jueves, diciembre 1, 2022
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Benalmádena en su historia

Benalmádena, pese a ser un pueblo pequeño de apenas 27 kilómetros cuadrados, protegido por una barrera montañosa del duro clima continental y con solo ocho kilómetros de costa,  tiene en su haber una historia profusa que comienza antes incluso que la propia historia, cuyo inicio  situamos en la aparición de la escritura, es decir, apenas hace 5.000 años.

Todo lo que existe antes  es prehistoria y no es nada despreciable porque la existencia de vida se calcula en unos 3.500 millones de años y la aparición de los homínidos sobre la tierra se fecha en apenas unos 150.000 años, es decir la del homo sapiens, que inició la colonización de Europa hace 40.000 años y la de España hace 30.000 años. Nosotros tenemos evidencia de vida en Benalmádena desde hace 20.000 años, que corresponde en el Paleolítico Superior al llamado periodo Solutrense porque sus principales hallazgos se engloban en los de los yacimientos estudiados en la región de Solutre, en el Loira francés.

La demostración de la existencia de estos primeros benalmadenses se deduce del estudio de las cuevas que habitaron, la más importante de las cuales es la Cueva del Toro situada en el monte Calamorro. Aunque hoy día la vegetación que observamos es monte bajo (matorral, esparto, tomillo, altabaca, adelfas, jara, retamas, etc.), antiguamente lo que había eran encinares y alcornocales, regados por arroyos más numerosos y caudalosos que ahora. La llegada de estos nuevos pobladores es favorecida por el clima benigno una vez superadas las  glaciaciones que tuvieron a Europa prácticamente congelada.  

La Cueva del Toro fue estudiada en los años setenta del pasado siglo por Fortea Pérez y Giménez Gómez. Su acceso es complicado, a unos 500 metros de altura y aunque está protegida por una verja colocada por el ayuntamiento, durante años ha sufrido actos vandálicos. 

Consta de dos salas, una pequeña y otra grande en cuya pared, la única posible, se encuentra pintado un bóvido acéfalo acompañado por otros signos verticales, y una serie de puntos, todo ello en color rojo y algunos puntos en negro. Su significación se ha interpretado como la de un santuario o lugar de reunión de diversos grupos, como otros que existen a lo largo de la costa andaluza (Ardales, Nerja, La Pileta, etc.). En la misma Benalmádena existen otras cuevas que corroboran la existencia de un pasado prehistórico como la cueva de Sahara, de la Zorrera, de los Botijos, etc. Pero de cronologías menos antiguas, según los estudios realizados en el pasado (Neolítico).

La cultura de las cuevas nos muestra a una población que deja de ser nómada y se asienta en un hogar estable, guareciéndose de las inclemencias y sobreviviendo de los recursos de que dispone mediante la caza, la recolección de frutos silvestres y la pesca. Conforme avanza el Neolítico aumentan los materiales producidos como los molinos de mano, la maza, etc., y más adelante aparecerá la ganadería y el cultivo (Soledad Navarrete Enciso, de la Universidad de Granada, ha estudiado ampliamente el tema).

A través del mar, gran puerta de comunicación y atraídos por las riquezas naturales de nuestros territorios, llegan los fenicios a distintos enclaves de la provincia de Málaga. Primero al Cerro del Villar hacia el siglo IX a.C., yacimiento que precisamente está siendo estudiado por la Universidad de Málaga ahora mismo. Allí fundan su primer asentamiento en Málaga, y siglos después, hacia el siglo VII-VI a.C se funda Malaka.

En Benalmádena está el yacimiento de Cerro de la Era, situado en la desembocadura del Arroyo de la Miel, en un cerro localizado a unos quinientos metros de la costa (en las inmediaciones de la antigua avenida Erasa), cuyo origen data del siglo VII-VI a.C., aunque probablemente sea incluso más antiguo. No se trata de un asentamiento fenicio, sino de un poblado indígena, que tuvo contacto con fenicios que estuvieron asentados en otras zonas de Málaga.

Imagen del yacimiento de Cerro de la Era. Foto: Gpdelasinfantas

La conocida como mina de la Trinidad, antigua explotación de ocre, tiene su entrada junto a la Estupa budista, siguiendo un sendero que pasa bajo la autovía y que se hace en 30 minutos para llegar a una verja que protege la entrada, esta vez de forma efectiva porque se requiere un permiso para visitarla.

Mina de la Trinidad. Foto: Diputación de Málaga.

El hierro es un metal duro muy abundante en la naturaleza pero requiere una tecnología compleja (refinado, fundido, forjado y templado) por lo que tardó en generalizarse su utilización. El ocre es mezcla de tierra con óxido hidratado que se utiliza para pintar.

