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Udo Kier, el actor amigo de Andy Warhol y un látigo en Benalmádena

En estos tiempos de redes sociales, las malas noticias te pillan demasiadas veces sentado en el inodoro, lo cual no deja de tener su toque escatológico- poético. Y es que la muerte de alguien siempre te recuerda que la vida es un cagarro. Y esto, aunque ese alguien, el actor Udo Kier, trabajase en el cine con directores de la talla de Gus van Sant, Lars von Trier o Fassbinder

Un viaje en el tiempo

25 de noviembre del año 2006. Se inaugura la novena edición del FICCAB y en la gala correspondiente gala, sobre el escenario de la Casa de la Cultura de Arroyo de la Miel, una actriz imita a Marlene Dietrich, legendaria actriz germana a la que se dedica un ciclo de proyecciones aquel año. Vestida de cuero, la intérprete saca un látigo y pega dos o tres golpes al aire con el mismo. El látigo es mío, que se lo he dejado cuando me preguntó, como si fuese la vecina pidiendo sal o leche, que si yo tenía uno. Y resulta que (no pregunten) sí tenía.

Termina la gala y me dirijo al coche de producción. Ese año, el Premio Internacional es para un actor (curiosamente, alemán como la Dietrich) de mirada hipnótica. Udo Kier, protagonista de Carne para Frankenstein (1973) y Sangre para Drácula (1974). Ambas dirigidas por Paul Morrissey y producidas por Warhol. Presente el colonés también en la gran Mi Idaho privado de Gus Van Sant o en las cintas La mujer del ferroviario (1977), La tercera generación (1979) y hasta Lili Marleen (1981) del inmenso Rainer Werner Fassbinder. Kier no ha llegado a tiempo para la gala de inauguración del FICCAB, pues el vuelo desde Estambul, donde se encuentra rodando una película, se ha retrasado. La idea es recogerle y llevarle directamente al Castillo del Bil-Bil, donde se sirve un catering. Quizás, incluso entregarle el premio allí. La foto no es mala.

Cuando estoy a punto de subirme al coche, alguien me tira del abrigo y, al girarme, me encuentro a la actriz que ha hecho de Marlene Dietrich en la gala. Me entrega el látigo en mano y se despide rápidamente. Le pido al chófer que abra el maletero y suelto el vergajo de cuero en él.

¿Por qué voy yo a recoger a Udo Kier? Cuando se trata de alguien al que admiro, me gusta tener la deferencia de que un director del FICCAB le recoja en persona. Además, como se me dan los idiomas, normalmente suelo ser el más indicado para preparar la benalmadenización del invitado. Este 2025 hice lo mismo con Krzysztof Zanussi, y anteriormente con Ken Loach, Theo Angelopoulos, István Szabó o similares.

Un buen vergajo

Llegamos al aeropuerto y me dirijo a la puerta de “Llegadas”. Espero, atento a la pantalla, la llegada de Kier. Al rato, su avión aterriza y, tras un rato, el actor aparece, embozado en un peludo abrigo negro. Se tapa media cara con las solapas y tras estas destacan su pelo rubio y sus ojos claros, casi de un brillo luciferino.

Tras el apretón de manos y la consiguiente bienvenida, acompaño a Kier al coche, que nos espera fuera. El actor habla de forma contenida y fría. Al menos, hasta que pasa lo que pasa.

Abro el maletero y Kier se queda congelado ante la visión del látigo, del que yo me había olvidado totalmente. Veo que sus hombros, antes rígidos, se relajan y me suelta en su inglés con acento:

“¿Señor Noguera, a qué mazmorra me lleva usted?”

Tras llevarle al Castillo del Bil-Bil, donde apenas quedaba comida, vivimos otra anécdota con él. Dado el retraso del vuelo, habíamos optamos finalmente por entregarle el premio al día siguiente en una recepción en el Ayuntamiento, pero Kike Mesa, que llevaba la producción tenía la estatuilla de la Niña de Benalmádena, le buscó en El Bil-Bil para hacerle la entrega. Kier había ido al baño y allí estaba orinando cuando un apuesto chico con barba, bigote y cabellos rubios le habló a sus espaldas para decirle que le iba a dar un premio. El actor me confesó que se había emocionado, sobre todo esperando a que aquel cordobés de aires nórdicos le mostrase el premio que él se merecía.

Al fin, el premio

Al día siguiente, en el ayuntamiento, Udo, (ya no era Mr. Kier, habíamos compartido risas) hizo muy buenas migas con el entonces alcalde Enrique Bolín, con el que intercambió números de teléfonos y al que prometió presentarle al que era entonces alcalde de Berlín (íntimo del actor), pues Bolín preparaba un viaje a la capital germana. Udo Kier recogió la Niña de Benalmádena de manos de Bolín. No sé, e imagino que nunca sabré en que quedó lo de Berlín.

Durante los días de su estancia en Benalmádena, Udo intentó seducir a Manu, el fotógrafo, al actor Aky (hoy Patxi) Gamazo, e incluso a mí, el último día se su estancia, sin éxito. Era un tipo divertido, agradable, educado y muy bien conectado, pero no se comió un colín (que sepamos).

El día en que nos despedimos tras su homenaje en Benalmádena, encantado de su estancia, nos invitó a mí y a Aky Gamazo en repetidas veces a que le visitásemos en su casa en Malibú. “Hago grandes fiestas”, nos dijo. Por cosas de la vida, nunca fuimos. Y ya, nunca iremos.

Por cierto, nuestro querido Udo Kier me regaló una fotografía suya dedicada, en la que dibujó, en la dedicatoria… un látigo.

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