miércoles, junio 19, 2024
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Cada niño es un mundo


Sergio García Gutiérrez
, especialista en psicología infantil

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Cada niño es un mundo, eso no se puede negar, por eso no hay estrategias universales eficaces para todos ellos, y lo que funciona bien con uno puede ser ineficaz con otro, incluso en la misma familia.

Aun así, hay una serie de principios que, utilizados con la suficiente destreza, pueden ponernos “en el buen camino” para establecer, modificar o eliminar algunos comportamientos en los niños. Os indico algunos que me parecen prácticos…

-Los límites. Son fundamentales y necesarios ante ciertas demandas de los niños. Si no se hace a edades tempranas, luego será mucho más difícil establecerlos. Para ello, es necesario explicar las cosas de forma calmada y adecuándola a la edad del niño. No es bueno utilizar el tono imperativo ni los gritos (aunque me consta que cuesta “un poco”). Es mejor hacerle saber a tu hijo que estás triste por su comportamiento, que estás decepcionado, pero manteniéndote firme en tu posición. Es necesario establecer, desde la primera infancia unos hábitos adecuados en alimentación, ritmos de sueño, etc… Son los propios padres, los que han de marcar sus propios límites y normas en función de la edad del hijo y sus valores educativos. Poner límites no debe plantearse como un trabajo coercitivo con el niño, sino como un juego de equilibrios, en el que el niño va a aprender el sentido de dar y recibir, al tiempo que va interiorizando una serie de pautas y valores, que le servirán más adelante como referentes

-Claridad. Es necesario ser claro en las instrucciones, ya que si queremos establecer límites, el niño debe saber exactamente qué le pedimos. Si le decimos «pórtate bien», esto puede suponer diferentes cosas en diferentes situaciones. Es más eficaz concretar la demanda en una situación concreta. Por ejemplo, en una situación de paseo por la calle le diremos «no cruces hasta que esté el semáforo verde», en la casa en situación de juego «no tires los juguetes al suelo». 

-Atención. Es muy aconsejable prestar atención cuando el niño realice las conductas deseadas, en caso contrario retíresela (la atención). El halago verbal y sincero funciona muy bien, como apoyo de otros refuerzos. En caso de aparición de una conducta disruptiva (rabietas…), retirad la atención sobre dicha conducta del niño.

-Minimizar. Cuando se dé instrucciones, es recomendable minimizar el NO. Con niños, es más efectivo el decirle lo que debe hacer que lo que no debe hacer. Por ejemplo, es más conveniente decirle «habla bajito» que «no chilles», ya que la primera frase la experimenta como una sugerencia, la segunda como una imposición. Debemos siempre desaprobar las conductas (morder, desobedecer, gritar….) nunca al niño (eres un desastre, eres muy malo, eres…).

-Elección. Básicamente es que el niño pueda elegir. A la hora de darle órdenes, podemos minimizar la probabilidad de desobediencia si proporcionamos al niño varias opciones para que él elija. Por ejemplo, en lugar de decirle sólo «recoge los juguetes», podemos añadir: «mamá va a ayudarte a recoger los juguetes, ¿dime cuales prefieres guardar tú? Al niño se le recuerda que la responsabilidad de guardar los juguetes es suya, pero, a la vez, tiene cierta sensación de control sobre la situación y tolera mejor la demanda del adulto. Una vez establecido el hábito de recoger, probablemente lo haga sin demasiadas quejas y ayudas.

-Explicación. Acompaña la demanda con una explicación breve. Si damos una explicación a una instrucción dada, podemos ayudar a que interioricen valores de conducta. Por ejemplo, podemos decirle: «si pegas a tu hermano, se pondrá triste y no querrá jugar más contigo». Se trata de que entienda que nuestra demanda no es por capricho o por llevarle la contraria, sino porque tiene unos efectos molestos sobre nosotros u otras personas, y que esto comporta consecuencias. 

-Complicidad. Cuando se establecen unos límites o normas, estos deben ser respetados por todos los miembros de la familia. Padres, hermanos o abuelos deben actuar de igual modo, ante las conductas inadecuadas del peque. Si sólo es el padre o la madre la que exige ciertos requisitos al niño, el avance es mucho más complicado sino imposible.

-Alternativa. Con esto me refiero a tener una alternativa cuando tengamos que decir NO. Cuando tengamos que pronunciar un NO, es importante minimizar su efecto con una alternativa «NO te puedo comprar una chuche antes de comer, pero después sí te daré el helado que te gusta».

-Flexibilidad. Debemos crear límites y normas, pero a la vez hay que saber ser flexibles en situaciones especiales (a valorar por los padres). Los niños crecen, y los problemas y sus circunstancias cambian, por tanto debemos estar abiertos a revisar y modificar nuestras estrategias cuando sea necesario. Una rigidez extrema en la configuración del sistema y sus normas, es la mejor invitación a su incumplimiento. 

-Coherencia. Tiene que haber coherencia entre lo que se le exige al niño, y lo que él observa en su entorno más inmediato. No podemos pedirle obediencia y respeto hacia la madre, a un niño que vive en un entorno de menosprecio o maltrato familiar.

-Control. Cuando estalla el problema, es fundamental controlar las emociones con ciertos comportamientos de los niños. Cuando se repite la conducta que no deseamos y todo parece hundirse, es mejor tomarse un tiempo antes de responder. Sabemos que es complicado, y que si no se lanza un grito algo parece romperse en nuestras entrañas. Es fundamental, aquí y ahora, el control de las emociones. Nuestro objetivo es educar al niño, por lo que si somos demasiado emocionales, no estamos en condiciones de ofrecer el mejor modelo de nosotros mismos. Es necesario proporcionarse un tiempo de respiro, retire la atención al niño de la forma que permitan las circunstancias, hacedle saber inmediatamente su disgusto y luego, en frío, analiza la situación y toma las decisiones oportunas. No razones en caliente, ya que no estáis (ni tu hijo ni tú) en las mejores condiciones. No caigas en la trampa de enzarzarte en un diálogo de recriminaciones con tu hijo, ya que no va a llevar a ninguna parte. Esto no quiere decir que la mala conducta no deba tener sus consecuencias para el niño, sino que éstas deben ser pensadas en frío aunque aplicadas lo antes posible para que sean efectivas.

-Constancia. Es totalmente básico, ser constante en la aplicación de cualquier estrategia que quiera modificar o establecer conductas. No te desanimes a la primera de cambio, ya que suele ocurrir que cuando se aplican límites o normas por primera vez, se suele producir una reacción negativa. Esto es especialmente notable en aquellos casos en los que el niño percibe que se le van a retirar ciertos privilegios, pudiendo provocar de inicio, un aumento de la frecuencia y magnitud de los episodios problemáticos que luego, en la mayoría de casos, remiten y se corrigen. 
Como decía al comienzo, cada niño es un mundo y cada conducta problemática es fruto de múltiples factores externos e internos. Cuando el comportamiento se hace incontrolable, es necesario que los padres inviertan tiempo, energía y esfuerzo en afrontarlo, no dejes pasar el tiempo sin actuar.

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