Jaime Pimentel ha llevado con orgullo el nombre de Málaga por todos los rincones del mundo. Sus esculturas se funden con el paisaje malagueño en una simbiosis tan pura que nadie concibe ya las calles y parques sin ellas. En constante lucha con el centro de gravedad, ha logrado conferir a sus obras una ilusión de movimiento tridimensional cuya maestría las hace únicas. Sus manos han dado vida a símbolos como El Cenachero o a La Niña de Benalmádena, se ha atrevido a poner rostro a la mismísima diosa fenicia Noctiluca, ha representado con sus obras a prestigiosos premios y ha retratado personalidades internacionales… También ha deconstruido el movimiento en su serie de deportes, ha mostrado la desnudez del amor entre Adán y Eva en una serie de gran belleza anatómica o nos ha puesto a los pies de los caballos de su Apocalipsis. Fue y es un visionario que se adelantó a su época… y en su afán por viajar y conocer distintas culturas, sus obras han quedado diseminadas por todo el planeta. Pero si algo define a Pimentel es su generosidad… cómo se ilumina su mirada cuando relata que los niños le han borrado la firma de tanto subirse en su Platerito… cómo observa el mundo, como solo lo hace un gran artista. Este ilusionista del bronce, hacedor de movimientos imposibles y de técnica impecable, buscador de la belleza efímera, es un escultor incansable. Afanado en despertar sentimientos, sorprender y captar la nobleza humana, Jaime Pimentel, siempre será inmortal.
–Jaime, cuando era pequeño ¿ya le interesaba el arte?
-Pues precisamente estuve en una reunión de antiguos alumnos -nos reunimos una vez por año porque cada vez quedamos menos- y un compañero me recordó cómo yo, con nueve años, ya hacía mis esculturas con tizas. Yo ya no lo recordaba (risas)… Era un ladrón de tizas… Robaba los paquetes y hacía esfinges egipcias…Me dio sentimiento que él recordase esa anécdota. Sentí que mi compañero de clase ya vio de pequeño algo en mí que valía la pena.
-Usted empezó a estudiar Industria, ¿cómo dio el paso de ingeniero a escultor?
-Estudié Ingeniería por imposición de mi padre. Él en aquella época tenía mucho poder. Se dedicaba a la industria en Málaga y el norte de África y se codeaba con personas muy importantes. Entre estas amistades estaba un embajador noruego en París que era mecenas de artistas además de diplomático. En una de sus visitas a Málaga tuvo oportunidad de ver mis dibujos y le impresionaron. En aquellos tiempos se llevaba mucho la publicidad americana y yo dibujaba desnudos de chicas de ese estilo; provocativas. El embajador habló seriamente con mi padre y le dijo: “don Miguel, su hijo va a ser el ingeniero más desgraciado del mundo, pero creo firmemente que si se dedica al arte, va a ser feliz y reconocido”. Él era mecenas de pintores, músicos, escultores y apostó por mí. Me buscó el trabajo de dibujante para un arquitecto de interiores en Oslo y me fui. A partir de aquel momento nunca dejé de esculpir, de crear.

–Para usted sería un sueño ir a Noruega y empezar a trabajar en su verdadera vocación…
-La verdad es que sí. Antes no era como ahora que todo se hace por ordenador. Los arquitectos necesitaban de artistas para mostrar a los clientes como quedarían los diseños. Yo recreaba con acuarela los distintos interiores y, si le soy sincero, para mí era un juego, un juego que por otro lado se pagaba estupendamente (risas). Llegué a dibujar hasta interiores de vagones de metro, por ponerle un ejemplo. Fue en aquel entonces cuando conocí a la escultora Anne Grimdalen, de la que, por cierto, también era mecenas el embajador, y ella me presentó a muchas personalidades del mundo del arte de la época.
-En Finlandia conoció usted a Alvar Aalto, uno de los grandes arquitectos del movimiento Moderno, ¿cómo recuerda usted aquellos años?
-Por aquel entonces, Oslo estaba viviendo un momento de transición. El cambio fue importantísimo. Me enamoré de Noruega. De la gente, de la arquitectura, de la vida allí… no quise volver a España. En Noruega amaban el arte. Cuando decía que quería ser escultor todo el mundo me alagaba mientras que en España -justo en aquella época ya mi padre había perdido toda la fortuna- cuando comentaba cual era mi ilusión, me decían: “¡Digo, escultor! El muerto de hambre éste… vaya futuro que se va a buscar…”. Era otro mundo. En Noruega encontré respeto y apoyo. Después, en Finlandia conocí nuevos estilos de manos de arquitectos de la altura de Aalto… tuve la suerte de conocer a los mejores.
