Entrevistamos a la directora argentina afincada en Málaga Constanza Manescau, que rueda un documental sobre el la estatua de San Salvador en Mar del Plata aprovechamos para reflexionar sobre el culto marinero a una serie de santos y santas.

Desde que el ser humano decidió salir de su zona de confort terreste e internarse en las procelosas aguas del mar, se ha encomendado a una serie de criaturas para buscar protección y regresar sano y salvo a casa.
Entre los santos patronos más conocidos entre los marineros están San Nicolás y para los armadores de agua dulce en tierras checas (y eslavas), San Juan de Nepomuceno. En Dinamarca, es San Clemente, desterrado y condenado a trabajos forzados en Crimea y que (milagrosamente) soltó un chorro de agua y como resultado convirtió a un gran número de personas a la fe. Fue martirizado mediante la brutal técnica de ser ahogado con un ancla al cuello y el ancla se convirtió en su símbolo- (Dicen algunos que símbolo de esperanza, y eso que se ahogó). En África y partes del Caribe, es Mami Wata, una especie de sirena la que protege a los pescadores, en China y Hong Kong, Tin Hau, que según la leyenda fue una que chica vivió en el siglo X y podía predecir las tormentas.




Más cercana a nosotros es Virgen del Carmen. Patrona católica del mar y de los marinos cada 16 de julio, se celebración su día en las costas de medio mundo y procesiona su figura en típicos y muchas veces singulares paseos o romerías marineras. Benalmádena (que desde hace tres años tiene su Paseo Marítimo Virgen del Carmen) por ejemplo, celebra su tradicional Veladilla del Carmen.
Cristos protectores
Entre aquellas entidades convertidas en tótems de protección también hay alguna de Jesucristo. El Cristo del abismo (en italiano: Il Cristo degli abissi) es una estatua de bronce de Jesús de Nazareth, sumergida desde 1954 en el fondo de la bahía de San Fruttuoso en Liguria. Existen figuras similares en la Región de Valparaíso (Chile), el o en Key Largo (EEUU).
“Cristos” de costa los hay en lugares tan dispares como el de playa Salinitas en Sonsonate (Playa de El Salvador), el de Playas de Rosarito (México, el Cristo Rei de Madeira (Portugal) o el del Sagrado Corazón que preside la bahía de San Sebastián, en nuestro país.
En la ciudad argentina de Mar del Plata, existe el Monumento a San Salvador. Se encuentra, mirando majestuosamente al océano, al final de la escollera sur, pasando una reserva de lobos marinos. Esta estatua recibe a miles de personas que dejan allí las cenizas de sus muertos. Muertos que amaron el mar, hasta que nada más hubo.
Construido por el escultor Emilio Manescau, en realidad ese Cristo nunca fue terminado. Recientemente se ha puesto en marcha una ambiciosa “restauración” y la mismísima nieta del escultor reflejará la obra de su abuelo en un documental coproducido con nuestro país.

Por el Festival de Cine de Benalmádena pasó el año pasado, como miembro del jurado, Constanza Manescau , que con la película Emilio Manescau: el Legado que repasa la vida del escultor y su vida y obra por Melilla (ciudad autónoma con fortísimos lazos históricos familiares y con Málaga), cultura de entonces para terminar en su última pieza en la ciudad de Mar del Plata, Argentina.
–Llevas el cine como herramienta de la memoria histórica un paso más allá. Aquí en Málaga nadie se ha atrevido a rodar una película reivindicando que se termine de construir la catedral de Málaga. ¿De dónde surge esta necesidad tuya?
-La necesidad de finalizar la construcción de San Salvador, patrono de los pescadores, surge en mí como una forma de honrar y continuar el legado de mi abuelo. Si bien es cierto que la obra ha cumplido su función a lo largo de los años, considero que es esencial que sea concluida para que perdure en el tiempo y resista las inclemencias del clima y la naturaleza.
