaban dedicados a la oración y al recogimiento en silencio, solo roto por la música sacra y las crónicas cofrades radiofónicas y televisivas, por lo que se representaba el Martes y el Miércoles Santo.

La pasión de un pueblo

Resulta curioso comprobar en este 75 aniversario fundacional de El Paso, como, cuando tras la Guerra Civil se retomó esta tradición en Benalmádena, ya auguraba José María Bernils, que fue uno de los directores de la obra, que “de seguir el entusiasmo de los vecinos en sus interpretaciones y la pujanza que lleva, El Paso de Benalmádena llegará a ser la mejor representación de la Pasión de Cristo en España”. No iba mal encaminado pues solo hay que ir este Jueves y Viernes Santo al parque rústico El Retamar para comprobar que El Paso de Benalmádena no tiene igual.

La entrega, talento y maestría de los benalmadenses que actúan en El Paso es digna de admiración. Una madurez interpretativa difícil de encontrar en actores aficionados y más propia de profesionales. Literalmente, cuenta su directora, Lola Guerrero, “se transforman en el personaje que interpretan, lo sienten dentro” y es por eso que la obra cala tan hondo en los espectadores, porque dejan de ser ellos mismos para convertirse en aquellos personajes que participaron de los últimos días de la vida de Jesucristo.

Precisamente, esta entrega es una de las características que hace único a El Paso benalmadense. En una crónica de junio de 1989, uno de sus primeros directores, José María Bernils Palacios, evocaba cómo su homólogo anterior, José Beltrán, le relató anécdotas de aquellas primeras ediciones de la representación viviente de la Pasión y muerte de Cristo en nuestro municipio. “Cómo no recordar la figura esbelta y flaca de José Balbuena, ‘Joselito el de la Brígida’, encarnando majestuosamente a Cristo en la Pasión, ¡Cómo llegaba al alma del pueblo su representación!”, escribía Bernils. Aquel protagonista principal “vivía profundamente durante los 365 días de cada año su papel” e ironías de la vida, su hijo Pepe Balbuena, que era cabo de la Policía Local, encarnaba el papel de Pilatos, y lo condenaba a muerte en la cruz cada Semana Santa.

De la edición de El Paso de 1969 nos llega hasta nuestros días como el profundo silencio respetuoso que se respiró en toda aquella larga representación lo rompió, fuera de libreto, Barrabás -hoy día en activo en la obra-, en el momento de su prendimiento, que “con su tosco sayal y perseguido por los soldados romanos en su fuga, se acercó a la primera fila del público y arrebató a una extranjera su bolso. Por unos instantes el estupor apareció en los rostros del grupo de turistas, que metidos en el verismo de la escena, acudieron a nuestros municipales para que les auxiliasen”.

También recordaba Beltrán con ternura a Miguel Arce Ramírez, “gran maestro y juez de paz y ante todo, un hombre que se desvivía por prestar su colaboración en la obra. Y que ahora contempla la escenificación de El Paso desde las cercanías del propio Cristo en los cielos”.

Tal y como ocurre hoy, aquellos primeros actores lo daban todo por mejorar la puesta en escena de El Paso. Doña Martina, que era maestra, llegó a dejar su casa sin cortinas de terciopelo para vestir las casas de Herodes y Herodías. Son tantos vecinos y vecinas los han dejado su impronta, su cariño y dedicación en esta obra…

Masiva participación de jóvenes

El Paso de Benalmádena crea alianzas entre vecinos de todas las edades y siempre ha atraído a los jóvenes del municipio. Mirando hacía 1986, en el que se retomó la representación tras catorce años de pausa, vemos como El Paso revivió con “la masiva participación de la juventud, que recogió con notable entusiasmo la antorcha que dejaron quienes venían interpretando este evento en Semana Santa”. Tanto fue así, que a su director en aquella edición, Jacinto Esteban, no le quedó otra que ampliar el vestuario para que todos los jóvenes pudieran participar ese año. Lo mismo ocurre en la actualidad, con una juventud totalmente entregada.

