Quisiera comenzar este trabajo recordando algunas reflexiones feministas clave, en torno a la explotación de la capacidad sexual y reproductora de las mujeres en el sistema patriarcal androcéntrico: conceptualización de las mujeres como seres reducidos a su sexualidad, invisibilizando, negando o limitando extremadamente el resto de sus capacidades y dimensiones como ser humano, junto con el control de la sexualidad y la capacidad reproductiva de las mujeres por parte de los varones.
La maternidad como único destino de las mujeres, junto con una esquizofrénica división en “buenas madres” (por clase social, etnia, etc. y, sobre todo, por la capacidad de someterse a los mandatos de género) y “malas madres” (por transgresoras de esos mismos mandatos e ideologías, o pertenecer a minorías en situación de vulnerabilidad), lo que permite favorecer la maternidad de las primeras y negar o robar la de las segundas. La fragmentación del cuerpo de las mujeres, separando los órganos sexuales o reproductivos de la realidad completa del ser físico y mental: la mujer prostituida reducida a sus pechos o su vagina, y la mujer explotada reproductivamente reducida a un “útero” que puede alquilarse temporalmente, como si de una incubadora se tratase. Y para facilitar el uso de la mujer así fragmentada, la imposición de técnicas de disociación, tal como se hace con las “madres de alquiler”. Además, la moderna introducción de una perversidad conceptual, que promueve la idea de que la mujer prostituida no vende su cuerpo o su vagina sino “sus servicios sexuales”, y la “madre de alquiler” presta temporalmente “su capacidad de gestar”, intentando convertir ambas situaciones en actividades laborales.
En otras épocas, más o menos lejanas, el robo de la maternidad de las “madres malas” se realizaba forzando a engendrar y parir a las esclavas (desde Agar a las mujeres de origen africano en las plantaciones esclavistas); asesinando a las militantes tras el parto en las dictaduras latinoamericanas de la segunda mitad del siglo XX; obligando a las madres a entregar a su criatura en adopción, como sucedió durante décadas en las Lavanderías de la Magdalena de Irlanda, o los centros del Patronato de Protección a la Mujer de España; o haciéndoles creer que sus criaturas habían muerto al nacer, como sucedió en maternidades españolas ya entrada la democracia.
Si el robo de la maternidad a las “madres malas” no es nuevo (lo han hecho las religiones desde la judeocristiana a la griega, con dioses de rostro masculino que desplazan a las diosas de religiones anteriores), tampoco lo es el mito del libre consentimiento: Zeus no recurrió a tal artimaña conceptual para violar y engendrar, haciendo nacer a Atenea de su propia cabeza, en vez del vientre de Metis, pero en el texto bíblico, más sutil, la anunciación a María sí parece un buen ejemplo de lo que debe hacer una joven entregando su capacidad de gestar y parir a una voluntad superior. También debieron considerar importante el libre consentimiento los centros regentados por órdenes religiosas con complicidad gubernamental, a que nos hemos referido anteriormente, cuando obligaban a firmar la autorización de adopción a las jóvenes solteras embarazadas.
Actualmente, en sociedades democráticas, con legislación que ampara los derecho humanos y la igualdad formal entre mujeres y hombres, es preciso recurrir más aún a la falacia del libre consentimiento, convirtiendo a la mujer en responsable voluntaria de la violencia a que es sometida en los distintos ámbitos de la industria del sexo y la reproducción.
Contamos además, actualmente, con la excelente colaboración de los avances científico-tecnológicos: las técnicas de reproducción asistida permiten el sofisticado proceso de fabricación de una criatura a la carta, procedente del óvulo de una joven californiana, engendrada y parida por una keniata, por ejemplo. La biopolítica sabe cómo sacar excelente provecho de los cuerpos de las mujeres, especialmente cuando al hecho de ser mujer, se suman otros factores de necesidad y precariedad.