–Comentaba que fue su padre quien le obligó a estudiar Ingeniería, ¿cómo se tomó que se fuera del país para ser escultor?
-Pues no le agradó mucho, la verdad. Él empleó en mí todo su cariño para que yo fuera lo que él no pudo ser. Mi padre era un hombre muy inteligente y por eso tuvo tanto éxito en la industria y quiso que yo tuviera las oportunidades que él no tuvo. Por esa razón me insistió para que estudiase piano, me apuntó en los mejores gimnasios para que cuidase mi físico… él quería que fuese perfecto, no sé cómo explicarle. Lo de ser escultor no entraba en los planes que tenía para mí… Mi padre sufrió mucho cuando me fui a Noruega y se dio cuenta de que todo lo que esperaba de mí no se iba a cumplir… Mi madre era diferente. Ella era muy religiosa, protestante, pero no me refiero a religiosa en el sentido de beata sino de honesta y sobre todo era muy positiva…todo se lo tomaba con muy buen humor.
-¿Llegó a aceptar que usted viviera su vida? ¿Se ganó usted su respeto como artista?
-Sí. Cuando ya se jubiló cambiaron mucho las tornas. Me contaba mi madre, que mi padre se ponía de punta en blanco y que ella le preguntaba qué a dónde iba y él contestaba que a ver a sus “nietos” –se refería a mis esculturas- (suspira). Ahí me di cuenta que estaba orgulloso de mí como escultor y sobre todo de mis obras, de mis “niños”…
-Por el año 1961 tuvo su primera exposición en el Palacio de la Biblioteca Nacional de Madrid… ¿pensó que sus gaviotas al vuelo acabarían expuestas en El Retiro de Madrid?
-Qué va… ni siquiera las ideé para el exterior. Yo las creé en aluminio y dan impresión de volar porque van sostenidas unas con otras. Llevé la escultura a la primera exposición que hice en Madrid y el alcalde cuando las vio quedó impresionado. Me preguntó si podría hacerlas pero para el exterior… él al mirarlas ya las veía en el parque de El Retiro.
–A lo largo de su trayectoria ha trabajado usted con materiales muy distintos…
-Empecé con la piedra pero en aquella época, estamos hablando de hace muchos años, no había las herramientas ni las técnicas que hay ahora y perdía mucho tiempo con ese material. Además hay que tener en cuenta lo tóxico que era todo ese polvo que soltaba la piedra al esculpirla… A mí lo que me gustaba de la escultura era que no tuviera peso, que parezca que vuela y eso en piedra no se puede lograr por el peso, por eso aposté por el bronce, material con el que más he trabajado.
-Jaime es usted un verdadero ilusionista del bronce… logra crear la sensación de movimiento con algo que está completamente inmóvil…
-Siempre busco argucias para crear la sensación de movimiento y no resulta nada fácil. Mi etapa de Deportes supuso mi mayor experimentación con el movimiento… estas estatuas son la caligrafía del movimiento en el espacio…
-De hecho, en esa serie representa usted el movimiento pero en sus tres dimensiones… pasa del arte figurativo al no figurativo en beneficio de la creación de sensaciones…
–Tiene usted razón. Al estudiar el movimiento de cada atleta al final cuando terminaba la estatua me quedaba algo no figurativo casi sin darme cuenta, sin intención alguna. Tenga en cuenta que en aquella época no era como ahora que lo grabas todo y puedes congelar las imágenes y ver cada movimiento… yo tenía que visionar al deportista, cada paso que daba… cada músculo que movía, desde que empezaba hasta el final del ejercicio… y el resultado de la captación de ese movimiento de jabalina, o del deporte que fuera, era el objetivo final de la escultura.
-Cuando esculpe, ¿qué aspira comunicar con sus obras?
