Sergio García Gutiérrez, especialista en psicología infantil
Los niños no son egoístas por naturaleza, el egoísmo también se aprende. El compartir es una de las habilidades sociales más difíciles de enseñar a los hijos.
Los niños, cerca de los dos años y hasta los cinco, se caracterizan por un fuerte egocentrismo. Parece que, toda gira en torno a ellos. A la hora de compartir sus juguetes la situación se hace más presente sí cabe. Se les ha dado todos los deseos y sus caprichos han determinado su carácter egoísta. Alrededor de los dos años de edad el niño comienza a “tomar posesión” de todo lo que le rodea. “Esto es mío, y esto… ¡todo es mío!”, es la una de sus frases favoritas. No debéis preocuparos ya que se trata de un comportamiento normal dentro de su desarrollo evolutivo. Hacia los tres o cuatro años comienza a compartir con otros niños. Por eso, conviene mostrarle pautas para reforzar este comportamiento.
Ante la tendencia negativa de prestar sus cosas, podemos hacerles ver que si no comparte lo suyo él no podrá jugar con los de los demás. No cumplas todos sus deseos, explícale que hay muchas veces que se debe decir “no” a apetencias y caprichos. Intenta cambiar su sentido de la propiedad, reforzando su voluntad y enseñándole a pedir y a dar permiso para usar sus cosas. Enséñale a cambiar el “esto es mío”, por frases más constructivas como “¿me lo prestas?”, no es fácil, hay que tener mucha paciencia.
Los bebés demuestran habilidades sociales desde el día que nacen. Al escuchar la voz de su madre, al voltear la cabeza para seguirla, los bebés están estableciendo un lazo social con su entorno. Luego, cuando empiezan a jugar con sus iguales, ellos estarán desarrollando habilidades sociales que serán positivas o no dependiendo de las relaciones que tengan con sus padres, familiares, cuidadores y maestros. Los niños con habilidades sociales positivas tienen una mayor probabilidad de salir adelante en la escuela y también en la vida. Estas habilidades sociales positivas podrían ser: Jugar bien con los demás, sentirse a gusto en su ambiente, compartir, colaborar y cooperar, respetar su turno en las actividades, identificar y expresar sus sentimientos, preocuparse por los demás.

Los niños pequeños muestran mucha resistencia a compartir sus juguetes, de hecho, es frecuente ver cómo los acaparan, aunque realmente no los estén usando. Esta conducta forma parte de su desarrollo. Aunque puedan aprender a compartir desde muy pequeños, la mayoría de los niños sólo estarán preparados para compartir juguetes y otros materiales a partir de los cuatro o cinco años. Antes de eso, puede que no estén listos para compartir, los niños pequeños no tienen claro el concepto de compartir. Es normal, por tanto, que no quieran prestar sus juguetes y que sean muy posesivos con sus cosas. Como decía, hasta los 6 años, los niños se encuentran en una etapa en la que están muy centrados en sí mismos, están ellos y el mundo a su alrededor, entre el año y medio y los dos años, empiezan a desarrollar su propia identidad y con ello el sentido de pertenencia. Esto les hace sentir que tienen algo de control sobre su entorno, lo que les aporta seguridad. Empiezan a aparecer expresiones como “esto es mío”, llegando a veces incluso a demandar como propio algo que no lo es, lo que exige ponerles límites.
Su incapacidad para entender el punto de vista del otro, junto con un sentido limitado del tiempo, hacen que les cueste entender que, aunque presten algo, sigue siendo suyo y que por tanto se lo van a devolver. Además, en torno a los dos años de edad, los niños todavía no se muestran interesados en jugar con otros niños. Se acercan a ellos, los abrazan y besan, pero juegan de manera individual. Es común verlos juntos en un mismo espacio, pero con un “juego en paralelo”, unos al lado de otros, pero a lo suyo.

