jueves, junio 13, 2024
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Educar sin juzgar

Sergio García Gutiérrez, especialista en psicología infantil

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Es habitual que al educar pongamos todo nuestro empeño en conseguir la mejor versión posible de nuestros niños, pensando que así serán felices. Sin embargo, en este empeño, nos olvidamos de que no es nuestra misión sacar la mejor versión de ellos, sino educarles para que ellos saquen esa versión. Porque. solo cada uno sabe lo que le hace feliz, lo que quiere y cuál es la mejor versión de sí mismo. Nosotros, como educadores, no tenemos el poder de decidir cuál es su mejor versión, pero sí podemos proporcionarles los recursos para que ellos lo hagan. Y lo peor de todo es que, en muchas ocasiones, nos olvidamos de lo que sienten, no somos conscientes de cómo interpretan nuestros intentos por convertirlos en los mejores.

Y esto es el primer error, porque al educar para lograr la mejor versión del niño, caemos en el hábito de juzgarles. Cuando no conseguimos lo que, a nuestro modo de ver, debe ser la mejor versión, nos enfadamos, pensando que no logramos una de nuestras metas y juzgamos al niño, descargando nuestra frustración en el pequeño.
Por suerte podemos corregir el error, se trata de cambiar nuestro modo de pensar, dejar de creernos poseedores de la razón y dueños de nuestros pequeños y de su destino. Es cierto que somos responsables de ellos, al menos y sobre todo durante la infancia, pero no somos sus dueños. Si entendemos esto, comprenderemos que nuestra labor educativa, es más mágica y más complicada de lo que pensábamos. Nuestra labor educativa no es crear una visión ideal del niño y tratar de lograrla, sino educar para que ellos logren su mejor versión, pero siendo ellos los que tracen su camino.

El cambio de pensamiento, nos servirá para cambiar la actitud y modificar nuestro modo de actuar con ellos. El primer paso, en este proceso donde les demos las herramientas para que ellos puedan desarrollar sus máximas posibilidades, es educar sin juzgar al niño. No se trata de aceptar todo lo que hagan y permitirles hacer lo que quieran, ni mucho menos. Pero si de dirigir nuestro juicio a sus actos y no hacía su persona. Al hacer esto, protegemos su autoestima y ofrecemos una imagen adecuada para la formación del autoconcepto.

Educar sin juzgar al niño es el primer paso, necesario para fomentar el desarrollo de un sano autoconcepto y las bases de una sana autoestima, que serán cruciales para que el niño sea capaz de perseguir su mejor versión.
Educar sin juzgar al niño, nos va a permitir ofrecer una imagen ajustada. Como ya he comentado antes, no se trata de permitirle hacer todo lo que quiera o de decirle solo lo positivo. Una imagen adecuada se basa en un conocimiento completo de las cualidades (tanto las positivas, como las negativas), y una aceptación de las mismas. Para todo esto, es imprescindible que le ofrezcamos una imagen real, con todas sus cualidades, pero que no las etiquetemos, ni como positivas ni como negativas, sino como las que le definen, tan validas como cualquiera. Al no etiquetarlas, le estamos diciendo que las aceptamos y le educamos para que se acepte tal y como es.
La mejor versión de cada uno mismo reside en nosotros mismos, en aceptar nuestro yo de manera completa y querernos tal y como somos.

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