-Sobre todo movimiento y belleza. Esta última quizás no en el sentido estricto de la palabra porque al observar con atención el mundo puedes encontrar belleza en lo más inesperado. Cuando viajé a Grecia encontré belleza en la gente que veía por la calle y no me refiero solo a la belleza en la etapa juvenil que todos vinculamos con las mujeres más bonitas… Por ponerle un ejemplo, vi a una campesina mayor, con una dignidad en el rostro y un estilo que me recordó a los dioses mitológicos. A mí esa belleza me fascina y es difícil encontrar una belleza que capte toda mi atención. Recuerdo que iba en un autobús en Londres y se sentó delante de mí una chica y pensé: “esta mujer es más guapa que Liz Taylor”. Como llevaba mi bloc me pasé el trayecto dibujando sus gestos, su perfil… cuando uno se encuentra con la belleza se nota porque te llena, te deja patidifuso. A mí no me gusta asistir a exposiciones muy actuales porque sufro mucho…


-Y eso Jaime…
–Porque pienso que este mundo en el que vivimos se está poniendo feo por muchas cosas que están pasando y creo que lo que tenemos que hacer los artistas es resaltar lo bello, lo noble, los valores de la humanidad y no el feismo.





–¿De dónde nace su inspiración?, ¿de dónde surge su arte?
-De la observación. Hay que saber observar y no un todo, sino cada detalle… un segundo a veces es suficiente. Hay cosas que pasan desapercibidas y cuando logras verlas… (Suspira). Lo malo es que en escultura no se puede representar todo, como por ejemplo las flores. En bronce no se les puede dar esa transparencia y luz. Es algo imposible para el escultor de bronce.
-Estudió piano y siempre ha estado muy pendiente de la tridimensionalidad en sus obras ¿cabe la posibilidad de concebir la música de forma tridimensional?
-Claro que sí. Yo siempre esculpo con música clásica de fondo y a veces es la música la que me guía hacia un movimiento concreto… la música es muy importante para mí y la siento dentro, la veo, impregno mis obras con ella. Es tan importante en mi vida que fíjese usted que me acuesto con el transistor y a las tantas de la madrugada siempre me tengo que despertar para apagarlo.
-Una de sus obras más conocida es la de El Cenachero de Málaga, que se ha convertido con el tiempo en un emblema de la ciudad…
-No me va a creer usted pero en el año 1964, cuando se inauguró El Cenachero de Málaga, en la plaza de la Marina, yo estaba allí de “incógnito” porque la verdad es que nadie me conocía… Al acto fueron las autoridades políticas, mis padres y muchísima gente. En el momento en el que se descubrió El Cenachero se hizo un silencio profundo de unos segundos y de repente todos empezaron a aplaudir y a gritar…. Se me pusieron los pelos de punta, de verdad… Pensé: ¿todo esto es por algo que yo he creado?…. y me tuve que ir…
-¿Cómo qué se fue Jaime?
-No podía soportar ese shock… di una vuelta solo por la calle Molina Larios… y cuando volví la gente seguía aplaudiendo… No lo podía creer. Fue en ese mismo instante en el que me prometí que no cobraría ni una sola peseta por una reproducción de El Cenachero. Se lo regalé a Málaga, a los malagueños. Dese cuenta que solo con los derechos de autor de las postales que se han vendido me hubiera hecho millonario, pero no quise. El Cenachero es de los malagueños.

-Fue usted muy generoso Jaime. Incluso hubo alguien que le dijo cara a cara que se lo iba a plagiar…
-Sí que es verdad (carcajada). Un día me lo dijo un hombre por la calle… se me acercó y me dice: “qué sepa que le voy a plagiar…”. Le quería poner los cuellos de la camisa en redondo y no recuerdo que le quería hacer en los pies…
–Quería hacer de sastre para su Cenachero…
-Pues eso mismo pensé yo, sabe usted (risas)
–El Binazguero también es otro oficio que ha representado y que ha despertado la admiración de malagueños y visitantes…
-El modelo de El Binazguero es un chico también de aquí de Almayate. Un día le vi trabajando cargando tierra en un borriquito para las edificaciones y daba perfectamente el físico para El Binazguero.
-¿Hay algún vecino de Almayate que no haya posado para usted?
-(Risas)… Yo diría que no se ha salvado ninguno… Todas las personas de Almayate están inmortalizadas en bronce…las abuelas, las nietas… todos los vecinos, aunque no hayan posado como modelos, me han inspirado para alguna escultura.
-Lo que ocurrió con El Cenachero alguien podría pensar que fue fruto de la casualidad o que es algo que pasa una sola vez en la vida, pero nada más lejos de la realidad porque después experimentó el mismo clamor popular con La Niña de Benalmádena, que la ciudadanía la siente como su seña de su identidad… como símbolo Benalmádena…
-La verdad es que me asombró todo lo que montó en Benalmádena para celebrar el 50 aniversario de mi niña…
-¿Cuál fue su inspiración para crear a La Niña de Benalmádena?
