El ascensor panorámico de Benalmádena Pueblo tampoco se ha librado de los retrasos que vienen acumulando, uno tras otro, prácticamente todas las obras municipales de esta legislatura. Las obras de modernización de esta infraestructura, que se erige como un acceso clave para acceder cómodamente a los Jardines del Muro y a la emblemática Iglesia de Santo Domingo de Guzmán, arrancaron en noviembre de 2025, con un plazo de ejecución que expiraba en mayo de este 2026. Tras tres meses de retraso y con el ascensor todavía sin entregar, el Consistorio ha optado por ampliar formalmente la fecha de finalización hasta el próximo 14 de noviembre. Así las cosas, la infraestructura entrará en funcionamiento, como mínimo, con medio año de retraso.
La ampliación, tramitada a través de un informe técnico que acompaña a la solicitud, atribuye el retraso a “circunstancias técnicas sobrevenidas durante la ejecución”. Entre los motivos alegados figuran un retraso de 34 días en la entrega del material del nuevo ascensor por parte del fabricante y la imposibilidad de simultanear determinadas fases del montaje. A estas justificaciones se suman, según el propio informe, trámites pendientes como las inspecciones reglamentarias, el registro en Industria y las pruebas de funcionamiento previas a la recepción definitiva.
Sin embargo, el desfase entre lo prometido y lo ejecutado resulta difícil de explicar solo con incidencias puntuales de suministro: 34 días de retraso en la entrega del material no justifican, por sí solos, que el Ayuntamiento necesite seis meses adicionales para cerrarla. La pregunta que muchos vecinos se hacen es si el proyecto estaba correctamente planificado desde el principio o si, una vez más, la previsión municipal ha quedado muy por debajo de la realidad de la ejecución.
La actuación cuenta con un presupuesto total de 279.386 euros, de los que 246.657 euros —cerca del 90%— proceden de la subvención concedida por la Junta de Andalucía dentro del programa MUNITUR, destinado a mejorar la accesibilidad de los recursos turísticos.
El proyecto contempla la ampliación del vestíbulo inferior, un nuevo acceso frontal y la incorporación de una fachada acristalada que cerrará el hueco de la cabina, con el objetivo de evitar la entrada de aves y reducir el deterioro por agentes externos.
El caso del ascensor panorámico no es un hecho aislado. Prácticamente todas las obras municipales acometidas durante esta legislatura han sufrido retrasos notables sobre sus plazos iniciales que han provocado incluso incrementos adicionales en su coste, una circunstancia que ya no puede achacarse únicamente a imprevistos puntuales, sino que empieza a dibujar un patrón de gestión. Y detrás de cada ampliación de plazo hay un coste real que no siempre se contabiliza en los informes técnicos, que no es otro que el de los vecinos que ven cortado o dificultado su paso durante meses el acceso a sus viviendas, y el de los comerciantes de la zona, para quienes cada semana de obra sin fecha de entrega firme se traduce en menos clientes y menos ingresos.
De hecho, varios negocios de zonas afectadas por obras municipales, como es el caso de la avenida Gamonal o Benalmádena pueblo han tenido que echar el cierre, incapaces de sostener la actividad ante la prolongación indefinida de trabajos que, sobre el papel, nunca debieron durar tanto. Mientras el Ayuntamiento presenta cada ampliación de plazo como un simple trámite técnico, para una parte del tejido comercial de Benalmádena estos retrasos han supuesto, directamente, la diferencia entre seguir abierto o cerrar.
Con la nueva fecha límite fijada para el 14 de noviembre de 2026, la incógnita que queda en el aire es si esta vez el plazo se cumplirá o si, como ha ocurrido en la mayoría de las obras municipales, será necesaria una nueva prórroga antes de que el ascensor panorámico vuelva a estar operativo.
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