Sergio García Gutiérrez, especialista en psicología infantil
A ver, niños desafiantes siempre han existido. Puede haber muchas causas detrás del comportamiento desafiante del pequeño. Es posible que el niño tenga un temperamento difícil, un carácter algo fuerte, o que tenga unos rasgos de personalidad determinados, que favorecen este tipo de comportamientos. Siempre digo que esto es algo con lo que el niño “nace”, son factores hereditarios.
Por otro lado, está el estilo educativo de los padres. Generalmente, detrás de estos problemas de conducta hay un estilo educativo parental demasiado permisivo o punitivo (agresivos). Papás a los que “les cuesta” hacer cumplir las normas, que tienen dificultades para manejar con calma los retos y desafíos de los niños, o que sucumben a menudo a las peticiones de los niños “por no oírlos” o “porque no saben qué hacer”. Es verdad que los niños tienen una capacidad especial para llevar la perseverancia a su máxima expresión, y clarooooo, lo difícil es mantenernos firmes y ser más constantes aún que ellos.
Por ir a lo práctico, me gustaría dar algunas ideas que puedan resultar útiles en el “día a día” de la casa con niños desafiantes…
Par empezar, se me ocurre “anticipar la conducta esperada”. Hay situaciones en las que sabemos que ante una respuesta que demos a nuestros hijos, vendrá una explosión o una reacción negativa. Si nos anticipamos a ellas, podremos tener un comportamiento esperado. Un ejemplo típico sería cuando un niño tiene hambre y quiere comerse una galleta (o algo parecido) pero ya es tarde porque va cenar en breve, y tú le has dicho otras veces (él lo sabe) que no se puede picar porque si no después no cenará. Entonces, si es una “regla de la casa” no siempre se puede ceder, pero tampoco es plan de decir un rotundo NOOOO. Creo que es mejor idea darle varias opciones como “sus frutas favoritas o algún snack saludable o si simplemente no quieres que coma nada”, también puedes darle la opción que mañana la podrá comer si se lo pide un poco antes.
Siguiendo con este mismo ejemplo, se puede “sustituir el pensamiento”, es decir, si el niño no quiere reemplazar su deseada galleta por algún snack saludable o fruta, puedes darle la opción de… “mañana lo tendrás si lo pides antes” y luego presentar una opción que le desvíe su idea de la galletita, le puedes plantear jugar mientras preparas la cena, o bañarse con burbujas, o cualquier otra alternativa que sabes que le pueda gustar, la idea es sacarlo del buble mental “quiero una galletaaaaaa”. Estas dos ideas de cambiar la opción y sustituir el pensamiento, te puede dar resultado, aunque no siempre funcione, ya que puede quedarse pensando en el mismo tema y desencadenar la temida rabieta por su frustración al no conseguir lo que quiere y cuando le apetece.
Es muy importante, que tú como educador, “no te lo tomes como algo personal”. Y esto es verdad, ya que muchos padres “se sienten retados” ante la negativa de sus hijos, y piensan “este niño solo busca sacarme de mis casillas”. Pero, la verdad, es que esto no es así siempre. Su negativa no tiene que ver contigo solamente, también con ellos mismos y sus deseos. Si tienes claro esto en tu mente, te ayudará a no engancharte con él y sobrereaccionar de manera desproporcionada.
Fundamental es “ser firme y hablar con serenidad”. Me consta que hacer esto a la vez no es tarea sencilla. Peeeero, si pierdes la paciencia fácilmente, comenzarás a alterarte y empezarás a subir la voz. Y, claro, es aquí donde se complica la situación ya que se hace un ambiente tenso y muy pesado. No debes perder de vista que los adultos somos nosotros, y que debemos mantener un tono de voz y una actitud tranquila y firme, aunque te cueste lo más grande.
Sobre las “consecuencias a aplicar”, yo siempre recomiendo lo mismo, que sean lógicas, consistentes (que se mantengan hasta el final), inmediatas y reparadoras. Si la situación se sale de control, debes establecer una consecuencia lógica, adecuada a la edad del niño y que repare “un poco” el daño ocasionado.
Que no se te olvide “reforzar los buenos comportamientos”. Que esto a veces se nos pasa. Nunca des por sentado un buen comportamiento, siempre elogia y felicita todo lo que hagan bien. Han llegado a decirme que “no le voy a decir ahora que se está portando bien, vaya a ser que empiece a liarla”, esto no es lo normal…
Quiero acabar estas breves ideas, diciendo que “cuando nace un niño, nacen también sus padres. Y no, no traen manual de instrucciones. Así que tomemos nuestro tiempo en aprender a ser buenos padres, porque es de las tareas más bonitas y, a la vez, más difíciles que vamos a hacer en nuestra vida”.
