sábado, mayo 25, 2024
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Jesús Eguiguren, el vasco que negoció la paz, da las claves en Benalmádena sobre el fin de ETA

Se cumple una década desde el fin de ETA. El ex presidente de los socialistas vascos, Jesús  Eguiguren, fue una figura clave en la consecución del alto el fuego permanente de la banda terrorista que trajo la paz a España. Eguiguren explica en esta entrevista la intrahistoria de aquellos primeros encuentros con Arnaldo Otegi en un caserío perdido, en que ambos se sentaron a “hablar en serio” del método a seguir para alcanzar la paz a través del diálogo. Tras las conversaciones mantenidas por Ole Benalmádena con Eguiguren, resaltar tres factores claves que desencadenaron el ansiado desenlace y que, a veces, pasan de puntillas sobre lo que se viene contando sobre el proceso de paz.

En primer lugar, resaltar la figura de Jesús Eguiguren como negociador, pues hasta entonces, ETA estaba acostumbrada a tratar con otro tipo de interlocutor, menos cercano, y en esta ocasión, se encontraron cara a cara, con un político vasco de cepa de los que que hablan alto y claro, un hombre de a pie que no se andaba con chiquitas… Otro punto vital fue el desgaste real –tanto social como económico- de ETA  por aquel entonces, y la voluntad de gran parte de los mandatarios de la organización terrorista por buscar una vía de acuerdo con las miras puestas en introducirse de nuevo en la política por los cauces legales, y por último y quizás el más importante: el método ideado para las negociaciones. ETA quería la autodeterminación del País Vasco y en un marco democrático aquello era y es un imposible, por lo que nadie apostaba porque se pudiera llegar a un acuerdo firme y sobre todo, que perdurase en el tiempo. La buena voluntad entre las partes se tradujo a través de un “método”, pues no podían llegar a un acuerdo político que sería una quimera, algo impensable para el Gobierno español. Este método se cristalizó a través de dos mesas de diálogo, en las que se habló de desarme y de acercamiento de presos, entre otras cuestiones, pero en las que se excluyó la negociación de cualquier ámbito de la esfera política.

En definitiva, lo que logró Eguiguren con su método fue sacar a ETA de la negociación política para no violar ni la Constitución Española ni las leyes antiterroristas. Esta es la clave– además de la predisposición de las partes– para entender cómo se pusieron de acuerdo el Gobierno de España y ETA: no pactaron un acuerdo político, sino un método de diálogo.

Un diálogo, que se rompió tras el atentado de la Terminal 4 en Madrid y que «obligó a Arnaldo Otegui a enfrenase al sector disidente de ETA», lo que propició años después una votación de las bases de la izquierda abertzale, cuya mayoría apoyó el fin de la banda terrorista.

-Es usted el hombre que logró poner fin al terrorismo etarra, pero esta hazaña le conllevó un coste político dentro de su partido y también se convirtió en diana para la derecha…

-Lógicamente me siento orgulloso de lo que hice, pero es cierto que pagué un precio… unos ataques furibundos de la derecha y también incomprensión por una parte de mi partido –en referencia al PSE– y claro, todo eso me ha dejado unas heridas psicológicas.

-Echando la vista atrás, ¿mereció la pena?

-Claro que sí. Era mi obligación. Mereció la pena el coste personal hasta tal punto de que se resolvió el principal problema que tenía España. Se han salvado miles de vidas. ¿Hay algo más importante qué lograr la paz?

-Respecto al proceso de paz, poniéndonos en contexto, cabe recordar que por aquel entonces gobernaba en el país el PP, el PNV en el País Vasco estaba inmerso en su desafió secesionista y en España se había aprobado un pacto antiterrorista… ¿cómo fueron aquellos primeros contactos?

-En los primeros contactos nos encontramos dos hombres frustrados. Yo estaba frustrado por la incapacidad del Estado por acabar con el terrorismo, y Otegui estaba frustrado, creo que, por toda una vida dedicada a esa política radical que había degenerado al final en que mataban a obreros, trabajadores… de esa frustración salió de alguna forma la voluntad conjunta de no dejar aquel problema para las futuras generaciones. Ambos éramos dos políticos veteranos, nos sentamos para buscar un método para que hubiera paz en el país.

-Entonces, Otegui tenía ganas de poner punto y final a ETA

-Sí, la voluntad era firme. Yo creo que él pensaba que terminaría logrando una serie de objetivos que tenía. Tenía ganas de quitarse de encima el peso de ETA pues ya no les beneficiaba ni electoralmente, ni nada…

-En realidad, Otegui cumplió su palabra, pues una vez terminó la violencia participó de la vida política como un partido cualquiera…

-Así es. Él cumplió con su promesa.

