martes, junio 25, 2024
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¿Por qué el Castillo de El Bil Bil era de color blanco en los años 70?

El Castillo de El Bil Bil es un icono de la Costa del Sol. En realidad no es un castillo ni tampoco es muy antiguo, pero a todos nos encanta y es un lugar que llama la atención en nuestro paseo marítimo, inmortalizado en multitud de películas de géneros de lo más dispares, desde acogiendo sangrientos crímenes cinematográficos hasta siendo testigo de amoríos en tiempos de guerra protagonizados en el celuloide por estrellas internacionales. Es en definitiva testigo de nuestra historia más reciente.

La Oficina de Turismo está situada en el interior del Castillo El Bil-Bil.

En realidad nuestro castillo nació como una residencia de descanso en la primera mitad del siglo XX y le debe su nombre a uno de sus dueños, el norteamericano William Schenstrom.

Se ha convertido emblema de Benalmádena por el lujo de la decoración morisca de su interior y su situación privilegiada, en la que cada año se dan el sí quiero miles de parejas de enamorados y además, es escenario de una nutrida agenda cultural de conciertos y exposiciones.

Si ya de por sí su historia resulta de lo más curiosa, lo que pocos saben es que no siempre tuvo ese color rojizo en su ladrillo, por el que siempre se le ha identificado. Y de ello queda constancia en esta imagen que data de 1077 -perteneciente al fondo local de la Biblioteca Pública Arroyo de la Miel- en la que se puede ver el Castillo de El Bil Bil pintado completamente de color blanco. Pero para descubrir el por qué de este cambio de look tan drástico, quizás debemos empezar por el principio de la historia de este edificio, que se remota a los años 30, cuando León y Fernanda Hermann, un matrimonio hispano-francés, decide hacerse una “casa de baños” frente al mar, en Benalmádena.

Esta familia encarga el proyecto al arquitecto Enrique Atencia, que ya les había construido un casoplón en El Limonar en Málaga.

La familia Hermann quería huir de lo convencional y tenía en mente construir un inmueble que llamase la atención con un toque exótico, algo único que destacase en la costa benalmadense. Y cómo podemos ver, a día de hoy, lograron su propósito con creces.

Atencia, influenciado por la arquitectura de inspiración islámica, -de moda en Europa en aquellos momentos, y uniendo estilos neo-mudéjar y neo-árabe-, realizó este peculiar proyecto, al que sus dueños pensaban llamar Ben-Hassar o Ben Azahar. El arquitecto malagueño contó con la colaboración de su amigo Antonio Santiesteban, conocido restaurador de la Alhambra de Granada, que se encargó de aportar moldes para yesos, escayolas, y decoración epigráfica, diseñó las rejas y recopiló azulejos dotando así al edificio de una decoración alhambrista.

Las obras terminaron en 1936, pero la Guerra Civil truncó los deseos de sus propietarios de disfrutar de la que estaba llamada a ser su casa, la cual nunca pudieron habitar.

El mismo año en el que se pone a la venta, el 1937, lo adquieren los Schestrom, una familia americana que nada más comprarlo realiza distintas mejoras, sobre todo en los jardines. Serán ellos quienes le den el nombre por el que hoy día todos le conocemos: El Bil-Bil, que proviene de las contracciones de sus nombres – Elsa (El), la esposa; William (Bil), el esposo y, de nuevo, William (Bil), el hijo del matrimonio-.

Esta familia disfrutó del Castillo durante tres décadas, en las que lo usaron de vivienda particular, mientras eran testigos, desde su peculiar paraíso de estilo neo mudéjar, de la rápida proliferación urbanística en torno al turismo que experimentaba la costa de Benalmádena.

