lunes, junio 24, 2024
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Arrancan los trabajos para iluminar la Torre Vigía de Torremuelle y vallar las zonas donde hay peligro de caída para el viandante

La torre almenara de Torremuelle será por fin iluminada, una vez se han logrado las autorizaciones necesarias, al tratarse de una Bien de Interés Cultural (BIC), emitidas por la Consejería de Cultura de la Junta Andalucía.

Los trabajos que va a iniciar el Consistorio dotarán de luz tanto a la propia torre vigía como al entorno de la misma, en el que se vienen sucediendo distintos actos vandálicos. Además de la instalación de iluminación de bajo consumo, se ha proyectado el vallado perimetral en las áreas donde los técnicos han detectado peligro de caída. Y es que, en la actualidad, en la zona que da al mirador solo existe un pequeño murete.

Esta mañana, el alcalde, Juan Antonio Lara, que ha visitado la zona, ha informado de que “el objetivo a futuro de esta primera actuación es la de plasmar la recuperación de la propia torre y el entorno” con un proyecto de rehabilitación, “como el que se viene trabajando en Torre Bermeja”. Los trabajos actuales se están desarrollado a través de la coordinación de diferentes áreas municipales, estando presente en la actuación Servicios Operativos, Urbanismo y Cultura y las labores “suponen una actuación puntual de choque destinada a la protección del BIC”.

En nuestro municipio se conservan tres torres almenaras, que aún hoy nos hablan de otros tiempos, de Al-Andalus, y sobre todo, de la conquista cristiana. Las torres vigías, en un contexto de permanente peligro proveniente del mar, funcionaron como un sistema de defensa costero y al estar situadas en puntos elevados como aún se puede comprobar, servían de vigilancia de posibles incursiones y ataques enemigos.

Al detectarse cualquier atisbo de invasión, mediante señales de humo (durante el día) y de luces provocadas por el fuego (durante la noche), podía alertarse de cualquier peligro que proviniese de la costa. El sistema de alerta y comunicación proporcionado por las torres vigías no era nuevo en aquella época pues por ejemplo, en algunos pasajes de la Biblia se hace mención a esta forma de transmitir los peligros mediante señales de humo o por medio de fogatas.

La de Torremuelle se constuyó tras la conquista cristiana del Reino de Granada en 1942, cuando precisamente el sistema de vigilancia costera no solo se seguía usando sino que incluso se mejoró.

El investigador malagueño Juan Temboury, que ha sido una persona clave en la recuperación de la historia de Málaga, estudió a fondo este sistema defensivo y explica que “cada torre, emplazada en alto, tenía tres hombres. De ellos, uno tenía la función de vigilancia de la costa, y los otros dos tenían la misión de contactar diariamente con las torres más cercanas a oriente y poniente”.

Las normas dictadas para garantizar el funcionamiento del sistema, reproducidas por Temboury en su obra Torres Almenaras, refieren curiosidades tales como que “ningún soldado que resida en las torres pueda tener libro, guitarra, perro, hurón, ni otros géneros de aparejos algunos de cazar ni pescar (…)”, o que “el que sea encontrado jugando o con mujeres en las torres atalayas, que no sean las propias, sea multado con 15 días de sueldo y si la mujer encontrada es de mala vida, sea despedido el soldado”.

Torres vigías de Benalmádena

Torre Quebrada, que da nombre a toda una zona de Benalmádena, se sitúa en una elevación escarpada no lejos de la costa, con una buena visual perimetral del litoral, aunque en la actualidad se encuentre rodeada de edificaciones.

Posee una forma troncocónica, de 9 metros de altura, lo que debió permitir al vigilante un mejor control de la zona. Como el resto de torres almenaras, en su azotea debió existir una chimenea que funcionaría de alarma con fuego o humo. Sabemos que fue construida en época musulmana, aunque debido al mal estado de conservación, se reparó durante el siglo XVI en varias ocasiones.

Estas construcciones contaban con un buen sistema de protección, ya que a veces tenían que defenderse de ataques directos, por lo tanto, el acceso se elevaba unos 5 o 7 metros de altura sobre una base maciza, contando a su vez con matacanes o ladroneras verticales sobre la puerta de acceso y la saetera, que permitiesen arrojar cualquier elemento para impedir a los asaltantes escalar y acceder por los huecos.

También de construcción musulmana es Torre Bermeja, aunque fue fuertemente reparada en diferentes momentos, cuando se le añadió el característico remate de doble imposta de coronación y el revellín de la base.

Como hemos dicho, tras la conquista cristiana, estas dos torres se reparan, y además, se construyó sobre un montículo que cae sobre la playa una nueva: Torre del Muelle. Un documento de 1575 anota que se había acabado la construcción de la torre, y que su construcción había costado 500 ducados. En la actualidad, esta torre al situarse de manera predominante aún sobre el mar entre dos pequeñas ensenadas, permite comprender el dominio visual tanto de las playas de Benalmádena como de la zona costera oriental de Fuengirola.

Posiblemente en época romana hubo un pequeño muelle o fondeadero que funcionó como salida y entrada de mercancía de la Villa romana de Torremuelle, cuyos restos aparecieron a mediados del siglo XX con la construcción de la N-340.

Recientemente hemos publicado el ataque vandálico sobre la torre vigía de Torremuelle y su entorno, que han llenado de pintadas y grafitis. Al tratarse de un Bien de Interés Cultural desde 1985, legalmente cuenta con la mayor protección jurídica tanto por la Ley del Patrimonio Histórico Español, como a nivel autonómico por la Ley 14/2007, de 26 de noviembre, del Patrimonio Histórico de Andalucía, en la que se regula el mismo inmueble como su entorno de afección. Es a través de esta ley como se regulan las intervenciones y actuaciones que se permiten o no realizar sobre la torre, siendo los especialistas de las instituciones pertinentes los que deben evaluar las necesidades específicas de cada ítem patrimonial, que es el proceso en el que actualmente se encuentran los últimos ataques a la torre vigía de Torremuelle.

De este modo, la retirada de los grafitis, tal y como ha comunicado la Delegación de Cultura del Ayuntamiento, se realizará “siguiendo las indicaciones y procedimientos que marcan la legalidad, y para que la retirada de las pintadas afecte lo menos posible a las paredes de la torre debe encargarse de ello un equipo especializado en conservación y restauración arqueológica”, ya que esas pintadas se han realizado sobre unos morteros de 500 años de antigüedad.

Cualquier actuación en el propio BIC o su entorno, debe llevar aparejada unos procedimientos legales, a veces desconocidos para la ciudadanía en general y que, damos fe, porque los hemos consultado, que no son peccata minuta.

Estos Bienes de Interés Cultural, de los que en Benalmádena tenemos la suerte de poseer seis, se encuentran protegidos tanto por la legislación estatal con la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, como por la Ley 14/2007, de 26 de noviembre, del Patrimonio Histórico de Andalucía y cualquier infracción sobre ellos o su entorno inmediato será objeto de apertura de un expediente sancionador por parte de la Junta de Andalucía, que actuará acorde a la legislación vigente en esta materia.

Nuestras torres almenaras son en la actualidad un símbolo de identidad de las comunidades que las rodea, incluso dos de ellas han bautizado a diferentes urbanizaciones de nuestro municipio y son un hito en el paisaje costero benalmadense, además de un legado de nuestra rica historia, transmitiéndonos importante información sobre nuestro pasado, de cuando iluminaban la libertad y seguridad de nuestras costas con simples fogatas en sus terrados.

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