Jesús, usted fue quien recibió la primera carta de ETA y se la entregó a Rubalcaba, ¿no temió el Gobierno que si contestaba como pedía la banda armada, lo usaran para presionarles como había ocurrido antaño?

-Es que todo era secreto. Fui a Francia a por la carta. Estaba en Badajoz y me fui en coche hasta Francia para recogerla. Después se la entregué a Rubalcaba. La contestación que pedía ETA la hice yo mismo.  Era necesaria mucha discreción.

-Después llegaron dos cartas más y en la tercera, ETA ya fijó una cita en Ginebra…

-Así es. En la tercera hablan de la organización internacional, que iba a hacer de mediadora, y fija una cita en Suiza, en Ginebra concretamente.

-¿Es cierto que se fue usted a Suiza en furgoneta y que tuvo que darle ‘esquinazo’ a sus escoltas?

-Pues sí. El Gobierno de España no quería que estas conversaciones subieran de nivel porque se habían cuajado en Guipuzcua, en un sitio apartado, y claro, no tenían intención de que fuera en avión y demás… había que seguir con la discreción. Lo de la escolta no fue difícil porque cuando viajas fuera del País Vasco, ellos se quedan y les dijimos que iba a Barcelona. Pedí una furgoneta y después de muchas horas conduciendo, por fin llegué…

-Además, al día siguiente tenía que estar en el País Vasco porque teníais la votación del Lendakari… ¿qué ocurrió cuando llegó al hotel de Ginebra?

-Literalmente, me derrumbé. Me senté y me quedé dormido. Cuando me desperté, pregunté en recepción si había alguien que hubiera preguntado por mi (me habían puesto un nombre distinto, creo que era Mikel) y me dijeron que no. Así que llamé a los mediadores para ver qué había pasado… Les expliqué que tenía votación en el Parlamento y que me tenía que ir en unas horas. Entonces me preguntaron que si quería tener un contacto, aunque fuera breve, y dije que sí. Llegó Josu Ternera y le dije que venía a negociar en serio. Ternera me indicó que él también tenía voluntad y después de hablar una media hora, me volví a España a votar.

-Después de las votaciones, volvió a Suiza… pero justo coincidió con el atentado en La Peineta en Madrid…

-Exactamente. De hecho, Rubalcaba  me dijo que volviera a España y yo le contesté que no volvía hasta que no sacara algo. Le puse como excusa que ETA me iba a dar explicaciones de qué había pasado.

-¿Tuvo miedo en algún momento?

-No. Tuve precauciones en todo momento, pero miedo no. Es que, yo estaba como poseído por la creencia de que va a salir todo bien… no sé como explicarte. Creía firmemente en que todo iría bien.

-Una vez concluida la fase Suiza, comenzó la de Noruega…

-Eso es. En Ginebra llegamos al acuerdo y en Noruega se ratificó.

-Cuándo le presentó ese acuerdo a Rubalcaba, ¿realizó alguna modificación?

-No. Y me fui a Noruega con la satisfacción de poder decir a ETA: mira, ni una coma hemos cambiado… en cambio ellos sí que querían introducir muchos cambios y aquello se alargó…

-Aquello –la ratificación del acuerdo-  ocurrió en el famoso balneario de Oslo. Pero en esa ocasión Josu Ternera no estaba tan conciliador y usted tampoco se podía salir del marco democrático en cualquier tipo de cesión…

-Yo lo tenía claro. No se iba a negociar nada político. No se iba a hablar de autodeterminación, ni de Navarra, ni de cambiar la Constitución… yo los límites los tenía muy claros.

-¿En qué consistió aquel acuerdo?

-En resumen era una copia de lo que hicieron en Irlanda; el Gobierno daba más libertad a los vascos para elegir su futuro, -más autonomía a la comunidad autonómica- y ETA se comprometían a dar una tregua indefinida, pero para llegar a ese acuerdo yo sabía perfectamente los límites y los dejé bien claros. Por su parte, ellos, finalmente los respetaron.

-Fue en marzo de 2006 cuando al fin ETA anuncia la tan ansiada tregua… ¿recuerda que estaba usted haciendo cuando se enteró?

-Pues iba camino de Madrid para almorzar con el director de El País y el periodista Luis Aizpeolea.

