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El bombero torero

CARTA A LA DIRECTORA

Como es habitual en nuestro país con la llegada del verano han llegado también los incendios forestales y con ello las confrontaciones políticas entre las distintas administraciones e instituciones involucradas en su erradicación, en esta ocasión acrecentadas por el desacuerdo existente entre los valedores y los negacionistas del cambio climático.

Pese a que la verdad, en un análisis elemental es solo una, no habíamos caído en la cuenta de que una mayoría electoral, absoluta o relativa, traían consigo una verdad añadida, con fuerza coercitiva imposible de doblegar. Es una verdad política, apócrifa, que no atiende a los cánones demostrativos habituales, y que se evidencia e impone en las disposiciones adoptadas por las distintas autoridades ante diversas cuestiones administrativas.

Un ejemplo de ello lo vemos en la resolución de los problemas suscitados de antiguo con la gestión del agua encomendada a una empresa mixta participada por el ayuntamiento. Pese a demostrar la oposición, negro sobre blanco, que estos acuerdos constituían una estafa monumental y un saqueo a las arcas públicas que perjudican a los vecinos y solo benefician a la empresa privada y a algunos ediles, el consistorio ha decidido elevar este proceder inicuo a quehacer consuetudinario, permitiendo incluso que un actor desconocido, también ligado a esta empresa pero no al ayuntamiento, firme la mayor transformación urbanística del municipio.

En relación con los presupuestos, es conocida la fuerte intencionalidad de la oposición en beneficiar a los toros y a la tauromaquia, pretendiendo rehabilitar cosos ruinosos con el fin de devolver nuevo fulgor a una actividad extinta para la sociedad española, basándose para ello en esa verdad apócrifa añadida, camino en el que nos hemos encontrado con presupuestos que adjudicaban misérrimas cantidades para combatir emergencias, y enormes dispendios para atender a los aficionados al arte de “Cúchares”, llegándose incluso a nombrar a algún torero para hacerse cargo de esta actividad, cuando no se ha suprimido la concejalía por no encontrarle utilidad, algo absolutamente paradójico con la evidencia que suponen las catástrofes sufridas recientemente.

A este respecto, un personaje importante y posiblemente punto de unión entre los toreros y los incendios, podemos encontrarlo en “el bombero torero”, personaje clave de la charlotada, un divertido espectáculo cómico-taurino, pues es conocido que Manuel de Celis popularizó, criticándola, a esta figura del bombero absolutamente fracasado, en el incendio que asoló el Teatro Novedades de Madrid en 1928, en donde Manuel era tramoyista y que causó ochenta muertos y doscientos heridos. Desahuciado profesionalmente por esta circunstancia, decidió continuar a su padre Pablo de Celis con el espectáculo de las charlotadas en las que intervenían los enanos vestidos de bomberos, en lo que no hicieron más que continuar la tradición iniciada por el gran “Eduardini” (Eduardo Gutiérrez Almeida, Madrid 1902) y que se popularizó por toda España.

Desgraciadamente Manuel de Celis falleció en 2021 y el espectáculo fue definitivamente prohibido legalmente en 2023 con el pretexto de evitar la mofa pública comercial de discapacitados. De cualquier forma la posible organización de futuras brigadas de bomberos-toreros no es probable que sirvieran para prevenir ni remediar ningún tipo de emergencia o catástrofe nacional, ni aún en el improbable caso de que fueran impuestos por su apócrifa mayoría.

Jesús Lobillo Ríos (Benalmádena)



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