lunes, abril 13, 2026
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Crónica de una muerte anunciada

Joaquín Amann

La Plaza de Toros de Benalmádena lleva más de una década muriendo lentamente. No por una catástrofe natural ni por un accidente imprevisto, sino por algo mucho más premeditado: la indiferencia calculada del Ayuntamiento. Desde 2011, año en que se cerró, no ha habido un solo gesto serio para recuperarla. Ni un plan, ni un presupuesto, ni una mínima voluntad política. Lo único que ha habido es abandono, y ahora, como en una novela de García Márquez, el final anunciado parece cumplirse: su demolición.

El Partido Popular, con un informe de la Diputación Provincial en la mano, asegura que la plaza “amenaza ruina”. Basan esta sentencia en una inspección visual —sí, visual— y en una interpretación de la “ruina legal” según la cual rehabilitarla costaría más del 50% de construir una nueva. El problema es que no hay un solo dato que lo demuestre: ni estudio económico, ni coste por metro cuadrado, ni comparación de precios entre rehabilitación y obra nueva. Nada. Pero, curiosamente, sí hay una conclusión rotunda: derribarla.

Las supuestas “patologías” que cita el informe son casi cómicas en comparación con la gravedad de la palabra ruina: faltan extintores, los baños están sucios, no hay señalización adecuada y no se cumplen normas de accesibilidad. ¿Defectos graves? No. Son el resultado obvio de quince años sin invertir un euro en mantenimiento. Incluso la patología más “alarmante” que mencionan —la posible carbonatación del hormigón— es un proceso natural del hormigon que se da en todos los edificios. Pero así, suena más grave el informe.

Frente a esta ligereza, VOX ha presentado un informe pericial con ensayos de laboratorio que descartan la aluminosis que si es un defecto del hormigón. Sí, el edificio necesita mantenimiento y mejoras, pero no está en ruina. Y el informe pericial es claro: la única ruina real es la de la gestión municipal, responsable de haber dejado perder extintores, luces de emergencia y baños en condiciones mínimas de uso y estado general del inmueble.

Pero aquí hay un elemento que ningún informe valora: la Plaza de Toros es un edificio histórico y cultural. Uno de los más antiguos de Benalmádena Pueblo, con un aforo que ningún otro espacio del municipio puede ofrecer. Su valor no es solo funcional: es parte de nuestra identidad, de nuestra historia. Derruirlo sería amputar un pedazo de la memoria colectiva de Benalmádena.

Entonces, ¿por qué tanto empeño en su demolición? Quizá la respuesta esté en los terrenos anexos. Allí estaba la Asociación Fidelio, dedicada durante 36 años a la acogida de animales abandonados. Hace poco, el Ayuntamiento los desahució sin contemplaciones para “recuperar” el terreno. ¿El objetivo? Un parque temático chino con templo incluido. Y claro, un proyecto así necesita aparcamientos. ¿Dónde mejor que sobre la explanada que quedaría tras demoler la Plaza de Toros? Así, sobre las ruinas de la cultura española, aparcarán los visitantes del nuevo “templo chino” que el Partido Popular quiere regalar a Benalmádena.

VOX presentó una moción razonable y abierta: restaurar la plaza con fondos municipales o supramunicipales —Diputación, Junta, Mancomunidad o incluso fondos europeos—, y si el Ayuntamiento no quiere, cederla a la iniciativa privada. Las plazas de toros han sido siempre rentables sin subvenciones, más aun, pudiendo convertir la nuestra en un verdadero palacio de las artes del que Benalmádena carece para todo tipo de eventos y espectáculos. Lo que no podemos aceptar es que, por pura desidia, se borre una pieza de nuestro patrimonio para poner un párking.

En definitiva, la Plaza de Toros no ha muerto aún. Pero si el Partido Popular sigue este guion, su final no será un accidente, sino una ejecución con premeditación y alevosía. Y lo peor es que lo harán no por imposibilidad técnica ni por falta de recursos, sino por simple falta de voluntad. Porque en esta crónica, la muerte ya estaba escrita desde el principio.


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