San Salvador tiene una gran importancia no solo para los hombres de mar y sus familias, sino para toda persona que busque un lugar de refugio y paz. Esta majestuosa construcción ha sido testigo del paso de los barcos que se adentran en el mar y ha sido guardián de aquellos hombres que, enfrentando la fuerza de la naturaleza y el miedo, luchan por el sustento de sus familias.
Mi necesidad de terminar esta obra se basa en el deseo de cerrar un ciclo que mi abuelo comenzó y que, por circunstancias ajenas a él, no pudo concluir. Creo que es importante honrar su legado y cuidar de quienes nos cuidan. Por ello, considero que una película reivindicando la finalización de San Salvador en donde se cuenta la vida de mi abuelo la historia de esta obra y el registro de su finalización es una forma poderosa de crear conciencia y de inspirar a otros
–Cuéntanos más sobre tu abuelo Emilio. ¿Cómo es que parte de la su obra acabó en Melilla?
-Mi abuelo Emilio fue un hombre que heredó su amor por el arte y la creatividad de su padre, un artista español que viajaba por el mundo presentando diversos espectáculos, incluyendo el Teatro Circo Price. En una de sus giras, mi abuelo nació en Argentina de la unión de su padre Manuel y mi bisabuela Antonia. La familia decidió regresar a España, y finalmente se establecieron en la ciudad de Melilla cuando Emilio era solo un niño.
Desde muy temprana edad, Emilio mostró habilidades artísticas excepcionales que lo destacaron en la comunidad de Melilla. Con el tiempo, se convirtió en profesor y director de la escuela de Arte Miguel Marmolejo en la misma ciudad, donde dejó un legado artístico que incluye obras en la vía pública, museos, casas de cultura, ayuntamiento y otros espacios de arte y cultura. Mi abuelo fue un hombre cuyo amor por el arte y la creatividad le permitió destacar en la ciudad de Melilla, donde dejó un legado artístico que aún se aprecia en la actualidad.
–¿Qué sientes al cruzar de un lado al otro lado del mundo y encontrarte obras hechas con las manos de tu abuelo?
-Encontrar obras hechas por las manos de mi abuelo en ambos lugares del mundo es una experiencia muy emotiva para mí. Me siento profundamente admirada y orgullosa de él y de su trabajo, al ver cómo su legado ha llegado tan lejos en el tiempo y en el espacio.

En cada lugar dónde encuentro sus obras, siento una conexión especial con mi abuelo y con su historia. Me inspira su talento y dedicación, y me recuerda la importancia del arte y la creatividad como medios de comunicación y de conexión entre las personas y las culturas.
Es maravilloso ver cómo su obra ha trascendido las fronteras geográficas y culturales, llevando su mensaje de belleza y de expresión artística a lugares muy distintos. Me llena de satisfacción saber que su legado sigue vivo, y que su trabajo continúa inspirando y emocionando a quienes lo descubren. Siento una profunda admiración por su talento y dedicación, y una apreciación aún mayor por el arte como una forma de conexión y de expresión que trasciende los límites del tiempo y del espacio.
-¿Qué relación tuviste con él?
-Cuando mi abuelo Emilio viajó a Argentina, yo era una adolescente que estaba estudiando para ser delineante en una escuela técnica. Él se instaló en la misma casa donde vivía con mis padres en Mar del Plata, y fue entonces cuando pude compartir el día a día con él y disfrutar de una hermosa vida familiar.
Recuerdo haber tenido grandes conversaciones con él sobre arte y la vida en general. Para mí, estar a su lado era como tener una enciclopedia de conocimiento abierta enfrente de mí. Sus enseñanzas y su amor por el arte fueron una gran influencia en mi vida.
Tiempo después, cuando viajé a España, me instalé en Madrid y pude volver a conectar con él. Solíamos pasar horas juntos hablando sobre arte, historia y cualquier tema que nos llamara la atención. Fueron momentos muy especiales que atesoro en mi corazón y que me hacen sentir muy agradecida por haber tenido la oportunidad de conocer y aprender de mi abuelo.
–Él esculpía con mármol. Tú con la luz. ¿Es cosa de familia?