Al mal tiempo, buena cara

Unos benalmadeses tan entregados siempre a esta cita de la Semana Santa, que ni siquiera se han achantado frente a las zancadillas de las inclemencias del tiempo, bien por el sofocante sol o por el fuerte viento, como ocurrió en 1988, cuando un vendaval destrozó todos los decorados, en aquel entonces ubicados en la zona de Las Mimosas. El Templo, las casas de Pilatos, Caifás, Anás, Heredes y la Cena, así como el resto de escenificaciones fueron arrasados por la fuerza del inesperado viento en aquella primavera.

“En otra ciudad, el desolador panorama hubiera sido causa más que suficiente para que no tuvieran lugar las representaciones de El Paso, pero en Benalmádena no, porque aquí es nuestro pueblo quien escenifica de forma completamente altruista y con un cariño inmenso la Pasión de Jesús y en nuestro municipio, que no se cuente con decorado no es motivo suficiente para que no se escenifique El Paso”, recogen las crónicas de la época.

Jacinto Esteban y su ayudante de dirección, Vicente Úbeda, apretaron fuerte los dientes y junto con los actores dijeron: “Nosotros sí o sí, representamos El Paso” y, juntos, lucharon a marchas forzadas, contra el reloj, improvisando y agudizando el ingenio para “recuperar lo recuperable del deteriorado decorado”. Al final, aquel público que asistió el Jueves y Viernes Santo a la representación “premió con su masiva asistencia y numerosos aplausos el esfuerzo generosamente derrochado por todos los vecinos para que Benalmádena tuviera su Paso un año más”.

Herencia y tradición

Y es que, El Paso de Benalmádena es una de esas tradiciones que pasan de generación en generación y que son como un signo de identidad que obtienes al nacer y, aunque no sabes cuál es la razón, no quieres deshacerte nunca de ellas.

Durante la niñez vas observando en silencio cada gesto, analizas y admiras cada escena, escuchas detenidamente cada palabra que dicen los vecinos que actúan en la obra e incluso intentas memorizar esas frases cuyo significado te es desconocido, pero que hacen que, de pronto, tu corazón palpite fuerte.

Quizás no llegas a entender los motivos por los cuales hay tanto ajetreo esos dos días de abril en Benalmádena pueblo, ni por qué no hacen más que llegar ‘guiris’ como si no hubiera un mañana. Te asombra ver a tus padres vestidos de una forma rara, con trajes tan extraños, pero a la vez tan familiares, pues llevas meses viendo a tu abuela cosiéndolos con mimo y sumo cuidado en el salón de su casa.

Y así, sin darte cuenta, florecen en tu interior unos sentimientos que hacen que vivas la tradición de El Paso con una inmensa pasión, que quieras interpretar un papel por pequeño que sea, que hables de ello con tus amigos y con esos compañeros de colegio que llegan de fuera y que ni se imaginan estas maravillosas tradiciones que atesora Benalmádena.

Y, después, cuando eres más mayor, da igual donde vivas, da lo mismo lo lejos que estés de Benalmádena que no pierdes esa identidad, porque para ti esa herencia cultural no tiene precio. El Paso de Benalmádena es precisamente eso, una herencia. Participes en su interpretación o como espectador, es una herencia cargada de experiencias y momentos únicos que se vive con añoranza por aquellos benalmadenses que suman un año más de recuerdos a sus espaldas y con ilusión por quienes lo sienten por primera vez, pero siempre con la fuerza que da la unión para que ese legado nunca acabe en el olvido.

El Paso cumple este 2025 sus 75 años fundacionales y sus protagonistas aseguran que “cada trazo de nuestro presente lleva el alma de quienes nos precedieron, aquellos vecinos que con pasión y entrega hicieron de El Paso de Benalmádena lo que es hoy”. Su legado sigue vivo, narrando, emocionando, siendo luz y escena que clama para que lo preservemos para futuras generaciones.

Vivas en Benalmádena o estés de visita en estos días festivos, no puedes dejar pasar la oportunidad de vivir en directo El Paso este Jueves y Viernes Santo en el parque rústico El Retamar a las 11.00 horas y formar parte de nuestras tradiciones, de nuestra cultura, y en definitiva, de Benalmádena.

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