-A mí al principio lo que se me encargó por parte del Ayuntamiento fue una imagen que representase a la ciudad y que iban a usar como regalo de protocolo. Después gustó tanto que ya me pidieron la estatua para instalarla en la plaza de España de Benalmádena Pueblo y un año después también fue el galardón de la SICAB… yo siempre pensé en una niña… y buscando modelo, recuerdo que me costó encontrar una de la edad que necesitaba. Cuando la encontré, por cierto que es familia del modelo de El Cenachero, vino con un montón de gente porque la familia no sabía lo que era posar para un artista. Recuerdo que le puse una silla para que descansase las manos y no le dolieran los bracitos. Al segundo día ya vino sola con una amiga.

–Benalmádena había experimentado un éxodo poblacional importante de regiones del interior de Andalucía y se convirtió en una localidad con muchísimos niños… También incorporó usted el agua a la escultura…
-Hace cincuenta años, Benalmádena era muy rica en agua… y pensé en incorporarla en la estatua como símbolo de bienvenida… En Benalmádena siempre he tenido muy buenos amigos. No sé cómo explicarle…me he sentido siempre en familia. Y me enorgullece que la Niña fuese un éxito…un símbolo de fraternidad y bienvenida.
-¿Cuál fue el proceso de creación de La Niña de Benalmádena?
-En bronce la técnica es una constante…. Primero empiezo en barro, después por molde lo paso a escayola, el negativo y el positivo. Continúo esculpiendo en este material y le doy los últimos detalles. Después se sacan unos moldes de silicona y en la fundición lo pasan a cera y se termina en bronce y si hiciera falta, se le dan los últimos toques. Esta técnica es la usada tradicionalmente para hacer campanas. Ahora, en la actualidad, uso la misma técnica pero con materiales más modernos. No he incorporado las nuevas tecnologías a mi trabajo… Eso sí, ahora por ejemplo, ya no me quedo con el original porque del negativo, que ya es silicona, va directamente a cera… pero bueno, si me pongo a pensar tampoco tengo sitio para los originales (señala su taller abarrotado de esculturas y cuadros).
-Jaime es usted muy perfeccionista, ¿son así todos los escultores?
-¡Qué va! Es que yo soy muy antiguo. Creo que como yo quedamos pocos. En la fundición me lo dicen mucho (sonríe).
-¿Por qué una niña y no un niño?
-La ternura que emana una niña pensé que era lo idóneo para Benalmádena. En una niña veía honestidad, credibilidad como veo en Benalmádena. ¿Sabéis un secreto?
– Cuéntenos Jaime, ahora que no nos oye nadie…
-(Risas). Yo siempre he querido esculpir un niño para colocarlo en Arroyo de la Miel… en mi mente lo tengo muy claro; un niño espatarraillo, bien dispuesto, con los brazos en forma de jarra, como diciendo: “¡Aquí estoy yo!”. Creo que esa zona de la ciudad tiene un carácter distinto al del pueblo y le simbolizaría muy bien un chiquillo. Pero no he luchado mucho por él. Lo tengo en boceto y tengo muchas ganas de hacerlo… quién sabe, a lo mejor algún día.
-Firmó usted esta obra en el pie izquierdo, ¿por superstición, capricho…?
-Si le digo la verdad, ahora que la he hecho en resina, que sale idéntica, no veía la firma por ningún lado porque se ha perdido. Esta réplica la he firmado de nuevo bajo relieve por si hay que sacar una nueva copia.
–Hay una réplica exacta en Bruselas con motivo del hermanamiento entre Benalmádena y Bélgica a través de la Niña de Benalmádena y el Manneken Pis, ¿la ha visitado?
-La verdad es que no. Aquello fue un hermanamiento con el cruce de símbolos… Sé que la Niña está allí pero nunca la he llegado a ver, ni siquiera tengo fotos…
-Con motivo de la celebración del 50 aniversario celebrado en 2018, en Benalmádena hubo dos Niñas…
-Sí, que es verdad. Está la de la plaza de España en Benalmádena Pueblo y esta copia que llevé yo al centro de exposiciones con motivo de la celebración en 2018 del medio siglo de la estatua… fue muy curioso verlas a las dos.
