Empezaré diciendo que nuestros niños necesitan tener salud mental, mejor dicho, necesitan una “buena” salud mental, y esta calidad mayoritariamente depende de sus padres… Para ello, es necesario mostrarles cariño, establecer límites claros, y sintonizar con ellos en el plano emocional.
Todos nosotros tenemos la facilidad de convertir nuestros deseos (lo que quiero) en necesidades (lo que necesito). No es nada raro escuchar comentarios como “necesito un nuevo teléfono para poder ser feliz ¿ehhh?”, o “sin mi café de la mañana no soy nadie”.
Es evidente que disfrutamos de muchas cosas que deseamos, pero que no son necesarias para poder sobrevivir. Por ello, es importante entender la diferencia que existe entre necesidades y deseos.
Las necesidades son básicas para la supervivencia de cualquier persona, los deseos no lo son en absoluto, simplemente son cosas que ansiamos o nos motivan, nada más.
Centrándome en los más vulnerables, nuestros niños, una necesidad que influye en su salud mental es explicitarles nuestro cariño. Todos los días, deberíamos decirles lo mucho que los queremos, lo mucho que los echamos de menos en el trabajo, y lo orgullosos que nos sentimos de cómo son. Esto es fundamental para una buena autoestima. No basta con pensarlo, sino que debemos decírselo y actuar en consecuencia.


Una necesidad cada día más necesaria, es enseñarles a regularsusemociones. Los niños necesitan que sus padres les enseñen a identificar y gestionar sus emociones. A partir de ahí, todo se va mejorando en función de la experiencia. El problema está cuando los padres no saben regular sus propias emociones. Si queremos que nuestros hijos, en un futuro, sean capaces de autorregular sus emociones, es imprescindible que ahora que son pequeños, aprendan a regular las suyas “con nuestra ayuda”.
Otra idea vital para la salud mental de los niños, es ofrecerles contextos de seguridad. Este es el primer pilar si queremos fomentar “un apego seguro” en nuestros hijos, ya que un niño no se puede sentir seguro, si no se siente protegido. Por tanto, proteger a los hijos cuando sientan miedo, temor, rabia o tristeza es nuestra primera función.
Otra necesidad es tener tiempo de calidad y de cantidad. La idea (que he oído muuuuuuuchas veces) de que los niños necesitan tiempo de calidad con sus padres sin importar la cantidad, para mi es “algo” falsa. En mi humilde opinión, es una idea que “se ha creado” para que aquellos padres que trabajan muchas horas y dedican, consecuentemente, poco tiempo a sus hijos, no se sientan mal por ello. Los niños necesitan bastante tiempo compartido con sus padres y con toda la dedicación posible, no vale con estar presentes (o ausentes, realmente) en la misma habitación o lugar que ellos, sino con una dedicación adecuada a su edad (juegos, tareas compartidas, deberes escolares, aficiones, etc.)
No quiero olvidar la importancia de la sintonía emocional, es decir, que atendamos y conectemos con las emociones que están experimentando los niños. Así, por ejemplo, un padre estará en sintonía emocional con su hijo cuando, ante una situación concreta, éste le muestre su miedo o rabia, y el padre comprenda y atienda lo que le pasa a su hijo. Es decir, consiste en estar receptivo ante las necesidades del niño. Es como conectar “vía wifi” nuestro hemisferio derecho, que es el emocional, con el suyo.
La responsividad (que no es lo mismo que responsabilidad) consiste en darle al niño lo que necesita. No consiste en acceder a sus caprichos, sino en acceder y cubrir sus necesidades. Como indiqué al principio de este artículo, las necesidades no se negocian puesto que son imprescindibles para la supervivencia. Un padre responsivo es aquel que da al menor aquello que “realmente” necesita. Por ejemplo, si ante un conflicto de nuestro hijo con un amigo, éste se muestra preocupado y nosotros le decimos que “no le dé más vueltas” y que se ponga a hacer los deberes que es lo importante”, y que “se deje de tonterías”, no estamos siendo responsivos porque no estamos atendiendo su necesidad.
Por último, hay tener claro que los padres no somos los “best friends” de nuestros hijos. Tampoco somos sus criados, aunque a veces lo pueda parecer. Somos sus padres, y debemos asumir el papel que esto implica. Por tanto, el establecimiento de unos límites claros en casa, es algo tan necesario como sano. Los niños deben saber hasta dónde pueden llegar, y cuál es su perímetro de seguridad. Cuando establecemos unos límites y se los explicitamos a nuestros hijos les estamos diciendo “te quiero”. Básicamente… “te pongo límites porque te quiero y me importas”.