-Es posible que la pasión por el arte sea una característica heredada en mi familia. Mi bisabuelo y abuelo fueron grandes artistas, al igual que mi hermana Laura, y creo que su legado ha influido en mi interés por el arte. Aunque yo no esculpo con mármol como mi abuelo Emilio, utilizo la luz como herramienta. Me siento afortunada de pertenecer a una familia con un linaje artístico e histórico tan importante, y me inspira seguir explorando mi creatividad y expresión artística.
–¿Era un hombre religioso? ¿De dónde surgió la idea de hacer el Monumento a San Salvador?
-Aunque mi abuelo Emilio no era especialmente religioso en el sentido convencional, sí tenía una gran fe y una profunda conexión con la espiritualidad. De hecho, muchas de sus obras están impregnadas de una dimensión espiritual y simbólica que trasciende lo puramente estético.
En cuanto al Monumento a San Salvador, este proyecto surgió a raíz de un encargo por parte de la comunidad religiosa de Mar del Plata, que quería rendir homenaje al patrón de los pescadores con una obra de arte significativa y duradera. Dado que mi abuelo era un artista reconocido en la ciudad, se le confió la tarea de crear este monumento, que se convertiría en uno de sus trabajos más emblemáticos y representativos.

Además, es importante señalar que mi abuelo también trabajaba como restaurador de obras religiosas en las iglesias de Mar del Plata, lo que demuestra su respeto y admiración por la tradición y la cultura religiosa. Puedo decir que su compromiso con la fe y la espiritualidad se reflejaba tanto en su obra como en su vida personal.
–¿Dónde te formaste? ¿Qué te atrae del documental como género?
-Me formé de manera autodidacta, aprendiendo principalmente en rodajes. Desde muy joven, tuve una cámara en mis manos gracias a mi padre, quien me regaló mi primera cámara de fotos cuando tenía tan solo siete años. Él se encargaba de revelar los carretes que yo tomaba, y a los quince años ya tenía mi propia cámara de video digital con la que filmaba películas caseras con mis amigas.
Si bien en algún momento asistí a una escuela de fotografía en Barcelona, pronto me di cuenta de que no necesitaba cuatro años de estudio para ser fotógrafa y que mi talento era algo innato en mí. Por eso, decidí dejar la escuela después de aprender lo que quería. Comencé como eléctrica en rodajes, hasta que mi trabajo empezó a llamar la atención y me convertí en directora de fotografía. Finalmente, decidí dar el salto a la dirección, creando mis propias ideas y guiones, dirigiendo y trabajando en el montaje audiovisual.
Es cierto que no tengo una formación académica formal, pero mi pasión por la fotografía y el cine me llevó a adquirir los conocimientos y habilidades necesarias por mi cuenta. Gracias a mi constancia y determinación, logré hacer de mi pasión mi carrera.
Lo que más me atrae del género documental es su capacidad para visibilizar temas que no se ven en los medios convencionales, brindar voz a quienes no suelen tenerla y ofrecer una mirada más compleja y profunda sobre la realidad que nos rodea. Además, me apasiona la idea de que a través de la cámara y el lenguaje visual, puedo contar historias con una gran fuerza emocional y transmitir mensajes que llegan directamente al espectador.
Para mí, el documental es una forma de expresión artística y una herramienta para el cambio social. Me encanta la libertad que brinda para explorar temas y enfoques que pueden ser ignorados por los medios masivos. También disfruto del desafío creativo que implica crear una obra que sea a la vez informativa y emotiva, y que pueda conectarse con una audiencia amplia y diversa.
El género documental me apasiona porque me permite explorar el mundo que me rodea de una manera más profunda y conectada, y porque creo que tiene el poder de transformar nuestra forma de ver y entender la realidad.
–¿Cómo acabaste en Málaga?
-Llegué a Málaga por un trabajo en una serie de Netflix, vivía en Barcelona y pensaba que haría el trabajo y volvería a Barcelona, pero una vez aquí, sentí una conexión especial con esta tierra. Por un lado, gran parte de mi familia paterna es de Andalucía, lo que hace que sienta una conexión muy fuerte con la cultura y la gente de esta región. Por otro lado, el clima, la belleza natural y el arte que se respira en Málaga hacen que sienta que estoy en un paraíso. Además, la gente aquí es muy acogedora y amable, lo que hace que sienta que estoy en casa.