-Respecto al 50 aniversario, ¿qué sensación despertó en usted?
-Estoy muy contento con todo el trabajo que se hizo para homenajear a La Niña de Benalmádena, que es mi niña también… Le agradezco muchísimo al pueblo de Benalmádena todo lo que hace por mi Niña y el cariño que le tiene que sé que es mucho.

–Sus imágenes han sido reconocidas como señas de identidad para la ciudadanía pero también hay quienes les atribuyen poderes milagrosos, como ocurre con la Virgen de Fuensalud de Benalmádena…
-Sí que es cierto. Aquella imagen me la encargaron con la idea de que fuera sumergida en el agua. Cuando elegí a la modelo, lo primero que hice fue pedirle permiso al cura porque la chica venía de una familia muy religiosa. Al escupirla le di aire de ondas marinas y no de viento pues la idea era sumergirla. No obstante, pasó mucho tiempo en la iglesia de Benalmádena a la espera del permiso del Obispo que se negaba a meter a la Virgen en agua pecadora… en aquella época es que había pensamientos muy raros, sabe usted. La gente de verla en la iglesia le tomó mucho cariño y la veneraba mucho. Al poco tiempo empezó a lograr exvotos por milagros que le atribuían… El milagro que hizo por mí es que gustó y los benalmadenses le tuvieron devoción.
–Y, ¿llegó a sumergirse esa estatua?
-Sí, sí que terminó bajo el agua. Lo que ocurre es que no era fácil verla y la gente empezó a protestar porque decían que una Virgen tan milagrosa no podía pasar tan desapercibida… En aquellos años estaba yo en Munich con la exposición de las Olimpiadas y no pude ver como la sacaban pero mi hermana, que me escribía muy a menudo, me lo contó con todo lujo de detalles, por lo que se ve se montó una buena con los barcos para sacar la estatua. ¿Sabe usted lo que me gustaría que recuperase esa Virgen? Una coronita de estrellas que le compré en Madrid y que ya no tiene… no sé si se habrá roto o perdido pero me encantaba verla con sus estrellitas…
– ¿Son habituales los robos de estatuas?
-Sí que se dan. Por ejemplo, yo hice una escultura para un barrio de Málaga que tenía un abrevadero para los coches de caballos y carros de la época. En el centro tenía un poste con una escultura de otro escultor de Málaga. La hizo en piedra y se rompió y el alcalde me encargó a mí sustituirla. Cree una niña, también inspirada en una modelo de aquí de Almayate, que era un torso que tenía recogido en las manos su delantalito y dentro se podían meter flores. Esa estatua la robaron. Y no es la única estatua que he perdido… son cosas que pasan.
–Usted también es el creador de los galardones del prestigioso Premio de Poesía Manuel Alcántara, el mejor dotado de España por un único poema…
-Recuerdo que fue en un almuerzo cuando el propio Manuel Alcántara comentó al Ayuntamiento del Rincón de la Victoria que esperaba que fuese yo quien creara las estatuas del trofeo que lleva su nombre. En aquel entonces creé la piedra que está en la Cueva del Tesoro en El Rincón de la Victoria, antiguo santuario dedicado a la diosa Noctiluca, pues según la tradición fenicia, esta divinidad no se podría representar figurativamente… de hecho los fenicios adoraban un árbol o una piedra que transmitían ese poder de la diosa. Aunque tuve total libertad, al principio de estos premios quise respetar la piedra que sacó el Ayuntamiento del Rincón de la Victoria que la simbolizaba. Lo que hice fue copiarla, pero cuando Alcántara decidió irse a Málaga y empezaron a dar el premio con su nombre en la capital entendí que lo ideal era crear una estatua única para cada certamen. Era lo que se merecía.
–Dicen que su teónimo, Malaka, podría ser el topónimo Málaga. Al no haber sido nunca representada, cuando le encargaron la imagen para el paseo marítimo del Rincón de la Victoria usted tuvo total libertad para dotarla de cuerpo y rostro de mujer…
-Exacto. No hay ni un relieve de ella, nada de nada. Era una diosa de mucho poder…. de armas tomar. Le puse un gorro que solo podían llevar los hombres de poder en aquella época con la intención de resaltar más si cabe a esta diosa de la que toma su nombre Málaga.