La Avenida Antonio Machado a principios de 1970 Foto: cedida por Laura Montes Guillén

En los 70 los Schestrom deciden venderlo y lo adquiere el belga Gerard Saintmoux (que ¡atención spoiler! fue quien lo pintó de blanco). Poco se sabe de él, más allá de que era un prófugo de la justicia y de que, aunque emprendió varios proyectos urbanísticos en la Costa del Sol (ahora te damos más detalles…), muchos de ellos los dejó a medio acabar. Quizás con la intención de especular con los terrenos, estratégicos al estar frente al mar en un enclave en pleno auge turístico, el propietario dejó el Castillo de El Bil-Bil abandonado a su suerte e incluso lo pintó de blanco, ocultando ese ladrillo rojizo por el que siempre se había identificado, puede que para silenciar su singularidad y que pasase más desapercibido.

La información más detallada sobre Saintmoux, la hemos encontrado gracias a Ángela Vázquez Romero, que refleja en su libro El Castillo de El Bil-Bil, que al parecer este señor había sido mercenario en el Congo Belga, huyó con dinero del Gobierno de Bélgica destinado para dicho país africano y se había instalado en la Costa del Sol, donde llevó a cabo varios negocios; entre otros, la construcción de varios edificios e instalaciones que, por su condición de prófugo de la justicia, quedaron sin concluir, tales como el Puerto Deportivo de Benalmádena y los complejos turísticos y comerciales que hoy se conocen como Benal-Beach y Marbell Center en Benalmádena y Marbella, respectivamente.

Tras su marcha de la Costa del Sol “la última noticia que se tiene de él es que se traslada a Río de Janeiro donde muere trágicamente en un accidente de aviación” (pero, no podemos dar datos fidedignos de que este fuera el final terrenal de este individuo ante la falta de documentación) .

La escritora no tiene dudas y asegura que en los años que Saintmoux fue el dueño “el Castillo conoció los momentos más terribles; el abandono era total: el jardín se convirtió en una jungla, el edificio, por el descuido, comenzó a acusar su proximidad al mar y los revestimientos se desprendieron”. Incluso se atreve a asegurar que “resulta evidente que no le interesaba el edificio en sí, ya que este señor vivía en una magnífica casa, sita en el actual Parque de la Paloma 11, sino más bien el terreno en el cual se instalaba. Su proximidad al mar y su situación estratégica hacían el paraje presa fácil de la especulación urbanística de aquellos años. En un intento de desvalorizar el carácter artístico del edificio, Saintmoux lo pintará de blanco y en ese mismo periodo proyectará un complejo turístico que, enlazara el Castillo, a partir de una pasarela o puente sobre la N-340, con las nuevas edificaciones (actualmente la urbanización Benal-Beach). En realidad el enlace se produciría con el terreno del Castillo, puesto que éste desaparecía en su proyecto y sobre él se iba a instalar un club náutico que diera paso a un embarcadero y pequeño puerto deportivo”.

Cuando en Benalmádena empieza a ejecutarse la ordenación urbanística en los años 80, siendo alcalde Enrique Bolín, el documento recoge los terrenos en los que se asienta el Castillo El Bil-Bil como zona verde por lo que se pone freno a cualquier tentación de especulación con el suelo, circunstancia que pudiera ser la que propicia su rápida venta por parte de Saintmoux al Ayuntamiento.

Desde entonces, el Consistorio invirtió en distintas mejoras, entre ellas la recuperación de su cromatismo exterior (por lo que de blanco estuvo varios años), con la pretensión de darle un uso para el disfrute de la ciudadanía y que pasase de casa particular –tal y como lo fue siempre- a centro cultural.

El resultado de las distintas rehabilitaciones, promocionadas por la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Benalmádena, es la visión actual que tenemos del Castillo de El Bil-Bil donde el transeúnte se lo encuentra integrado en el Paseo marítimo, en el que ocupa un lugar protagonista por su belleza y singularidad. Siendo a día de hoy, junto al Centro de Exposiciones y el Centro de Historia, uno de los grandes edificios culturales de la Costa de Benalmádena.

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