Sergio García Gutiérrez, especialista en psicología infantil
Por finnnnnn llegaron las deseadas vacaciones para los niños… ¿y para los padres también lo son? Pues yo creo que dependerá de las circunstancias de los trabajos y la organización de casa… Aun así, esto se repite casi todos los años, hasta que los padres no cojáis vacaciones, tenéis que hacer lo imposible por conseguir que vuestros hijos las disfruten “a tope”, y no se aburran.
Lo de aburrirse en vacaciones no es algo raro de encontrar, ya que hoy día, los niños suelen tener su tiempo muy planificado, hacen muchas actividades continuamente y reciben mucha estimulación del exterior. Por eso, a veces, cuando tienen tiempo libre no saben qué hacer, simplemente se aburren. No están acostumbrados a no tener planes o actividades organizadas. Por eso, es importante que aprendan a gestionar su tiempo libre, a llenarlo de actividades o juegos no planificados y a entretenerse solos o con amigos.
Si vuestro hijo está acostumbrado a que todas sus actividades estén dirigidas y su tiempo ocupado por ellas, seguramente con las vacaciones sentirá un vacío que no sabrá cómo llenar cuando se enfrente a “su nuevo” tiempo libre, ya que la mayoría de los estímulos no le llegarán desde fuera, tendrá que encontrarlos por sí mismo.

Se puede aprovechar el inicio de las vacaciones, para empezar la tarea de “aprender a gestionar su propio tiempo de ocio”, sin planificación y sin dirección. Y si no fuera capaz de conseguirlo, yo de vosotros reflexionaría acerca de la organización de su tiempo diario, quizás esté demasiado dirigido. No sé, lo mismo ese es el motivo. Realmente, esto suele ser un problema cuando arranca las vacaciones, y que viene provocado por la rigidez de los horarios y la cantidad de actividades a las que se ven sometidos los niños durante el curso escolar. Por esto, a veces, es conveniente sugerir alguna actividad o un juego, como motivación inicial y dejar que el niño lo continúe, lo modifique a su antojo y aprenda a disfrutar de su libertad. Vosotros, podéis participar de su diversión, pero siempre abiertos a sus ideas. En definitiva, decir que el valor del “tiempo libre” de los niños es precioso para el desarrollo de su imaginación, a muchos les falta por no tener el hábito así que, a probar ideas, lo mismo conseguís que vuestro hijo no se aburra mucho…
A parte de todo esto, es verdad que las vacaciones de verano son demasiado largas (para mi gusto), por lo que veo importante que se establezca un cierto orden en las actividades diarias de los niños, lo digo para prevenir que los nuevos horarios veraniegos de sueño y comidas acaben perjudicándoles.

Al seguir “un cierto orden” en sus actividades diarias, conseguimos evitar que los niños se sientan algo desconcertados, aunque veo normal que así se sientan al principio, ya que es una época diferente con un clima totalmente distinto (amanece y anochece más tarde, hace más calor, tienen más actividades físicas, etc.). Aun así, está claro que las rutinas transmiten a los niños les sienta bien y se sienten más seguros. De esta manera, más adelante, en septiembre, les costará menos volver al cole. En ese “cierto orden” que decía antes, creo que no conviene que los niños se levanten más tarde de las once de la mañana, tanto para evitar que el desayuno se le junte con la comida, como que no tenga sueño a la hora de la siesta (algo aconsejable, por lo menos para descansar). Antes de salir a la playa o a la piscina, no estaría mal que le dedicaran un pequeño tiempo a pintar, o a repasar algunas fichas o a hojear sus cuentos. En las primeras horas del día, el aumento de azúcar en la sangre y del calor corporal favorecen la concentración y estimulan la capacidad de deducción. Además, al entretenerse durante un rato de manera tranquila evitáis que estén todo el día gastando energías. Después de comer conviene que los niños se echen la siesta, como decía antes por lo menos para descansar si no tienen ganas de dormir. Los carbohidratos de los alimentos ejercen un efecto calmante sobre el cerebro, haciendo que el nivel de atención disminuya. Si no logran conciliar el sueño, deben entretenerse con alguna actividad relajada. Ya, por la tarde, es bueno que hagan ejercicio al aire libre (al oxigenarse y moverse, dormirán y comerán mejor). Y por la noche, deben dejar las actividades movidas al menos media hora antes de acostarse (si no, se irán a la cama muy excitados y les costará mucho dormirse). La hora de irse a la cama debe ser razonable por ser vacaciones, no importa que trasnochen en alguna ocasión especial, pero no como norma. Cuanto más tiempo pase desde que empieza a producir melatonina (es la hormona que comenzamos a segregar cuando anochece y que nos induce al sueño) hasta que se acuesten, más les costará dormirse.

Si los niños tienen un ambiente medianamente organizado que les permita cubrir sus necesidades vacacionales, el verano fluirá de una forma más sencilla. Así que, disfrutad todo lo que podáis este verano con vuestros hijos, porque si lo pensáis, “hay muy pocos veranos siendo niños”.