-Aquel anuncio se alargó mucho en el tiempo…

-Sí. Dijeron que lo iban a hacer en navidades pero se alargó muchísimo porque en ETA ya empezaban a tener divisiones internas… En ese paréntesis temporal yo volví a Suiza a preguntarle a Ternera qué era lo que pasaba. Me dijo que ETA quería que todos sus integrantes estuvieran de acuerdo con el texto de la tregua, y que por eso tardaban en hacerla pública…

-Después empezaron las reuniones con Thierry y los encuentros ya no eran como los que tuvo con Josu Ternera…

-Una vez que se ratificó, lo que llamábamos la hoja de ruta, se empezó a negociar. Hasta entonces todo había sido una preparación para la negociación. Tras el anuncio de la tregua y las declaraciones de Zapatero pasé de ser un desconocido a ser el negociador con ETA. La banda terrorista también cambió el interlocutor y vino el jefe, Thierry.

-Con Thierry las conversaciones fueron más tensas, ¿es cierto que le dijo que se tendría que comprar nuevas corbatas negras?

-Aunque parece extraño, al margen de las negociaciones hablábamos mucho, pues a mí me interesaba conocerles lo mejor posible. En una de estas ocasiones le dije a Thierry: ¿no te das cuenta que vas a terminar muriendo en la cárcel…?, y él me contestó: ¿y tú no te das cuenta que si esto no acaba vas a tener que seguir comprándote corbatas negras?. Y así fue. Yo tuve que ir a funerales por atentados y él murió en la cárcel.

-Por aquel entonces hicieron el atentado en la Terminal 4 del aeropuerto de Madrid, ¿aquello ya lo tenían preparado?

-Completamente. A mí Thierry me dijo días antes, tras unas detenciones de miembros de ETA, que iban a hacer algo en Madrid. Lo comuniqué, pero pensaron que me lo decían para asustarme y presionar en las negociaciones…

-En realidad ETA nunca había atentado sin romper antes la tregua…

-Por eso pensaron que no pasaría nada gordo. Cuándo lo del atentado en la T4, yo le dije a Thierry que después de aquello tenía que comprender que no podía seguir negociando… él me contestó que “los chicos se habían pasado con los explosivos que habían puesto en la furgoneta”….

-Resulta asombrosa la banalidad con la que habla ETA de atentados en los que se han perdido tantas vidas…

-El poder de ETA era matar. Una de las cosas que aprendí es que el terrorismo se siente muy fuerte. Es como si se creyeran un pequeño Estado pues con un atentado ven como todo el país habla de ellos. Además estaban acostumbrados a matar porque lo consideraban un acto de guerra contra un Estado, a su juicio opresor, y por eso, no había ni problemas de conciencia, ni de disimulos a la hora de hablar de matar. Ya te digo que si hablaban de alguien que les molestaba, pues decían “a este tío: pum pum y patas arriba”… así como te lo cuento.

-¿Es irreversible el terrorismo de ETA?

-Absolutamente. En parte, porque ellos mismo se encargaron de que dentro de su organización no hubiera ninguna escisión y nadie se saliera del acuerdo de paz, y porque ya no hay sitio para dictadores.

-¿Han cicatrizado las heridas en el País Vasco?

-Creo que hay heridas que no cicatrizan y me refiero a las del alma. Quien ha padecido el terrorismo es una persona distinta del que no lo ha padecido. Sí que han cicatrizado los odios y la convivencia se ha conseguido de forma rápida. No me atrevo a generalizar porque habrá sectores que han sufrido de tal manera el terrorismo que no podrán superarlo, pues ETA acabó, pero no podemos olvidar que quedan las víctimas.

-Jesús, ¿nunca llegó a cuestionarse dentro de ETA que pese a tantas décadas de terror y de crímenes no habían logrado su objetivo? Es decir, que era un sinsentido…

-¡Qué va!. Ellos se sentían fuertes. Tenían muchas armas y mucho dinero. Todo lo tenían muy organizado. El impuesto revolucionario lo pagaban casi todos los empresarios porque era la forma de sobrevivir… ETA tenía montada una especie de ‘Hacienda’ desde la que estoy seguro, qué manejaban más información de la economía empresarial vasca que el propio Estado. Tenían control total sobre los negocios turbios (prostitución, drogas…) a los que el Estado no llega.

-¿Qué mensaje le trasladaría a los jóvenes?

-Lo importante es que sepan lo que ha pasado. La tragedia que ha supuesto. Qué se hable del tema… en definitiva, que gane el pulso la memoria.

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