Sergio García Gutiérrez, especialista en psicología infantil
El objetivo de la educación debería ser enseñar a los niños a comportarse adecuadamente, a controlarse y a mostrar respeto hacia los demás. Si sabemos qué queremos enseñar, y lo que nuestros hijos pueden aprender según su edad, será un poco más fácil poner en práctica las estrategias necesarias para conseguirlo.
Hay que tener en cuenta que cuanto más sencillo sea el mensaje que se les quiere enseñar, y menor sea el tiempo que transcurre entre la acción y su consecuencia, más fácil será el aprendizaje.
La aprobación de los padres es una de las mayores motivaciones de los niños desde que nacen, es la mayor recompensa que pueden obtener.
Los problemas surgen cuando los padres se concentran demasiado en las conductas negativas, y no ven las cosas buenas que sus hijos hacen para complacerlos o no les prestan atención. A menudo, estos problemas de disciplina desaparecen cuando los padres reorientan su atención al aspecto positivo y pasan por alto el negativo. Si el niño siente que es capaz de hacer lo que las personas importantes (para él) quieren que haga, se sentirá orgulloso de sí mismo y sabrá responder mejor a la próxima dificultad que la vida le presente.
Si las instrucciones son demasiado generales como «pórtate bien» o «sé bueno» no tendrán mucho sentido para los niños de corta edad, y no serán útiles. Por ello, lo mejor es que se especifique lo que quiere que haga el niño con instrucciones claras tales como «no grites» o «devuélvele el juguete a tu hermano». Si saben lo que se espera de ellos pueden hacerlo de forma sencilla.
Son muy pocos los niños que entienden el concepto «ordena tu cuarto», ya que es una orden demasiado larga. Los niños responden mejor a instrucciones más breves e inmediatas como «recoge los bloques» o «pon tu ropa sucia en la cesta». Si logran realizar varias tareas pequeñas con éxito, se sentirán animados para hacer la próxima. Por tanto, propongo que se divida la tarea en pequeñas tareas concretas.
Es evidente que, si la consecuencia ocurre mucho después de la conducta realizada, el niño no aprenderá casi nada. Las consecuencias deben ser «un poco» inmediatas. Cuanto más pequeño sea el niño, más corto deberá ser el periodo de tiempo que transcurre entre la acción y su resultado. Recompensar una semana más tarde no funcionará.
Los niños muy pequeños saben que la palabra «no» significa dejar de hacer lo que están haciendo, pero no pueden pensar en otra alternativa, si aún tienen la tentación a la mano. Por ello, si todo son prohibiciones al final no prestará atención a ninguna de ellas. Los padres deben elegir las batallas que quieren «pelear», y enfocarse en uno o dos temas como máximo a la vez. A medida que se vayan superando esos temas se podrán elegir otros.
Por último, si los padres están muy disgustados no podrán enseñarle nada que sea realmente importante. Recomiendo que se den un respiro. Es fundamental evitar perder el control, pueden salir del cuarto y volver a entrar cuando estén en condiciones de afrontar la situación con serenidad.