No podemos separar explotación sexual y reproductiva. Muchas voces feministas relacionamos la prostitución (alquiler de una mujer para el placer sexual de otro) y la subrogación (alquiler de mujeres para la satisfacción del deseo de ser madre y padre de otra/otro), como dos formas de explotación sexual de las mujeres. La prostitución y el alquiler de gestantes constituyen una descarada y brutal expresión de la violencia contra las mujeres, íntimamente ligada con la política sexual patriarcal. En ambas se cumple al extremo la concepción patriarcal de la mujer como un ser-para-otros, destinado a sacrificarse en función de la consecución de los deseos de alguien ajeno a sí misma. Ambas atentan contra la libertad sexual y la salud (entendida en el sentido holístico de salud física, mental, emocional, sexual y social) de las mujeres implicadas. En ambas, se descarga la responsabilidad de la violencia ejercida, en la propia mujer que la sufre, y en ambas, los deseos, sentimientos, necesidades e incluso dolor físico o psicológico de la mujer son ignorados. En ambas, la sociedad tolera o minimiza la explotación y la violencia. En ambas, los medios de comunicación presentan una narrativa edulcorada, colaborando a su aceptación social. Ambas sirven a dos objetivos fundamentales: un negocio global millonario perfectamente encajado en la maquinaria del neoliberalismo capitalista; y el mantenimiento de la política sexual, base del más antiguo sistema de dominación: el patriarcado androcéntrico. Ello explica la existencia de potentes lobbies que invierten grandes recursos y utilizan diferentes estrategias para conseguir la legalización de ambas a nivel internacional. Por ello, ambas requieren de una decidida acción de educación y sensibilización social, así como de incidencia política para conseguir convenios internacionales (tal como se ha logrado en otros campos) para la erradicación de la industria del sexo, por el carácter criminal que indudablemente tiene, y no se pone en duda en otros negocios criminales como tráfico de órganos, drogas o armas.
Hasta aquí, argumentos que nos son sobradamente conocidos y que han desarrollado en profundidad diferentes autoras feministas. Ahora bien, vivimos en sociedades en que los conceptos se transmiten fundamentalmente a través de los productos culturales. Por ello, importa analizar cómo se aborda la subrogación en películas y series de televisión. Me centraré en este trabajo en la serie El Nido, probablemente, el último producto audiovisual sobre el tema.
¿Qué mensajes transmite esta serie que ha tenido una audiencia de más de ocho millones de personas en el Reino Unido? ¿Qué estereotipos reproduce? ¿Qué cuestiones críticas plantea, si lo hace?
En primer lugar, la parte “deseante” es una pareja heterosexual, lo que evita abordar el tema de la donación de óvulos y las molestias, incomodidades, tratamientos y riesgos para la salud que supone para las donantes.
La infertilidad de esta pareja se supone atribuible a la mujer. Es ella también quien mantiene un deseo obsesivo de ser madre. Pese a su realización profesional, su capacidad artística, su vida de pareja, su nivel económico… se siente insatisfecha por no poder alcanzar el deseo de la maternidad. Una mujer profesional adulta queda representada como una criatura vulnerable, impetuosa, egoísta, movida por un único deseo: que el embrión que lleva su óvulo sea implantado en otra mujer. Evidentemente, la obra no cuestiona si este “deseo obsesivo” de la protagonista procede del mandato de la maternidad inculcado desde la infancia a las niñas y el juicio social que pueda recaer sobre ella si no lo cumple.
La historia se desarrolla en el Reino Unido, país donde está legalizada la “subrogación altruista” con compensación económica “por las molestias y gastos” que origine el embarazo, lo que permite que sea aceptada socialmente, quedando a salvo el mito del libre consentimiento y la generosidad de las “subrogadas”. Este aspecto queda perfectamente recogido en las diferentes muestras de valoración que reciben las dos mujeres que aparecen en esta posición.
En primer lugar, tenemos un ejemplo de madre biológica “altruista”: una mujer adulta, madres de dos hijos biológicos, que sacrifica su salud y su matrimonio en la aventura de proporcionar a su hermano y su esposa esa criatura “deseada”. Una mujer, ejemplo importante de sacrificio y negación de sí
misma en función de su hermano menor a quien, por circunstancias de su adolescencia, ha sobreprotegido a lo largo de la vida. Una mujer transformada en un ser-para-los-otros, más allá de su salud y su propio proyecto de vida.
La serie plantea cómo la regulación de la maternidad subrogada “altruista” abre fácilmente la puerta a contratos ilegales en que “la compensación económica” se convierte en una auténtica compra-venta. La joven que se ofrece, e insiste para ser aceptada como madre biológica, es un ejemplo de aparente libre consentimiento y deseo de someterse voluntariamente a la implantación del embrión y consecuente embarazo. En este sentido, la serie permite plantear el cuestionamiento de tal libertad: se trata de una joven de apenas dieciocho años, en libertad provisional bajo control de los servicios sociales; a la que nadie informa de los posibles riesgos para su salud; que ha sufrido experiencias muy traumáticas en su infancia; sin padre, e hija de madre alcoholizada que en absoluto puede representar una figura referente ni de apoyo. Es decir, la futura madre biológica está en situación de extrema vulnerabilidad, pese a que tenga capacidad legal para ser una “subrogada altruista”.