–Usted siempre fue un visionario Jaime. Siempre ha sido un adelantado a su época…
-La verdad es que siempre he tenido la suerte de conocer a personalidades del mundo del arte de distintos países, que me aconsejaban muy bien… por ejemplo, en la época franquista recuerdo que un diplomático me comentó que debería empezar a hacer bustos de Juan Carlos (rey emérito) porque a España volvería la monarquía…
-¿Y los hizo usted Jaime?
-¡¡¡Qué va!!! Rico estaría ahora mismo si los hubiera hecho (ríe), pero nunca me interesó el dinero…. Ni lo líos. Si se fija usted no he esculpido nunca ni políticos ni religiosos y eso que he tenido muchas oportunidades. En aquella época por ejemplo podía haber hecho bustos de Franco y los hubiera vendido bien, pero no quise…
–En su época en EEUU tuvo oportunidad de crear bustos para importantes personalidades…
-Yo vivía con mis clientes como uno más de la familia. Me encargaban un trabajo y me alojaban en la casa de invitados… en aquella época me di cuenta del dinero que una persona podía llegar a tener porque siempre eran familias con muchísimo poder adquisitivo, no se lo puede ni imaginar (suspira). Recuerdo por ejemplo, que estaba terminando un retrato de una miss y llegó una señora de visita. Cuando se fue, mi clienta me comentó que esa señora quería que le hiciera un retrato para regalárselo a su marido, un tal Harry Sonneborn… yo acepté y resulto ser el primer presidente y director ejecutivo de la empresa Mc Donalds.

–Y, ¿cómo fue trabajar para un empresario tan conocido?
-Pues recuerdo que cuando llegué a su mansión me pusieron un descapotable a mi disposición y yo les avisé de que no lo iba a necesitar porque yo iba a esculpir no a pasear… me alojaron en una casita aledaña a la mansión familiar, en un bosque cerca de un afluente del Missisipi. Era una maravilla. La señora tenía en su casa la exposición más importante del mundo en esculturas en jade cuyos artistas eran pertenecientes a tres generaciones de la misma familia… algo casi imposible de ver, excepcional. Con esta familia viví bastante tiempo pues tardé en realizar el retrato porque estas personas cuanto más adineradas son, más ocupadas están con sus compromisos…
–Y recuerda alguna anécdota que pueda compartir…
-Precisamente con los Sonneborn me pasó algo muy gracioso. Vamos que un poco más y no vivo para contarlo… Cómo la señora siempre tenía algún compromiso pues yo disponía de bastante tiempo libre y una tarde me fui a bañar al río que había en el bosque cerca de donde me alojaba. Ya lo había hecho en varias ocasiones. Justo cuando iba a entrar al agua me llegó un señor del servicio y me preguntó qué era lo que iba a hacer… y yo le contesté que iba a bañarme en el río como de costumbre y muy asustado me gritó: “Pues cómo el señor se meta en el agua no sale porque está llenita de caimanes”. Blanco del susto me quedé (risas)… y es que, en otras ocasiones ya había visto yo lo que me parecían “troncos” flotando que recuerdo que pensé en el poderío de la naturaleza porque incluso parecían tener ojos, y resulta que eran caimanes… qué susto por dios.

-¿También se dedicó a los retratos infantiles?
-Sí pero lo tuve que dejar porque me volvía loco… y no por los niños, que también… sino por todos los que los acompañaban… (Sonríe).
-En Estados Unidos, ¿siempre trabajó por encargo?
-Los retratos por lo general eran encargos. Recuerdo especialmente que me llegó un encargo de un señor que ya había fallecido y de él solo había un par de fotos… Cuando sus familiares vieron la estatua me preguntaron sí yo le había conocido en vida y les comenté que no… Quedaron asombrados… no paraban de decirme que era un milagro como había captado la impronta de aquel hombre.
– Es asombroso Jaime, ¿y eso cómo se logra?
-Primero tienes que trabajar en buscar el parecido y después darle la chispa de la vida. Qué no sea un muñeco sino que emane vida…
–Usted comenta que no le gusta tener muchas horas a los modelos posando, ¿cómo logra tanto realismo en aspectos anatómicos?
-Pues, sobre todo al principio de mi carrera, me usaba a mí mismo de modelo. Me colocaba tres espejos y observaba los movimientos, las sombras… lo hacía por aprender y no tener que molestar a los modelos. También usé a todos los que tenía a mí alrededor como mis hermanas, mi padre… los retratos tengo que confesar que no son fáciles porque el parecido se puede conseguir pero llega un momento en el que el barro deja de ser barro y toma vida y como lo toques de más, lo hundes y vuelve a convertirse en barro… es un misterio que compartimos muchos artistas que al querer perfeccionar nuestra obra, la estropeamos.
