Sergio García Gutiérrez, especialista en psicología infantil
Pues sí, a un niño hay que dejarle que explore massssss, lo digo porque debido a que el estilo de vida se ha vuelto tan intenso y variable en los últimos años, ha provocado que muchos padres estén, desde mi humilde punto de vista, excesivamente preocupados por “preparar bien” a sus hijos para un mundo tan dinámico y competitivo. Esto no es que sea negativo, es que no ayuda a que muchos niños puedan desarrollar su “propio guion de vida”, ni sentirán que tienen autonomía e independencia para decidir, pensad que un niño es más feliz cuando se ve autónomo, responsable de sus cosas, independiente y con iniciativa y libertad para decidir sus cosas, sin que tenga que depender de “mamá o papá pato”.
Esto puede provocar la proliferación de padres “helicópteros”, que diseñan la vida de sus hijos con especial cuidado y “al detalle”, intervienen resolviendo todos sus problemas y, por tanto, sobreprotegiéndolos en exceso. Y eso, no es lo más adecuado, creo…
El espíritu emprendedor no se educa llenando la agenda de mil tareas para “prepararse bien”, sino dejando explorar “un poco”. De lo contrario, conseguiremos bloquear algunas cualidades necesarias para el espíritu emprendedor y el éxito en la edad adulta, como la capacidad de adaptación, la iniciativa y la creatividad.
Para evitar dicho bloqueo en los hijos, estaría bien…
-Centrarse en objetivos, y no en tareas. Si lográis que ellos se conecten con lo que hacen “por el objetivo” que quieren alcanzar, promoveremos su independencia y el manejo de responsabilidades.
–Dejarles que elijan sus actividades. Para el éxito en la vida, uno debe estar apasionado por lo que hace. Si les dejáis elegir, realizarán las actividades con pasión y, será más probable que descubran su talento, y se conviertan en los emprendedores de su propia vida.
-Permitir que se equivoquen “lo necesario”. Los errores, el fracaso, nos enseñan importantes lecciones y nos dan fuerza. Es necesario enseñar a los hijos que no es tan malo equivocarse, siempre que aprendamos de los errores y que esto nos impulse a mejorar. De hecho, los jóvenes que no están acostumbrados a fallar “se ahogan en un vaso de agua,” y son incapaces de levantarse tras una caída y reinventarse.
-Ponerles en situaciones en las que necesiten adaptarse. Algunos padres buscan un entorno seguro para que su hijo crezca tranquilo y sin sobresaltos, no que yo lo critique aquí, pero también es cierto, que el futuro va a ser muy dinámico y cambiante, de modo que es necesario saber adaptarse al continuo cambio que los niños vivirán en su entorno. Por ello, recomiendo exponer de manera consciente a los niños a situaciones a las que deban adaptarse, como viajes al extranjero, campamentos o tiempo de juego libre.
Por tanto, si le “damos vuelta” a lo que podemos hacer para que nuestros niños sean mejores, tengan un buen trabajo en el futuro o, al menos, que sepan defenderse en lo profesional y en lo personal, y lleguen a ser felices, que sean ellos los que vayan decidiéndolo, aunque sea “con vuestra ayuda”.
Sé que no es una tarea tan sencilla de llevar a la práctica “cuando te toca tu hijo”, pero, como ya sabemos, todo se aprende, y por tanto, todo se enseña. Para que nuestros niños sean independientes y desarrollen cierta autonomía en sus vidas, debemos educarlos dejando que exploren por sí mismos, ya que su grado de autonomía e independencia dependerá mucho de la educación que les demos.
Como decía antes, lo que ocurre a menudo, es que muchos padres suelen anticiparse a las acciones de los niños, y no les dejan actuar o a hacer algunas otras cosas que los niños podrían “hacer solitos”. Esos padres actúan así porque creen que sus niños aún no tienen la capacidad de realizar cosas de manera autónoma, o porque así evitan que se hagan daño, o “por comodidad” para conseguir resultados más rápidos, o porque no confían en la capacidad de reacción de sus hijos, etc…
Es cierto, que los niños aprenden a ser autónomos a través de las pequeñas actividades diarias que desarrollarán en casa o en el colegio. Los niños desean crecer y quieren demostrar que son mayores en todo momento. Es misión de los padres y de los educadores, la aplicación de tareas que ayuden a los niños a explorar y demostrar sus habilidades y el valor de su esfuerzo. Desde que son pequeños, colocar, recoger, guardar, quitar, abrochar y desabrochar las prendas de ropa y los zapatos, ir al baño, comer solo o poner la mesa son acciones que ayudarán a los niños a situarse en el espacio en que viven, y a sentirse partícipes dentro de su propia la familia y con sus amigos.
Todos los niños pueden y deben ser educados para ser independientes, pero todos los niños no son iguales, eso es una “verdad verdadera”. Cada niño desarrolla capacidades de una forma distinta…. Se puede pedir todo a todos, pero no se puede esperar que los resultados sean los mismo, por eso, primero, se debe conocer cuáles son las capacidades reales de cada niño, para poder ayudarle en su justa medida, y no solucionarle la tarea cuando realmente él sea capaz de realizarla solo.
Se debe dar la oportunidad de experimentar, de equivocarse, de fallar o de acertar, y todo eso lleva un tiempo, según la edad y la capacidad de aprendizaje de cada niño. Cuando tu hijo, delante de una tarea, diga “yo solo que ya soy mayor”, escúchale y respeta su decisión. Es más importante lo que dicen y cómo actúan los padres en ese proceso, que la disposición que tenga el niño. No olvidéis que una mayor autonomía favorece una buena autoestima, y que este camino de “exploración de su entorno” conduce a una evolución sana en cuanto a las decisiones y las vivencias del niño en su día a día.
Por tanto, el espíritu emprendedor se centra en crecer “enfrentándose a retos”. Si damos espacio a los hijos para que exploren, experimenten y aprendan con iniciativa, mientras les guiamos, queremos y apoyamos, es más probable que crezcan como una nueva generación mejor preparada para tener vidas más completas, satisfactorias y humanizadas.