Por otra parte, su interés real es conseguir una alta compensación económica. Y aquí entramos en dos cuestiones fundamentales: la subrogación como alquiler de una mujer (con algún tipo de necesidad económica) para gestar y parir una criatura que será entregada a su nacimiento y previo pago, a las personas contratantes (con medios económicos suficientes para afrontar los gastos); y la necesidad de abolición a nivel internacional. Mientras existan países donde la subrogación esté permitida y las agencias que se enriquecen con ella puedan actuar libremente, el concepto de altruismo se vuelve una falacia. La pareja contratante, con muy alto poder adquisitivo, puede costear los gastos derivados de la implantación del embrión en Ucrania, burlando las limitaciones legales del Reino Unido.
Pese a conseguir recursos materiales y una muy alta retribución económica, la madre biológica sufrirá dudas, incertidumbre y angustia a lo largo del embarazo. En este sentido, la serie permite cuestionarse sobre las emociones y vivencias de estas mujeres, algo que las agencias invisibilizan o presentan únicamente bajo el prisma de su “felicidad” por “ayudar a conseguir deseos” a otras personas.
Otro tema relevante en la práctica de la subrogación es la importancia atribuida a la carga genética. Las páginas oficiales del Reino Unido informan sobre el derecho de filiación de la madre biológica de la criatura, insistiendo asimismo en que donantes de óvulos o esperma nunca serán considerados como madre o padre, a no ser que coincidan con las partes contratantes. El repetido deseo de tener “un hijo propio”, rechazando la vía de la adopción, se relaciona precisamente con que la parte contratante comparta genes con la criatura. Las agencias insisten en que la “subrogada” no es la madre biológica, porque la criatura no lleva sus genes. ¿Es tan importante la transmisión de los propios genes? ¿Valen más los genes de la madre o padre contratante que los de la madre biológica o las personas donantes? ¿Otorga mayor derecho de filiación la relación genética de la parte contratante que el proceso del embarazo de la madre biológica y los vínculos de todo tipo establecidos entre ésta y la criatura durante el embarazo y el parto?
La serie sí permite plantearse estas cuestiones, dado que, por un fallo de la clínica, el embrión implantado no corresponde al de la pareja contratante. No siempre el dinero y la biotecnología permiten conseguir los deseos.
La decisión judicial, con su análisis crítico a la compra-venta de una criatura en que ha consistido el acuerdo entre las partes, y la puesta en primer término del bien de la menor ya nacida, introduce también importantes cuestiones de reflexión.
Ahora bien, el “final feliz” que esta misma decisión judicial facilita, complaciente con el público espectador, y pese a los múltiples interrogantes planteados, lanza un mensaje que puede resultar peligrosamente atractivo para algunas jóvenes: la subrogación como medio para obtener un dinero con el que conseguir cumplir sueños y deseos, sin criticar la estructura de injusticia social, ni brindar otras alternativas.
En ningún caso, la serie cuestiona suficientemente la práctica de la subrogación “altruista”. Es más, en diferentes ocasiones, encontramos mujeres: chicas muy jóvenes, personal sanitario, etc., que muestran su admiración ante la valentía y generosidad de la joven madre biológica, al considerar que su intención es únicamente altruista.
A esta misma “generosidad” apelan las clínicas para que muchachas jóvenes y sanas se sometan a la donación de órganos. Una vez más los viejos estereotipos que enmascaran la explotación de las mujeres.
Termino este trabajo con una invitación a conocer estos productos audiovisuales que tienen importante calado social. Y también a utilizarlos en espacios educativos y formativos para favorecer el análisis crítico y el planteamiento del argumentario feminista, algo imprescindible para avanzar en la abolición de la industria del sexo, incluido el alquiler de mujeres para engendrar, gestar y parir.
Bibliografía
-Este artículo de Pilar Iglesias está incluido en el libro ¿Gestación subrogada? Un enfoque feminista abolicionista de la explotación reproductiva, editado por la Editorial Serendipia en 2023, que forma parte de un proyecto internacional promovido por la CIAMS (Coalición Internacional contra la Maternidad Subrogada) de recogida de artículos, ensayos, relatos, etc. de especialistas en diferentes campos, en distintos idiomas.