–Sus obras están diseminadas por la geografía española, pero también se hallan en puntos muy dispares del globo terráqueo, muchas de ellas en colecciones privadas… ¿ha podido ver usted personalmente como tienen expuesta alguna de sus obras esos particulares? Intuyo que no será igual verlas en un museo que en una casa particular.
-La verdad es que sí que las he visto invitado por mis clientes. En una ocasión viajé a Suecia precisamente porque un cliente me dijo que tenía que ir sí o sí a ver como tenía él la estatua que me encargó, que ni en los mejores museos la tenían tan bonita como estaba en su casa, me insistía. Yo entonces me reí, pero era totalmente verdad. Es un concepto totalmente diferente. Le habían quitado las peanas y la habían colgado en la pared con unas luces que le daban vida… tuve oportunidad de ver alguna más y parecía que se movían… Nunca pensé que mis clientes las iban a conservar desde esa perspectiva tan particular y ellas iban a lucir en una casa particular tan bonitas…tan vivas.
–De todos sus viajes y vivencias, ¿cuál ha sido la cultura o país que más le ha atraído?
-Sin duda Japón. Solo estuve allí un mes y siempre he querido volver. Y lo que más me llenó no se crea usted que lo descubrí en los grandes monumentos o enclaves turísticos… lo descubrí en el campo de Japón. ¡Esos paisajes…! cómo los lugareños guardan sus tradiciones… es algo impresionante. Fui en el mes de octubre a posta porque es la fiesta del crisantemo y vi unas exposiciones maravillosas. Ese amor por las flores es algo que nunca más he vivido. Las composiciones florales son totalmente equilibradas… son irrepetibles.

–Aunque ha vivido en distintas parte del mundo siempre ha tenido muy presente en su obra el mar de su tierra…
-Siempre. Por ejemplo hay una obra que gusta mucho: La Ola, cuya espuma son caballos desbocados. Yo he montado mucho a caballo por la playa desde que era chiquito y he visto esas olas con el viento del Norte… como se lleva la espuma y aquello siempre me recordó a los caballos. Esa estatua tardé en terminarla nada menos que cinco años porque conlleva mucho trabajo. La expuse en EEUU y el alcalde de Nueva Orleans quería haber construido un auditorio musical y meterla dentro, pero se quedó estancado el proyecto por el alto coste de la obra. Esa obra me encantaría que se hiciera… esté vivo yo o no… le pongan mi nombre o no… Aunque a mí lo que realmente me hubiera gustado es que se hiciera en Málaga. Quizás algún día…



–Ha pasado por varias etapas artísticas, muy diferentes entre sí, pero también hay una vis suya, denominémosla reivindicativa con obras, por ejemplo, como El Mitin…
-A esas obras las llamo divertimentos. Son ideas que me vienen tras vivencias y las tengo que plasmar…No sé cómo explicarle, las tengo que sacar de mi mente y esculpirlas…
–Personalmente me llama mucho la atención de esos divertimentos, el Huevo Cárcel….
-Si le soy honesto, esa obra también es un misterio para mí… digamos que la parí… me vienen las ideas a veces que no se ni de dónde. Lo único que siempre tengo claro es si esa idea se queda para mí o es para otro… Cuando esa idea es para mí… se queda ahí, no me hace falta a veces ni hacer un boceto porque no la logro sacar de mi mente… otras veces como llegan se van y sé que son para otro artista…
– ¿Sus esculturas siempre tienen un significado?
-En realidad no. O al menos no lo tienen ahora, quizás su significado llegue en un futuro… Cuando estaba por ejemplo trabajando en mi serie del deporte me llegaban ideas que nada tenían que ver con esta temática y yo las plasmaba… las guardaba y mira por donde después empecé con la época del Apocalipsis y me di cuenta de qué ahí encajaban. Es muy curioso…se habían adelantado a mi nueva serie… no sé, pero cada estatua pedía su momento y al final encontraba su sitio.

