Sergio García Gutiérrez, especialista en psicología infantil
El miedo es una emoción básica junto a la alegría, tristeza, enfado, sorpresa, asco y amor. Todas estas emociones ocurren de manera natural en las personas, forman parte de nosotros y tienen una importante función adaptativa. Las emociones negativas, aunque nos puedan provocar sensaciones no tan agradables como las positivas, son muy importantes, y saber gestionarlas es fundamental para nuestro bienestar presente y futuro.
Normalmente, el miedo aparece cuando valoramos una situación como amenazante, suele poner en marcha una serie de respuestas fisiológicas y conductuales, que tienen el objetivo de salvaguardar la integridad física y emocional, y mantenernos “a salvo del peligro”. por lo tanto, cumple una función importante para la supervivencia.
Pero el miedo, como las demás emociones, puede convertirse en disfuncional, esto ocurre cuando no somos capaces de controlarlo, cuando lo negamos (miedo al miedo) y dejamos que el miedo, en lugar de cumplir su función “crezca en nuestro interior”. Es entonces, cuando podemos tender a “valorar como peligrosas” aquellas situaciones que no lo son tanto, e incluso llegando a anticiparlas antes de que se produzcan. En estos casos, el miedo puede provocar respuestas de ansiedad e incluso convertirse en una fobia específica. Si esto ocurre, el miedo nos controla y no nos deja funcionar en nuestro día a día.
En el caso de los niños, el miedo es normal. En los primeros años de vida, aparece lo que se conoce como “miedo evolutivo”. Este miedo es natural y forma parte del desarrollo natural y sano de nuestros niños, cumpliendo una función muy importante para la supervivencia y el bienestar de los peques. En estos casos, no debemos alarmarnos demasiado, el miedo cumple una función necesaria para su desarrollo y no debemos darle más importancia. Es más, debemos educar a los niños para que sean capaces de identificar y gestionar de manera adecuada sus miedos, y de este modo ayudarles a enfrentarse a ellos.
Pero, claro, cómo diferenciamos este miedo evolutivo normal de un tipo de fobia o miedo problemático…. No siempre es fácil diferenciar los miedos de nuestros peques, pero el miedo se convierte en problemático cuando interfiere en el funcionamiento diario de los niños, cuando supone un obstáculo para su vida diaria (actividades escolares, sociales, relaciones, juegos, salir de casa, etc). Por tanto, el miedo es problemático cuando es demasiado intenso y frecuente.
Recomiendo que “no se presione” al niño para que se enfrente a sus miedos. Se trata de una gestión personal, que parte del conocimiento de uno mismo y de los propios miedos. Veo mejor acompañarlo y proporcionarle apoyo para que, cuando esté preparado, pueda enfrentarse a ello.
Por supuesto, que no se debe aumentar sus miedos, ya que os puede “parecer gracioso” asustar a los niños, e incluso usar el miedo como medida disciplinaria.
Súper importante que habléis con ellos y ayudarles a identificar sus miedos y “las causas” de los mismos. De este modo, sin presiones, les ayudaremos a que poco a poco puedan desmantelarlos y controlarlos ellos mismos.
Vital que reforcéis su autoestima y la seguridad en sí mismo, para ello permitidles que desarrollen su autonomía e independencia, es que un niño autónomo crecerá con menos miedos.
En resumen, conseguir que un niño esté sin miedo a sus miedos es algo asequible con vuestro apoyo, como decía antes acompañadlos en sus miedos, no dudéis en abrazarlo y tranquilizarlo, no le presiones, tratadlo con naturalidad, tampoco le incites a negar su miedo. Vuestra compañía le ayudará a superarlo y darse cuenta de que “no es para tanto”.
