Sergio García Gutiérrez, especialista en psicología infantil
Los terrores nocturnos son un tipo de parasomnia, en la que el niño “parece estar despierto” porque suele sentarse o incorporarse en la cama, e incluso tiene los ojos abiertos, llora o grita intensamente, tiene sudoración y parece estar muy alterado.
Durante esta situación, el niño se encuentra en un estado de semiinconsciencia más cercano al sonambulismo. No se da cuenta de lo que está ocurriendo a su alrededor, no recuerda nada al día siguiente y no tiene imágenes mentales que pueda evocar. Este tipo de episodios a veces son tan llamativos que algunos padres, ante la imposibilidad de calmar a su hijo, y la sospecha de que pueda estar sufriendo un gran dolor o alteración física, acuden muy asustados al servicio de urgencias.
En realidad, los terrores nocturnos no suponen ninguna afección o dolencia grave para quienes los padece, pero pueden ser muy perturbadores para quienes los contemplan, tanto por la manifestación del fenómeno en sí, como por la incapacidad de controlarlo.
A medida que el niño va desarrollando su mente, su mundo se va volviendo más complejo y estos cambios pueden evidenciarse en la alteración del sueño. Una forma de exteriorizar sus miedos transitorios son los terrores nocturnos, que son similares a una pesadilla, pero mucho más intensos y con situaciones de miedo real. Los terrores nocturnos, también llamados “miedos del sueño”, no son sueños como tal, sino una reacción repentina de temor que ocurre durante la transición de una fase del sueño a otra. Suelen tener una duración corta, de unos pocos minutos. Los motivos más comunes por los que suelen darse, pueden ser cansancio extremo, estrés, interrupciones en el horario para dormir, fiebre, consumo de algún medicamento, patrones anormales de respiración, trastornos del estado de ánimo, etc.
La diferencia entre las pesadillas y los terrores nocturnos, es que el niño que vive la pesadilla suele despertarse y ser totalmente consciente de lo que ocurre a su alrededor, recuerda claramente el episodio a la mañana siguiente y tiene imágenes mentales que puede evocar. Cuando un niño despierta asustado tras haber vivido una pesadilla, se siente totalmente reconfortado ante la presencia de sus padres, que lo calmarán con caricias y palabras de tranquilidad. Otra diferencia es que la pesadilla es un fenómeno mucho más habitual que todos vivimos en un momento u otro de nuestras vidas.
A veces, los terrores nocturnos pueden estar acompañados miedo intenso, gritos atemorizantes, sonambulismo, sentarse en la cama, mirada fija con los ojos muy abiertos, sudor, respiración y pulso acelerado, cara ruborizada y las pupilas dilatadas, puede patear o pegar, se llega a sentir confundido si se despierta estará confundido, apenas recordará el suceso a la mañana siguiente. A veces, los niños pueden llegar a salir de la cama, y correr por la casa, teniendo incluso una conducta agresiva si se le impide el paso o se les trata contener.
Cuando vuestro hijo tenga un episodio de terror nocturno, los padres debéis mantener la calma, no interactuar mucho con él, si el peque ha salido de la cama, acompañarlo sin despertarlo o interferir (aunque pueda resultar difícil), permanecer a su lado en silencio y sin intentar interactuar, velando por su seguridad para que no se lesione mientras dura el episodio, no generarle más temor, hablarle bajito y con suavidad para darle seguridad en ese momento en el que sucede el episodio de terror nocturno.
Mis consejos para “prevenir” los terrores nocturnos…
1.La televisión es el enemigo: Tenemos que vigilar que ven los niños durante el día en la televisión, y jamás tenerla delante antes de dormir o unas horas antes, el simple movimiento de los dibujos basta para excitar a los niños. La televisión no relaja.
2.Tener momentos de tranquilidad durante el día: Si el niño está teniendo terrores de forma frecuente, buscad actividades diarias que le relajen: manualidades, escuchar música, yoga, deporte, entre otras, cada niño es un mundo y lo que relaja a uno no le relaja a otro, hay que buscar lo que mejor se adapte a cada niño.
3.No amenazarles con cosas que asustan: “Si no te portas bien vendrá el hombre del saco” entre otras. Esto solo consigue aumentar el temor en niños que creen que el famoso hombre del saco vendrá cuando él se quede solo en su habitación por las noches. Tampoco debemos permitir que amigos o hermanos mayores cuenten a los niños historias de miedo.
4.Tranquilidad y rutina: Es la combinación perfecta para acabar con los terrores nocturnos. Tenemos que procurar que los niveles de activación del niño sean bajos a la hora de irse a dormir, por lo que todo el ritual previo tiene que ser mediante un ambiente tranquilo y constante, se tienen que cumplir siempre los mismos horarios y el mismo ritual antes de irse a la cama.
5.Cuentos: Los cuentos nos transportan a sitios imaginarios muy lejanos, tan lejos como la imaginación del niño quiera llegar. El último paso del ritual para irse a dormir tiene que ser el cuento, es el momento en el que el niño puede relajarse mediante un clima agradable. Siempre cuentos asociados a situaciones agradables.
6.Seguridad: Un muñeco, un cojín, un balón, un trapito, entre otros elementos. Todos los niños tienen al menos un objeto que les brinda seguridad, es importante que se vayan a la cama con él para sentirse más tranquilos y seguros, permite que el niño pueda dormir con su objeto preferido.
7.La decoración importa: Sabanas de superhéroes o princesas, o cualquier personaje favorito, habitación decorada al gusto del niño. Es importante que el niño esté a gusto en su habitación, que le resulte un lugar agradable y no solo el sitio en el que duerme y tiene terrores. Es importante que, durante el día, pase algún rato en este lugar agradable para que empiece a relacionarlo con algo positivo.
En resumen, los terrores nocturnos son fenómenos benignos y limitados en el tiempo., lo que se debe tratar no es la parasomnia en sí, sino la causa que está alterando el sueño del niño.