Total, que la frase “es mío” es muy típica en los niños entre los 2 y los 3 años de edad, lo que hace que generalmente se catalogue a los niños de egoístas. Pero no es del todo cierto, es normal que se niegue a dejar sus juguetes a otros niños, pues el hecho de compartir es algo muy duro para un niño y requiere de un proceso de aprendizaje y de madurez evolutiva. Y es que, en esta etapa, los niños de estas edades todavía no comprenden que cuando un objeto sale de su habitación no quiere decir que vaya a desaparecer para siempre, ni que cuando le deja su juguete a otro niño éste seguirá siendo suyo.
A medida que el niño va desarrollando su identidad, desarrolla también un sentido de pertenencia más ajustado, poco a poco deja de necesitar que los objetos que le rodean son suyos para reafirmarse. Además, empieza a comprender que el desprenderse temporalmente de algo no implica que deje de ser suyo. En torno a los 3 o 4 años, su vida social se va haciendo más compleja, interactúa cada vez más con otros niños y comienza a compartir algunas cosas. A los 6 o 7 empiezan a entender la importancia de compartir con otros (ser aceptado por los demás, que a él también le presten…)
Antes de los dos años hay que respetar su sentido de la propiedad. En los dos primeros años de vida, los niños no tienen ningún sentido de la propiedad, no distinguen cuando algo les pertenece o no. Si llevan tiempo jugando con un juguete o se familiarizan con él creen que es suyo, no entienden que pueda ser de otro. De igual forma, cuando prestan algo, piensan que no les va a ser devuelto, que lo van a perder. Por ello, es importante a esta edad no obligarles a compartir ni prestar sus juguetes sin antes consultarle. Debemos respetar sus sentimientos, de lo contrario, se podría convertir en un niño inseguro y más egoísta a la hora de compartir sus juguetes.
Antes de los tres años no hay que obligarle a compartir ni prestar sus juguetes sin su consentimiento, ya que le puede llevar a sentirse inseguro y hacerse más egoísta. Si se le obliga a compartir, no se estará teniendo en cuenta su manera de pensar (centrada en sí mismo) ni respetando sus sentimientos. Respetándolos, le generaremos confianza hacia los demás y fomentaremos que el niño entienda que si le dice que deje algo porque luego se lo van a devolver, va a ser así.
La necesidad social de compartir es muy importante, ya que compartir permite hacer amigos. Es importante que los padres enseñen a sus hijos las ventajas que tiene que compartir, ya que han de saber que, si él le deja la pelota a su amigo, será más divertido porque podrán jugar juntos y otro día su amigo se la dejará a él. Pero, sobre todo, deben enseñarle que las cosas se prestan de forma desinteresada para que su amigo esté contento y que esto a su vez le hará sentirse bien a él. Por otro lado, los padres tienen que enseñarles a sus hijos que lo mejor que pueden hacer sus niños por los otros niños es incluirlos en su juego, ayudarles a que se relacionen con los demás niños y sentirse integrados. Desde pequeños, debemos ir transmitiéndoles valores como la generosidad, y educarles para que sepan desprenderse de lo material o para que sepan ponerse en el lugar del otro y saber cuáles son sus necesidades con el fin de poder ayudarle. De esta forma, estaremos contribuyendo a que nuestros hijos sean mejores personas. Los padres somos un referente y todo lo que hagamos, lo querrán copiar. No debemos olvidarnos de compartir nosotros también, y aprovechar las ocasiones que se nos presenten para darles ejemplo en cuanto a la necesidad de compartir.

Recomiendo pactar con el niño qué juguetes va a querer compartir y cuáles no para guardarlos. Si no quiere prestar ninguno, se le pueden sugerir juguetes específicos para compartir explicándole que es bueno, pero sin obligarle. Cuando los juguetes son de todos, como en una clase, es mejor explicarle al peque que cuando acabe de jugar otro niño podrá tenerlo, lo que evita exigirle que lo deje ya.
Es adecuado adquirir juguetes de grupo y ofrecer cosas para compartir o establecer turnos. Es conveniente tener juguetes que fomenten el juego cooperativo, como piezas de construcción, juegos de rol (por ejemplo, un juego de café), teléfonos de juguete, pelotas… Además, podemos ir enseñándoles lo que son los turnos, por ejemplo, al usar un columpio, haciendo que cada niño vaya el primero una vez. Insisto en que los padres deben ser previsores, y planificar con anticipación las ocasiones en las que se espera que comparta. Si ha invitado a sus amigos a jugar, es aconsejable proponer juegos en los que conviene compartir como pintar con lápices de colores, utilizar plastilina o jugar a las construcciones. O proponer juegos en los que hay que turnarse como tirar la pelota a la portería, subir en los columpios o montar en bicicleta.
Se pueden duplicar juguetes. En casa, es bueno que cuando los hermanos son pequeños tenga cada uno sus cosas y, ante un juguete muy demandado, puede ser útil duplicarlo hasta que estén preparados para compartir. Ante las inevitables peleas conviene desviar la atención hacia algún otro juguete.
Recomendable jugar con él a compartir. En torno a los dos años podemos empezar a jugar con él a compartir sus juguetes. Por supuesto, no hay que olvidar que darles ejemplo va a ser de gran utilidad, pues los niños aprenden muchas cosas por imitación. Tienen que ver que tenemos cosas que compartimos con ellos, por ejemplo, decirles que una bolsa de chuches es nuestra, pero que como vemos que ellos también quieren hemos decidido compartirla.
Podemos ayudarle a buscar soluciones. También es útil ayudarle a buscar soluciones como jugar por turnos, echar a suertes quién juega primero… aunque para esto es necesario que sean algo mayores.
No debemos obligarles. El niño debe comprender que compartir es una acción buena, que hace que los demás disfruten con sus cosas y que, por eso, él debe sentirse orgulloso de sus juguetes y de que a los demás les gusten. Importante: Tenemos que asegurarnos de que después le serán devueltos. Peeeeero si se niega a compartir su juguete, es necesario hacerle comprender que el otro niño está triste por ese hecho y, que, si se lo deja y lo comparte con él, hará que se ponga contento.
Premiarle cuando comparta con los demás. Cuando veamos que nuestros hijos comienzan a compartir sus cosas, hay que apoyarlos y elogiarlos para ir reforzando y afianzando esta conducta.
Para finalizar, os recomiendo esto cuentos que os ayudarán a enseñar a compartir…



