viernes, septiembre 11, 2026
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Lara abre la Oficina de Turismo de Benalmádena un mes después de inaugurarla y sin explicar aún el cierre de las playas

Hay una diferencia entre inaugurar, y abrir, y en Benalmádena ese matiz le ha costado un mes entero a los turistas que nos visitan. El 20 de julio, el alcalde Juan Antonio Lara posaba junto a la delegada de la Junta de Andalucía en Málaga, Patricia Navarro, ante las cámaras que documentaban la culminación de la reforma del Castillo El Bil-Bil. Se habló de modernidad, de sostenibilidad, de un proyecto “estratégico” para el municipio. Lo que nadie explicó aquel día es que la nueva Oficina de Turismo tardaría treinta y cinco días más en atender a su primer visitante real. Mientras la fotografía institucional viajaba a los medios, el edificio permanecía cerrado en pleno agosto, la temporada en la que Benalmádena más turistas recibe y más necesita un punto de información operativo. Y sobre otro asunto que también ha marcado el verano en Benalmádena —el cierre de cinco playas del municipio por reacciones dérmicas en los bañistas, cuya causa aún no se ha aclarado—, el alcalde tampoco ha encontrado el momento de dar explicaciones.

Inaugurar no es lo mismo que abrir

El acto del 20 de julio no dejó dudas sobre las intenciones del Consistorio: autoridades autonómicas, discursos solemnes, referencias a la “modernización” y la “sostenibilidad”, y un edificio presentado como terminado, con pantallas de última generación y estaciones de realidad virtual incluidas.

Lo que aquella puesta en escena no aclaró es que, un mes después de las fotos, el edificio seguiría sin prestar el servicio para el que supuestamente se había reformado. Mientras la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento repartían elogios sobre la modernidad del nuevo espacio, miles de turistas visitaban Benalmádena sin poder pisar una oficina que, sobre el papel, ya estaba lista desde hacía semanas. La diferencia entre inaugurar y abrir —entre la foto y el servicio— la ha pagado quien menos culpa tiene que no es otro que el visitante que buscaba información y se encontró la puerta cerrada.

Resulta difícil no preguntarse para quién se organizó realmente aquel acto de julio. Si el objetivo era mejorar la atención al turista en plena temporada alta, el resultado ha sido justo el contrario: un mes entero sin servicio, en las semanas de mayor afluencia del año, mientras el Ayuntamiento presumía de un proyecto que aún no funcionaba. Una vez más, la clase política parece medir el éxito de sus proyectos por la repercusión mediática del corte de cinta y no por algo tan básico como que el servicio esté realmente disponible para quien lo necesita. De poco sirve una pantalla de cuatro metros o unas gafas de realidad virtual si, cuando el turista llega a la puerta, esta sigue cerrada.

El cierre que Lara tampoco ha explicado

La coincidencia de fechas no favorece al gobierno municipal. Apenas cinco días antes de que la oficina abriera finalmente sus puertas, cinco playas de Benalmádena —Santa Ana, Bil-Bil, Arroyo de la Miel, Los Melilleros y Las Gaviotas— amanecieron con bandera roja tras registrarse numerosas reacciones dérmicas entre bañistas. El cierre se prolongó cuatro días en pleno mes de agosto, generó alarma entre vecinos y visitantes y llegó incluso a la prensa internacional.

Las banderas ya han vuelto a ser amarillas. Pero el alcalde parece que no ha encontrado el momento para explicar a sus vecinos qué provocó aquellas reacciones en la piel ni para hacer públicos los resultados de las analíticas realizadas junto a la Delegación Territorial de Salud y Consumo de la Junta de Andalucía. Ni rueda de prensa, ni comparecencia, ni un comunicado con datos concretos. Vistas las comparencias públicas, parece ser que el alcalde, Juan Antonio Lara, sabe organizar un photocall cuando le interesa, pero guarda silencio cuando lo que toca es rendir cuentas.

Una oposición, un mismo reproche

Ese doble rasero no ha pasado desapercibido. El PSOE, por boca de su portavoz Víctor Navas, ha subrayado que Lara, además de alcalde, forma parte —de manera remunerada— del consejo de administración de Acosol, la empresa pública de saneamiento, lo que hace aún más difícil de justificar su silencio ante un problema de salud pública. «Resulta difícil culpar a otros cuando el propio alcalde forma parte del Consejo de Administración de la empresa responsable», ha señalado Navas, que acusa al PP de exigir explicaciones al Gobierno central mientras calla ante sus propias competencias.

Vox, desde la otra bancada, ha ido al fondo del asunto: reclama revisar el estado de las conducciones de saneamiento bajo el litoral, después de que los temporales del pasado invierno dejaran expuestas tuberías cerca de Sunset Beach. Su portavoz, Joaquín Amann, exige «transparencia absoluta» sobre la antigüedad y el estado de esas infraestructuras. Que dos formaciones tan alejadas ideológicamente coincidan en la misma exigencia dice más sobre la gestión municipal que cualquier discurso institucional.

Dos silencios, una misma manera de gobernar

Lo ocurrido este verano en Benalmádena dibuja un patrón que resulta difícil de ignorar. El Ayuntamiento sabe convocar autoridades, discursos y cámaras cuando toca inaugurar algo, pero desaparece cuando toca explicar por qué las cosas no funcionan o por qué algo salió mal. La oficina de turismo ha tardado más de un un mes en abrir tras su inauguración. El origen del cierre de las playas sigue sin aclararse casi una semana después de su resolución. En ambos casos, la respuesta del gobierno local ha sido la misma: ninguna.

El verano se acaba, las banderas ya son amarillas y la oficina, por fin, atiende a sus primeros visitantes. Pero que los síntomas hayan desaparecido no significa que las preguntas se hayan respondido. Benalmádena cierra su temporada alta con una certeza incómoda para su alcalde que sabe cuándo cortar una cinta, pero no cuándo dar la cara. Y mientras la gestión municipal siga midiéndose en fotografías de inauguración y no en servicios que funcionen desde el primer día, los vecinos y visitantes seguirán pagando la diferencia entre lo que se anuncia y lo que realmente está disponible.

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