Aunque no es visitable, la Cueva del Toro ya puede explorarse desde cualquier lugar. La emblemática cavidad de Benalmádena se suma al proyecto (rock)ART POINTS, que utiliza herramientas digitales para poner en valor el arte rupestre y permitir el acceso virtual a yacimientos protegidos.
Gracias a este proyecto, que transforma yacimientos inaccesibles en experiencias interactivas para todos los públicos, se pueden conocer más de 50 cuevas con arte rupestre de toda España a través de una web o la aplicación para móviles ‘rockartpoints’, que ya está disponible para su descarga tanto en dispositivos con sistema operativo iOS como en Android.
Financiado por el Programa Experiencias Turismo España con fondos Next Generation del Ministerio de Industria y Turismo y promovido por la Asociación Caminos de Arte Rupestre Prehistórico (CARP), (rock)ART POINTS tiene por objetivo principal dotar a yacimientos rupestres no visitables o sin atención de guías de forma estable, de herramientas de información accesibles e interactivas que permitan al visitante comprender e interpretar el arte prehistórico mediante recursos multimedia.
El proyecto implementa dispositivos inteligentes, balizas con códigos QR y tecnología NFC, y una aplicación móvil específica, que permitirán el acceso a audioguías, textos explicativos, imágenes, vídeos e incluso contenidos interactivos, en un formato accesible desde cualquier smartphone, contribuyendo a la inclusión y modernización de la visita cultural.

La Cueva del Toro de Benalmádena es un lugar muy especial y su estudio demuestra que incluso las cuevas pequeñas fueron importantes en las creencias de las comunidades del Paleolítico, más allá de las cuevas grandes y famosas como Nerja, La Pileta o Ardales.

El número de paredes decoradas en la Cueva del Toro sigue aumentando gracias a nuevas tecnologías usadas en su estudio. Hoy sabemos que hay 5 zonas decoradas dentro de la cueva. En ellas se han documentado 22 paneles de roca con pinturas.
Las decoraciones están repartidas de forma desigual entre las distintas salas. En la Sala Grande hay un panel con grabados, es decir, líneas marcadas en la roca. El resto de decoraciones son pinturas hechas con color rojo de ocre, un pigmento natural, y también se han encontrado algunos dibujos en color negro.
Son comunes las marcas de dedos y las manchas de color extendidas con la mano. También se pintó soplando el color con la boca, como un aerógrafo muy simple -a veces se soplaba directamente y otras veces se usaban tubos hechos con huesos de ave-.

En la cueva casi no hay dibujos de animales y solo se ha encontrado la figura de una cabeza de caballo con su cuello y el dibujo de un bóvido, es decir, un animal como un toro o un bisonte, pero sin cabeza. Este último fue publicado en los años 70, aunque, según los actuales estudios científicos, puede que no represente realmente lo que parece.
Y es que, antes se pensaba que representaba un bóvido, es decir, un animal como un toro o un bisonte, pero gracias a nuevas revisiones con técnicas digitales se cree que en realidad no es ese animal. Por eso, es posible que pronto deje de usarse el nombre de Cueva del Toro y vuelva el nombre original: Cueva del Calamorro.
Arte en la Cueva del Toro
Los dibujos de la Cueva del Toro son muy simples y poco realistas. Se trata de un arte conceptual, muy antiguo, que seguramente estaba más relacionado con la forma de usar y apropiarse de la cueva que con decorar sus paredes con animales.
También es posible que estas personas no pudieran dibujar animales o personas porque fuera un tabú, es decir, algo prohibido por sus creencias, como ocurre todavía hoy en algunas religiones.
Lo importante era tocar la cueva, marcarla y hacerla suya. Por eso, desde la entrada hasta el fondo, aparecen puntos, manchas y marcas rojas en muchas superficies.
Estas marcas están tanto en las formaciones de piedra que cuelgan o suben del suelo como en los relieves de la roca. Todo esto muestra que había un interés en marcar la forma y los espacios de la cueva benalmadense.
Se cree que las pinturas de la Cueva del Toro son muy antiguas y que podrían tener la misma edad que las de la cueva de Ardales, en Málaga, o las de Maltravieso, en Cáceres, y La Pasiega, en Cantabria.




Los estudios recientes muestran que este tipo de cuevas y pinturas son muy importantes para entender el origen del arte rupestre en Europa y en la Península Ibérica.
En la cueva hay unas 20 paredes con pinturas. Gracias a ellas, la Cueva del Toro forma parte del debate sobre las primeras fechas del arte paleolítico en la península. Se piensa que algunas de sus pinturas podrían tener unos 65.000 años y esto abre la posibilidad de que fueran los neandertales, y no los humanos modernos, los primeros artistas.
También hay una pintura más reciente, hecha por un humano moderno. Es la cabeza de un caballo con otras figuras asociadas. Todo esto demuestra que la Cueva del Toro tiene un gran valor y todavía guarda secretos. Es por ello, que los arqueólogos siguen investigando para acercar su historia a la ciencia y al patrimonio del siglo XXI.
