sábado, julio 13, 2024
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Leo Eloesser, el ‘Marco Polo’ médico

La guerra civil española puso de manifiesto la capacidad altruista de una serie de personajes que merecen ser recordados por su dedicación e interés en beneficio de los demás y que superando el desgraciado y perdido conflicto patrio, proyectaron su capacidad más allá de nuestras fronteras. Son los casos del conocido entre nosotros Dr. Bethune y nuestro protagonista de hoy, Dr. Eloesser, que curiosamente ambos coinciden en la China de Mao Zedong, tratando de mejorar sus condiciones sanitarias, porque, en palabras del Dr. Eloesser, “todo el que estaba en la guerra española se volvía comunista”.

Leo Eloesser era descendiente de emigrantes alemanes y nació en 1881 en California, en donde realizó sus estudios elementales que culminó antes de tener la edad necesaria para ingresar en la UCLA (Universidad de California) por lo que inició los estudios de música. Una vez en la Universidad, uno de sus profesores (el Dr. Barkan) recomendó que completara sus estudios de Medicina en Alemania, en la Universidad de Heidelberg, en donde conocía al profesor de cirugía Vicenz Czerny, especializado en cirugía del cáncer, con el que trabajó seis meses, pasando luego a Inglaterra en donde estuvo otros seis meses en el laboratorio de Sir Almrott Wright en el Hospital Saint Mary`s de Londres, conocido inmunólogo y bacteriólogo que realizó importante avances en vacunación.

De regreso en San Francisco se incorporó a la Universidad de Stanford en donde estuvo enseñando durante 34 años y a la práctica privada. Usaba el método socrático para inducir a los estudiantes a llegar a conclusiones lógicas y utilizando las cuatro vías para aprender la técnica: escuchar, observar, comprender y hacer. Atendía a todo tipo de pacientes y cobraba muy poco o no cobraba nada dadas sus ideas izquierdistas tendentes a la medicina socializada. Su interés por la investigación y por las nuevas técnicas se acrecentaron en estos años, siendo un pionero en las técnicas de drenaje pleural y en el tratamiento de la tuberculosis y el cáncer de pulmón. Era bajo de estatura, apenas superaba el metro y medio por lo que operaba subido en un taburete. Fue elegido Presidente de la Asociación Estadounidense de Cirugía Torácica. Su amigo el escultor Ralph Stackpole lo inmortalizó en un monumento mirando un microscopio que aún se conserva. En 1934 visitó Rusia desarrollando una sala de cirugía torácica en la Universidad de Moscú.

En 1930 conoció a la pintora mejicana Frida Kahlo, al trasladarse ésta a vivir a California, a cuyo marido el muralista Diego Rivera ya conocía desde 1926, y a la que atendió profesionalmente, en principio, de los dolores crónicos que padecía resultado de un accidente de autobús ocurrido años antes, operándola en dos ocasiones. La correspondencia entre ambos descubierta años después, indica que la relación entre ellos fue mucho más profunda que profesional y amistosa. La pintora realizó un cuadro al médico en agradecimiento por sus atenciones que se muestra en el vestíbulo de la Universidad de Stanford.

Al cumplir 55 años se declaró la guerra civil española, los informes de destrucción sufrimiento fueron impactantes, y Eloesser en Septiembre de 1937 decidió acudir a España a ayudar a la causa republicana para lo que recaudó 50.000 dólares en donaciones privadas con los que financió una ambulancia y un hospital móvil más un grupo de médicos y enfermeras que consiguió reclutar, con los que estableció hospitales móviles de campaña y bancos de sangre, durante los 9 meses que estuvo en nuestro país.

En 1938 volvió a California y a su trabajo habitual, ofreció su experiencia a su país cuando entró en la II Guerra Mundial, pero lo rechazaron por sus precedentes comunistas, afiliándose entonces a la Organización de la Naciones Unidas donde fue contratado como especialista en Cirugía y marchó a China en 1945 a ayudar a las fuerzas comunistas de Mao Zedong.

Al llegar a China inicia un programa de enseñanza a cargo de la ONU. Al año siguiente recibe una invitación del Dr. Hatem, médico norteamericano establecido en China, con el que vuela a la provincia de Hebei y Yanan, conocida como la “capital roja”, visitando el “Hospital de Paz Internacional Dr. Bethune”, en honor de su viejo amigo de España que recalando aquí con 47 años, había fallecido en 1939 tras infectarse accidentalmente operando a un soldado herido.

Eloesser volvió a EEUU en 1947 y en sus informes califica de caos la situación sanitaria. Al regresar, en ese mimo año, organizó otro equipo sanitario con un médico chino (el Dr. Li) y una enfermera hija de emigrantes norteamericanos (Ruth Ingram) que hablaba el idioma con los que alcanzó otros remotos hospitales que les obligaron a hacer 25 km a caballo. Su estilo de enseñanza se basó en el mismo utilizado por Bethune mediante ejemplos sobre animales.

Después de tres años trabajando en China, Eloesser comprendió que importar hospitales sofisticados o enviar jóvenes médicos chinos a formarse al extranjero no ayudaba a la salud del pueblo chino porque lo que se necesitaba era “medidas preventivas simples, medidas de higiene, de ayudas al parto, cuidados infantiles, vacunar e inmunizar”. “La salud es un derecho de todos y no el privilegio de unos pocos favorecidos y se puede lograr por medios sencillos matando moscas y piojos, practicando una higiene y limpieza, y una vida digna”.

Por todo ello el Dr. Junot, jefe del programa de Unicef en China lo contrató para desarrollar un programa que tenía presupuestado gastar 500.000 dólares en mejorar las condiciones sanitarias locales lo que le permitió organizar cursos de capacitación siguiendo el método Bethune, y que sirvieron para la habilitación de cientos de miles de “médicos descalzos”.

En 1948 volvió a EEUU y tuvo que hacer frente al programa de “caza de brujas” del senador McCarthy. Y en 1950 al cumplir 70 años renunció a la ONU y se fue a vivir a México con su compañera Joyce Campbell, estableciéndose en Tacámbaro donde construyeron un rancho y puso una clínica gratuita para los campesinos de la zona. Todavía pudo volver a China, a la que añoraba, al ser invitado a Beijing como miembro de una delegación médica mexicana con la que pudo visitar a alguno de sus antiguos amigos y colaboradores.

En 1976, sufrió una oclusión coronaria y falleció en México a los 92 años de edad. Acuñó para sí mismo el término de “Marco Polo Médico” que había ido a China para enseñar y se quedó para aprender, pero a diferencia del comerciante veneciano del siglo XIII “reuní a mis maestros y aprendí mis lecciones, no en la corte del Khan, sino en los más bajos niveles de la sociedad”.


Bibliografía

  • Hwei-Ru Tsou y Len Tsou. El Marco Polo Medico. AABI

Jesús Lobillo es doctor en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid, presidente del Ateneo Libre de Benalmádena y fue reconocido por el Ayuntamiento con Benalmadense del año 2020.

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