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¿Intento razonar con mi hijo o lo castigo?

Sergio García Gutiérrez, especialista en psicología infantil

Diariamente, muchos niños se encuentran con algún tipo de frustración, por lo que se bloquean y desafían a sus padres usando todo tipo de estrategias inadecuadas (llanto, gritos, agresiones verbales, físicas, etc) como herramienta de imposición… En estos casos, el razonamiento es la estrategia más eficaz para modificar la conducta, a largo plazo.

Cuando un niño pega a otro, o adopta una actitud desafiante con los padres, resulta más práctico a corto plazo aplicar directamente el castigo. Con todo, el castigo no es la mejor estrategia a largo plazo, ni siquiera cuando pegue o desafíe.

Cuando se trata de modificar conductas a largo plazo, debe intentarse razonar con el niño para que entienda por qué determinadas conductas no son admisibles en tal o cual circunstancia, o en ninguna. El tiempo de dedicación y la paciencia del adulto en este paso resulta fundamental, dado que no todos los niños entienden de la misma forma y en el mismo plazo de tiempo.

Los castigos sí consiguen mejorar el comportamiento “a largo plazo” de los niños que muestran actitudes desafiantes con los padres. De ahí que aconsejo a los padres que adviertan a los pequeños del castigo que se van a llevar si insisten en su actitud. Cuando un niño sabe lo que le va a ocurrir si realiza alguna acción explícitamente prohibida, fija en su memoria la relación existente entre una ‘trastada’ y su consecuencia, lo cual contribuye enormemente a su aprendizaje para futuras ocasiones.

La educación es un arte que requiere de mucha observación y experiencia con los niños. Las recompensas y los castigos, como parte de la educación de un menor, deben ser administradas con sumo cuidado.

Está comprobado que los castigos son un arma de doble filo. Si no se aplican en su momento, proporción e intensidad adecuadas, pueden resultar contraproducentes. Los castigos físicos han dado lugar, en muchos casos, en agravantes de dichas conductas.

Otro tipo de castigos no físicos (del tipo “ahora tendrás que hacer esto” o también “ahora no podrás hacer aquello”) tampoco obtienen por sí mismos resultados esperados. No existe castigo infalible si no se aborda la actitud y las disposiciones del niño en concreto.

Por ello, propongo varios criterios que “os pueden orientar”:

  • En la medida de lo posible, no castigar ‘en caliente’. Los castigos sirven para que el niño aprenda, no para desahogar al adulto. Si el niño ha provocado un enfado muy grande, conviene dejar pasar un tiempo antes de aplicar la sanción (pero no dejar de hacerlo).
  • Nunca perder de vista el grado de madurez del niño. No todos tienen la misma edad, ni son igual de inteligentes, ni aprenden de igual modo, ni viven las mismas circunstancias. Un castigo eficaz a un niño no tiene por qué producir el mismo resultado con su hermana o con su compañero de clase.
  • Asegurarse de que el niño va a entender la relación entre el error y el castigo. Si se ha portado mal en la piscina, tratará de corregir su error si tiene que privarse de esa diversión durante un tiempo determinado. En este caso, resulta más eficaz ese castigo para corregir la conducta equivocada que no otro (como quedarse sin tele o merienda).
  • Proporcionalidad. Aunque lo normal es que protesten por todos los castigos, los niños tienen sentido común y son capaces de asumir la gravedad de su error calibrando la gravedad del castigo. No sirven los castigos leves para las trastadas graves y tampoco lo contrario.
  • Criterio de excepcionalidad. Los castigos no pueden convertirse en los reguladores cotidianos del comportamiento, son los límites del amplio campo de la libertad humana. Los niños deben entender la racionalidad de las normas, que no tratan de coartarlo sino de facilitarle la convivencia.

Por último, no hay que olvidar que existen herramientas educativas incluso más eficaces que los castigos, como el refuerzo de conductas positivas. Los padres y tutores debéis valorar las buenas acciones de los niños, y hacérselo saber para que refuercen y repitan en el tiempo, todo aquello que están haciendo bien.

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