En el siglo VIII antes de Cristo comienzan a desarrollarse las culturas clásicas griega y romana. Los romanos llegan a Benalmádena en el siglo II antes de Cristo y su influencia supone un importante avance en cuanto a organización social y cultural. Se produce un gran desarrollo comercial basado, ahora, en la riqueza marina cuyo centro operativo estaría situado en Torremuelle como importante puerto, sin olvidar la famosa villa romana o Benalroma en cuyos restos se sigue trabajando. No podemos imaginar, desde los restos que nos han quedado, la importancia de esta factoría quizás de salazones y garum, ni de la villa en consonancia posiblemente, ya en aquel tiempo, con el valor de Benalmádena como centro de recreo y descanso.

Tras este periodo de desarrollo llega una etapa de oscurecimiento y despoblación con el apogeo de las culturas bárbaras que se asientan sobre los restos de la sólida estabilidad romana.

El esplendor vuelve a brillar con el desarrollo de la cultura islámica a partir del siglo VIII. En esta ocasión se desarrolla la actividad agrícola con la parcelación de la tierra y el auge comercial. Se introduce la caña de azúcar, los higos, la uva y la morera componiéndose una nueva estructura social que se aglutina en torno a una villa amurallada y una fortaleza que suponen el inicio de Benalmádena pueblo.  

El desarrollo humano da lugar a la investigación del origen del  gentilicio y topónimo local como benamainos, benamaderos o benalmadenses, es decir, ben-al-madena como hijos de la familia Madena, como hijos de las minas o simplemente como hijos de la ciudad. Pero el hito intelectual más importante y de mayor proyección que demuestra este florecimiento, lo constituye la figura de Diya Al-Din, Abu Muhammad Abdllah Ibn Amhad, nombre complejo que no nos dice nada, pero sí los apodos por los que era conocido, al-Andalusi, (el andaluz), al-Malaqui (el malagueño) al-Nabatí (el botánico), y sobre todos, al-Baitar (el hijo del veterinario), médico y botánico que nació en 1190 y llegó a ser Jefe de botánicos en el Cairo como experto jefe de todas las plantas y sus propiedades, del mundo conocido, terminando como visir en Damasco. Alcanzó, por tanto, la categoría de sabio reconocido, y a decir de uno de sus discípulos, Benalmádena no solo fue su lugar de nacimiento sino el origen de su sabiduría.

La alternancia ideológica con su preponderancia ocasional termina con este bienestar y en 1454, Enrique IV de Castilla el Impotente, hermano de Isabel la Católica, lleva a cabo dos expediciones guerreras contra el gobierno nazarí de Granada en una de las cuales arrasa Benalmádena en una misión de desgaste y castigo, que es completada poco después en 1485 por las tropas de su hermana en la toma definitiva de Granada (1492).

Los benalmadenses se refugian en Mijas y alrededores pero el pueblo queda destruido y  despoblado. Para remediarlo los Reyes Católicos nombran al primer alcalde local en la figura del ecijano Alonso Palmero, con la misión de conseguir la reconstrucción y repoblación de la localidad, empresa que se demostró, no solo difícil por los habituales asaltos de los piratas, sino imposible por la imprevisible aparición de un terremoto que repitió en el siglo XVII en esta ocasión acompañado de maremoto que destroza tierras, playas y viviendas.

Alonso Palmero.

Para recuperarse, Benalmádena hubo de esperar a las políticas económicas ilustradas de Carlos III, que intenta levantar la economía mediante la reconstrucción y transformación nacionales centrado sobre todo en la circulación de bienes. Fruto de ello fueron la creación de las Fábricas Reales, auténtico inicio de industrialización del país, para mejorar el aprovechamiento de los recursos propios y atender las demandas, en su mayor parte suntuarias, del momento. Muchas de estas Fábricas fueron urbanas como la de Porcelanas del Buen Retiro o la de Paños de Guadalajara, pero otras fueron rurales como la Real Fábrica de Naipes de Macharaviaya, minúsculo enclave de la provincia malagueña, cuya influencia sobre Benalmádena resultó fundamental a través de la acción de dos personajes claves de su tiempo: José Gálvez y Félix Solesio.

La familia Gálvez era oriunda del País Vasco y llega a Andalucía acompañando a las tropas de Fernando III, el Santo, y tras colaborar posiblemente en la toma de Córdoba, se asientan en el pueblo cordobés de Santaella en 1240. Doscientos años más tarde (sin demostrada relación con los anteriores), un Antón de Gálvez que destaca en la toma de Granada, es considerado el origen de los Gálvez de Macharaviaya y Benaque, porque poco después, Alonso de Gálvez apodado el Rubio, tras su participación en la guerra de las Alpujarras recibe tierras y bienes (viñas y frutales) en estos enclaves. Los Gálvez fueron regidores en ambas localidades lo que denota que alcanzaron una notoriedad local que no se acompañó paralelamente de un bienestar económico, debiendo asumir incluso las labores de pastoreo.

