jueves, agosto 13, 2026
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Fidelio gana una tregua a 48 horas del desalojo: el Ayuntamiento de Benalmádena cede tras la presión social

La lucha de los voluntarios y la presión social han logrado lo que el Ayuntamiento de Benalmádena se había negado a conceder por las buenas: dar marcha atrás, y lo ha hecho a solo 48 horas de que se cumpliera el plazo de desalojo. El alcalde, Juan Antonio Lara, ha firmado esta mañana una adenda al compromiso suscrito con la Asociación Protectora de Animales Fidelio que aplaza el desalojo de la entidad, fijado para este viernes, y garantiza que podrá continuar utilizando sus actuales instalaciones hasta que el nuevo centro de bienestar y protección animal esté completamente finalizado y en condiciones de uso.

Detrás de esta firma hay meses de movilización ciudadana en internet, sin que el Consistorio ofreciera en ningún momento una alternativa real en tanto que ni había una reubicación viable, ni el nuevo centro tenía fecha de inicio ni de finalización. El Ayuntamiento, que había impuesto el 31 de julio como fecha límite sin resolver antes ese vacío, solo ha rectificado cuando la presión ciudadana —miles de firmas y un respaldo vecinal cada vez más visible en redes sociales— se ha hecho imposible de ignorar. Una cesión que llega, una vez más, por la vía de la exigencia social y no por la voluntad política.

Un margen de maniobra tan estrecho deja poco lugar a la interpretación. Apenas dos días antes de que Fidelio tuviera que haber abandonado unas instalaciones que ocupa desde hace más de tres décadas, y sin alternativa real sobre la mesa, el Consistorio ha optado por ceder. Una gestión al límite que resume bien el tono con el que el Ayuntamiento ha llevado todo este proceso: reaccionar en el último momento, y solo cuando la presión social ya no dejaba margen para seguir mirando hacia otro lado.

El origen de todo este conflicto surge cuando el actual Gobierno municipal anuncia un proyecto para levantar un parque con un columbario (cementerio) de inspiración china y un buda de grandes dimensiones, precisamente en los terrenos que ocupa Fidelio desde hace décadas. A partir de ese momento, la hoja de ruta municipal solo ha apuntado en una dirección, que no es otra que la salida de la protectora, sin que se ofreciera en paralelo una ubicación funcional ni un calendario realista para el nuevo centro.

A la presión del desalojo se sumó otra medida que muchos vecinos han calificado de incomprensible. El Ayuntamiento impidió por escrito a Fidelio seguir recogiendo animales mientras se resolvía la situación del traslado. Una entidad que durante 35 años ha sido, con frecuencia, el único recurso disponible para los animales abandonados del municipio, se vio obligada a cerrar la puerta justo cuando la necesidad no ha dejado de crecer.

Y aquí aparece una nueva contradicción que arroja serias dudas sobre la gestión municipal. Fue en julio de 2025, hace ahora un año, cuando se firmó el acuerdo de desalojo en el que se especificaba expresamente esa prohibición de acoger más animales. La propia concejala del área, Aurea Peralta, dejó constancia de dicha prohibición en el pleno municipal, es decir, por escrito y ante todos los grupos políticos. Sin embargo, preguntado ahora por este medio, el propio Ayuntamiento ha respondido que “no se han dejado de recoger perros y así seguirá”. Dos versiones institucionales, una misma Administración, un año de diferencia y una contradicción que no es un matiz pues o se mintió en el pleno al fijar por escrito una prohibición que nunca se aplicó, o se está faltando a la verdad ahora para lavar una imagen desgastada por meses de presión social. Cualquiera de las dos opciones constituye una irregularidad grave en la forma en que el Consistorio ha informado —o desinformado— tanto a la oposición como a la ciudadanía sobre un asunto que afecta directamente al bienestar animal en el municipio.

La respuesta ciudadana que ha forzado el cambio

Frente a la pasividad institucional, la respuesta social no se ha hecho esperar. Voluntarios y personas afines a Fidelio pusieron en marcha recogida de firmas en internet que, a día de hoy, acumula ya casi 15.000 apoyos verificados. Esa movilización, sostenida durante meses y visible tanto en redes como en la calle, puede haber sido determinante para que el Ayuntamiento se haya sentado de nuevo a negociar y terminara firmando la adenda que ahora aplaza el desalojo, porque si fuera por voluntad política no se hubiera demorado a 48 horas antes del desalojo sino que se hubiera hecho hace un año.

El nuevo documento recoge que Fidelio podrá permanecer en sus instalaciones actuales hasta que el Consistorio haya construido, finalizado y puesto a disposición las nuevas dependencias, que deberán cumplir con la normativa vigente y ser aptas para albergar a los animales. Ambas partes, además, colaborarán en campañas de sensibilización y fomento de la adopción responsable.

¿Y qué pasa ahora con el cementerio chino?

La tregua conseguida por Fidelio deja en el aire, precisamente, el proyecto que dio origen a todo este conflicto. Si la protectora va a seguir ocupando los mismos terrenos hasta que el nuevo centro animal esté terminado, el parque con el columbario de inspiración china y el buda gigante ¿tendrán que esperar?. Previsiblemente sí, ya que el Ayuntamiento ni siquiera ha concretado un calendario para las nuevas instalaciones animales ni para el parque chino. El Consistorio tampoco ha explicado hasta ahora cómo compatibilizará ambos planes ni si el proyecto se verá obligado a reducirse o directamente aplazarse de forma indefinida. Un silencio que resulta llamativo tratándose de una iniciativa que el propio Gobierno municipal ha defendido como prioritaria, llevada incluso como proyecto estrella de Benalmádena a Fitur y que fue, en última instancia, la que puso en marcha todo el polémico proceso de desalojo de la protectora. La sensación que queda es la de una decisión tomada sin calcular bien sus consecuencias, y que ahora el Ayuntamiento debería explicar con la misma claridad con la que en su día anunció el proyecto del parque chino, el mismo que, por cierto, rechazaron otras localidades vecinas.

Una victoria a medias

Con todo, esto es una tregua, no una solución definitiva. No hay fecha cerrada para la construcción del nuevo centro, y la experiencia reciente ha dejado a muchos vecinos con la sensación de que la buena voluntad del Ayuntamiento solo llega cuando la presión ciudadana se vuelve imposible de ignorar.

Fidelio ha ganado la batalla del calendario, pero no la de las garantías. Sin una fecha concreta para el nuevo centro, la tregua firmada esta mañana puede convertirse en la enésima prórroga de un conflicto que el Ayuntamiento ha gestionado a golpe de plazos límite y marcha atrás. Los vecinos, y los propios voluntarios, ya han aprendido la lección. Solo la presión sostenida —firmas, movilización y visibilidad— ha conseguido lo que la vía institucional llevaba meses sin resolver. La pregunta que queda en el aire es si el Consistorio necesitará otro ultimátum ciudadano para cumplir, esta vez sí, con lo que ha firmado esta mañana.

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