–¿Cómo estás levantando el proyecto de tu película?
-Para levantar el proyecto de mi película cuento con el apoyo del ministro de cultura de Argentina, Tristán Bauer, quien está muy interesado en el documental, a la vez que es director de cine y documentalista. Además, cuento con el apoyo del INCAA, Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales de Argentina. También he recibido el respaldo de la Consejera de Educación, Cultura, Festejos e Igualdad, Elena Treviño, y de la Directora General de Cultura y Festejos, Carmen Parra, ambas de Melilla a través de un contrato de patrocinio.
Además, cuento con un equipo humano increíble a ambos lados del charco. En Argentina con Magalí Marazzo, Directora en la Secretaría de Obras y Planeamiento Urbano, el apoyo completo del Consorcio Portuario de Mar del Plata, Rodolfo Cabrera, productor argentino, el director de cine Gerardo Panero, Pablo Junco importante gestor cultural de Mar del Plata. En Melilla con Jorge Vera Sosa, Profesor de Historia del Arte de la Escuela de Arte Miguel Marmolejo de Melilla, junto con la gran directora de cine melillense Ceres Machado, que estará en el rodaje de Melilla. También cuento con Manuel Aragón, licenciado en historia y experto en el linaje Manescau.
Estamos abiertos a todo apoyo por parte de instituciones y buscamos fondos económicos en empresas, particulares o instituciones que quieran formar parte de este gran proyecto.
-¿Tienes algún otro proyecto en mente?
-Después de este documental tengo en mente grabar un largometraje de ficción en Andalucía. Y una serie de documental-ficción en Argentina.
–¿Cómo fue tu experiencia en el FICCAB?
-Formar parte del jurado del FICCAB ha sido una de las experiencias más enriquecedoras que he tenido como profesional del cine. Es un festival que no solo busca premiar el cine de calidad, sino que también es un espacio de encuentro para los amantes del cine independiente y alternativo.
Además, tuve la suerte de formar parte de un jurado compuesto por mujeres profesionales del cine, lo que sin duda fue una experiencia única y enriquecedora. Fue emocionante poder debatir y discutir sobre las diferentes películas y cortometrajes en competición con otras mujeres que comparten mi pasión por el cine.
Pude apreciar la gran calidad de las producciones presentadas, en una gran selección de cortos en competición, y la diversidad de cinematografías presentes.
Participar en el FICCAB como jurado fue una experiencia única e inolvidable, y recomiendo a cualquier profesional del cine que tenga la oportunidad de formar parte de este festival que no la deje pasar.
–¿Cuánto le queda a ‘Emilio Manescau: el Legado’ para estar terminado? ¿Qué harás después?
-El proyecto se encuentra en una etapa de producción en la que se está trabajando en la parte española del rodaje, la cual se llevará a cabo en la ciudad de Melilla. Por otro lado, en cuanto a la parte argentina, es necesario llevar a cabo la restauración y finalización de la obra del San Salvador Actualmente, se han tomado muestras y se está realizando el análisis estructural de la obra para su posterior finalización. Una vez realizados estos pasos, se podrá dar inicio a la filmación correspondiente en Argentina.
Qué haré después… «tomorrow never knows»
–¿Qué hace al hombre pedir por la protección de los dioses?
-A lo largo de la historia, el ser humano ha buscado explicaciones a los fenómenos naturales y ha tratado de comprender su lugar en el mundo. En muchos casos, esto ha llevado a la creencia en dioses o entidades divinas que se consideran responsables de la creación y el mantenimiento del universo.
Creo que el ser humano busca la protección de los dioses porque siente la necesidad de conectarse con algo más allá de su propia existencia, y de encontrar significado y propósito en su vida. En la creencia en los dioses, el ser humano encuentra la esperanza de una fuerza mayor que lo guía, protege, ayuda en su evolución y que lo acompaña en su camino hacia la verdad y la sabiduría.