No obstante el genio familiar asoma en el siglo XVIII tras el matrimonio de Antonio de Gálvez y Carvajal con Ana Gallardo y Jurado, unión de la que nacieron seis hijos, Matías, José, Miguel y Antonio (y otros dos que murieron prematuramente), el más destacado de los cuales es José de Gálvez y Gallardo (1720-1787) que estudió leyes gracias al mecenazgo del obispo de Málaga y tras obtener un gran prestigio en Madrid como abogado, pasa a la secretaría de estado de Carlos III y posteriormente es nombrado Visitador del Virreinato de Nueva España y miembro honorario del Consejo de Indias. A su vuelta ingresa en la orden de Carlos III y recibe los títulos de Marqués de Sonora y Vizconde de Sinaloa, para ser nombrado Ministro de Indias desde donde ejerce una enorme influencia en el desarrollo político, económico y social tanto de España como de América.

Es de notar que la familia Gálvez es, posiblemente, más conocida en América que en España. Matías, el hermano mayor, llegó a ser Virrey de la Nueva España, Miguel, el tercero fue embajador ante la corte de Prusia y Antonio, el menor y menos brillante, fue administrador general de la renta del tabaco en Canarias, en la que tuvo muchos desaciertos por los que no llegó a ser condenado gracias a la influencia de su familia. Pero aún el hijo de Matías, también nacido en Macharaviaya, militar de profesión, llegó a ser gobernador de la Luisiana y Virrey de la Nueva España, recibiendo los títulos de conde de Gálvez y Vizconde de Galveston, fue un decidido defensor de la causa americana lo que le ha valido ser nombrado ciudadano de honor de los EEUU en el año 2014, casi 300 años después de finalizada la guerra de independencia americana.

Félix Finarius Solesio y Buraggi (1739-1806) era natural de Finale Ligure (Savona, Italia), de origen genovés (al que pertenecía el marquesado de Finale después de haber pertenecido al reino de España desde 1598 a 1714), de familia ilustre aunque probablemente no adinerada lo que pudiera condicionar su emigración a España (un hermano mayor, Laurentio, grabador, lo haría a Portugal), a donde llega en 1761 instalándose en los alrededores de Madrid, concretamente en Vallecas, donde se le conocen domicilio, familia, créditos y deudas, todos ellos relacionados con la elaboración de papel y la fabricación de naipes, labor que parece llevó a cabo para la Real Fábrica de Naipes de Madrid, cuya capacidad para este trabajo le valió la obtención del contrato del siglo, es decir, la dirección de la Real Fábrica de Naipes de Macharaviaya en Málaga.

La Real Cedula de Creación de esta fábrica está datada en Agosto de 1776 propiciada por D. José de Gálvez y Gallado, ministro de Indias, y bajo la dirección de Félix Solesio con una serie de privilegios entre los que sobresalen contar con la exclusiva del mercado americano (en donde se prohíbe la fabricación de naipes), exenciones fiscales, jurisdicción especial, etc., todo ello durante diez años.

Con este ventajoso bagaje llega Félix Solesio a Málaga para observar rápidamente que la escasez de papel es el principal impedimento para elaborar las cartas de Macharaviaya por lo que decide fabricárselo él mismo en un lugar próximo con agua abundante que encuentra en el Cortijo de Arroyo de la Miel en Benalmádena, en donde construyó en principio una casa-fábrica que luego amplió a seis batanes, más casas y una iglesia. Con todo ello dio lugar a un complejo urbano que llamó San Carlos en honor de Carlos III, denominación que no ha conseguido perpetuarse, pero que constituye el inicio o fundación de Arroyo de la Miel.

Al amparo de esta actividad industrial, tanto Benalmádena como Arroyo crecen en demografía y negocios, a los que se suman el auge del cultivo de la vid, producto estrella de la agricultura malagueña. Pero todo ello decae en el siglo XIX que fue testigo del cese de la actividad de los naipes debido al fin de la exclusividad de su fabricación, al retraimiento de la agricultura y el comercio, a la crisis de la filoxera y a las epidemias de paludismo, tifus y cólera que abocan a una emigración indiscriminada de sus habitantes en busca de mejores expectativas.

Imagen del tren conocido como la ‘Cochinita’ a su paso por Benalmádena. Foto: Fondo local de Benalmádena.

A principios del siglo XX llega el ferrocarril de la mano de inversores belgas que no se desarrolla debidamente hasta una vez superada la importante crisis de la Guerra Civil con nuevas detentaciones de ideologías e influencias. Se produce a partir de entonces el moderno resurgir de Benalmádena de la mano de la explotación de un recurso hasta ahora no considerado: el turismo, que busca beneficiarse de las óptimas condiciones climatológicas que privilegian al lugar. Se desarrolla a partir de ahora el tercer núcleo urbano del municipio como Benalmádena Costa  a través de la construcción de innumerables urbanizaciones y chalets que establecen el aspecto urbano que ahora conocemos.

Imagen de la avenida Antonio Machado en Benalmádena Costa en 1970. Foto: Laura Montes Guillén

  • Agradecer la generosa disponibilidad del material bibliográfico, propio y atesorado en la Biblioteca Pública de Arroyo de la Miel que ha hecho posible la realización de este artículo.
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