– También tiene muchas estatuas futuristas…
-Sí. Hubo un tiempo en el que trabajé en obras inspirándome en el futuro, en el año 3.000 -pero mirado desde aquella época, que yo tengo más de 80 años-… en esas obras lo que sí intenté es poner un poco de humor. Tengo, por ejemplo, una maestra robot que con el puntero va señalando a la Tierra que iba girando para enseñarles a los niños robots nuestro planeta en movimiento. Para la exposición que se hizo en Benalmádena por los 50 años de la Niña, llevé una obra que es el primer monumento a la Tierra para el primer astropuerto que se cree y está girando constantemente. Esta serie futurista no la he llegado a terminar…
–Usted en realidad se llama Jaime Fernández Pimentel… ¿porque prescindió de su primer apellido para su firma artística?
-En realidad desde siempre me han dicho Pimentel porque en el colegio cuando preguntaban por Fernández media clase levantaba la mano… y ya como artista decidí conservar el segundo apellido.
–Su abuelo era pastor evangelista…
-Sí. He perdido mucha documentación, es una pena. Mi madre solía escribir en una libreta informaciones sobre mis abuelos y creo recordar que venía de Zamora. En aquella época sufrieron mucho porque había mucha discriminación y la Iglesia católica tenía mucho poder… había mucho fanatismo. Mi abuelo no podía dejar nunca sola a mi abuela porque al ser él pastor evangelista temía que la apedreasen. Ellos vivían en Villanueva del Trabuco. Después cuando venían de Málaga aquí a Los Rubios, facturaban la imagen de la Virgen en el vagón de los animales porque estaba prohibido llevarla en el de pasajeros. También recuerdo que cuando sacaban la imagen, la gente se agolpaba alrededor de la capilla y gritaba himnos católicos….
-Cuando la Desbandá de la carretera Málaga-Almería, era usted muy pequeño…
-Yo no lo recuerdo, pero mi abuela contaba que tenía un patio muy grande con un gallinero. Y que se dedicaba a hacer caldo de puchero y lo repartía entre todas las personas que iban huyendo… No se lo creerá usted pero se quedó sin una sola gallina… (nos muestra unas fotografías antiguas).
–En esa foto Jaime estaba usted casi recién nacido…
-Fue cosa de mi madre… si se lo cuento no me va a creer… Cuando era un bebé me puse malito, pero como cualquier niño, y a mi madre le entró el pánico porque se pensó que me iba a morir y me llevó corriendo al fotógrafo para tener una foto mía… después me llevo al médico (risas), pero primero a echarme la foto…


-Yo solo tengo un hijo… ¿el artista quiere a todos sus “hijos” por igual Jaime?
– (Risas) Bueno, bueno…. Como los míos no dan guerra ninguna yo diría que sí.
–No ha parado nunca de trabajar, ¿en qué se encuentra inmerso ahora?
-Pues tengo varios proyectos en marcha, la verdad… en la fundición tengo trofeos de los certámenes Manuel Alcántara y un encargo privado. Me han pedido una estatua genuina Pimentel (risas)… ya sabe usted, bronce pero que parezca que está volando… que no esté sostenida sino mantenida por la ingravidez y he creado un caballito alado que está sostenido en una sola pata. Es como un Ícaro. También ando dándole vueltas a una estatua, pero no está terminada así prefiero no desvelar nada (cubre una estatua en barro con un paño).
-Si tuviera que quedarse con una, ¿cuál cree que es su obra maestra?
-No la he creado aún o puede que sí y aún no me haya dado cuenta… yo la sigo buscando dentro de mí…

“Ver de lejos es una cosa; pero ir allí es otra”, decía Constantin Brancusi. Y eso es precisamente lo que logra Pimentel, que no solo “ve de lejos” sino que “va allí” y lleva con él a quien contempla su obra, contagiándole su entusiasmo creador. El malagueño desde bien joven aceptó el desafío de representar una realidad en constante cambio y, de ahí quizás, su pasión por el movimiento, que se ha atrevido incluso a descomponer en la suma de actitudes fijas. Artista poliformico y perfeccionista, tras conversar con él y mirarle fijamente a los ojos, no puedes dejar de ver a ese pequeño “ladrón de tizas” que logró alcanzar su sueño de ser escultor y que, por el camino, ha logrado despertar en todo el planeta dispares sentimientos con sus obras, admiradas por niños y adultos y con una producción artística que parece no tener fin. Orgullo de Málaga, Jaime Pimentel es, y será siempre, uno de los grandes y no solo por su arte sino por esa nobleza de espíritu tan encomiable.
- Fotografías: Fondo local de la Biblioteca Pública Arroyo de la Miel