-Balaguer, María Luisa (2017). Hij@s del mercado. La maternidad subrogada en un Estado social. Madrid: Cátedra. Feminismos
-Cárdaba Plaza, Marta (2017). “Reflexiones ante la práctica del alquiler de vientres”. Revista con la A. https://conlaa.com/reflexiones-ante-la-practica-del-alquiler-de-vientres/?output=pdf
-Ekis Ekman, Kajsa (2017). El Ser y la mercancía. Prostitución, vientres de alquiler y disociación. Barcelona: Bellaterra
-Fallarás, Cristina (2017) “Vientres de alquiler: proveedoras de hijos y fluidos para la élite”. La Marea. https://www.lamarea.com/2017/06/27/vientres-alquiler-proveedoras-hijos-fluidos-la-elite/
-Fumero, Kika (2016). “Vientres de alquiler: desigualdad y derechos vulnerados”. Tribuna Feminista. http://www.tribunafeminista.org/2016/10/vientres-de-alquiler-desigualdad-y-derechosvulnerados/
-Frexias, Laura (2017). “Gestantes ¿altruistas? Es fácil minimizar lo que suponen un embarazo y un parto si no se escucha a las mujeres”. El País. Tribuna. 23.05.2017
-González, Nuria (2019). Vientres de alquiler. Madrid: Lo Que No Existe
-Iglesias Aparicio, Pilar (2017). “Algunas reflexiones feministas sobre la «maternidad subrogada», un nuevo rostro del contrato sexual y la explotación de las mujeres. https://www.academia.edu/34817218/ALGUNAS_REFLEXIONES_FEMINISTA S_SOBRE_LA_MATERNIDAD_SUBROGADA
-Merino, Patricia. (2017). “Maternidad subrogada: vosotras parís, nosotros decidimos”. Pikara magazine http://www.pikaramagazine.com/2017/07/maternidad-subrogada-vosotras-paris-nosotrosdecidimos/
-Mir Candal, Leila (2010). “La «maternidad intervenida». Reflexiones en torno a la maternidad subrogada.”. Revista redbioética/Unesco (1.1), 1-15
-Nuño Gómez, Laura (2016). “Una nueva cláusula del Contrato Sexual: vientres de alquiler”. ISEGORÍA. Revista de Filosofía Moral y Política (55), 683-700—. (2020). Maternidades S.A. Madrid: Catarata
-Pérez Sedeño, Eulalia y Ortega Arjonilla, Esther (edits.) (2014). Cartografías del cuerpo. Biopolíticas de la ciencia y la tecnología. Madrid: Cátedra
-Romero Coloma, Aurelia María.(2016). La maternidad subrogada a la luz del Derecho español. Madrid: Dilex
-Salazar Benítez, Octavio (2018). La gestación para otros. Una reflexión jurídico-constitucional sobre el conflicto entre deseos y derechos. Madrid: Dykinson
-Souto Galván, Beatriz (2005). “Aproximación al estudio de la gestación de sustitución desde la perspectiva del bioderecho”. Foro, Nueva Época (1), 275-292).
Pilar Iglesias Aparicio es Licenciada en Filología Inglesa por la Universidad Complutense de Madrid, Doctora en Filología Inglesa por la Universidad de Málaga y Diplomada en Traducción e Interpretación por la Universidad de Granada. Ha desarrollado su carrera profesional como Catedrática de Lengua Inglesa en Enseñanza Secundaria en la ciudad de Málaga donde reside.
Ha participado en diferentes congresos universitarios y mesas redondas, e impartido numerosas ponencias y talleres sobre temas relacionados con los derechos de las mujeres, la historia del feminismo, el enfoque feminista en el abordaje de la salud, la visión de la mujer en la construcción científico-médica, las pioneras de la medicina moderna, feminismo y literatura, entre otros.
Es militante feminista. Pertenece a la Asociación de Mujeres Feminista Puntos Subversivos, que forma parte de la Federación Feminista Gloria Arenas.
Tanto Puntos Subversivos como la Federación Feminista Gloria Arenas participó en la Coordinadora 8M Málaga, que pusieron en marcha varias asociaciones feministas en 2009, para organizar la manifestación y otras acciones en torno al 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, con carácter siempre reivindicativo de los derechos de las mujeres, de manera independiente de los actos que pueden y deben organizar las diferentes instituciones en sus ámbitos correspondientes.
